Si los méritos de Cristo en la Cruz son infinitos, ¿qué tribulaciones faltan para cubrir su Pasión? Esta es una cuestión debatida durante siglos en la Iglesia que, no es otra cosa, sino preguntarnos cómo coopera el ser humano a la gracia divina. Es decir, ¿cómo ejerzo mi libertad en el plan de salvación de Dios?
San Pablo, en la lectura de hoy, no se formula semejante cuestión, sino que se adelanta diciendo que “completo lo que falta a las tribulaciones de Cristo en mi carne, en favor de su cuerpo, que es la Iglesia…”.
También San Agustín decía: “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”. Es decir, no somos meros instrumentos que obedecen mecánicamente a una serie de órdenes de manera instintiva. Por el contrario, Dios cuenta con el ejercicio de nuestra libertad, y es en el día a día de nuestra existencia donde hemos de descubrir la manera de colaborar con Él en su obra creadora.
El misterio de la muerte de Cristo en la Cruz es un misterio de amor. Por ello, el Apóstol de los gentiles habla de cubrir en su cuerpo lo que falta a la Pasión de Jesús, es decir, lo que realmente falta es nuestra correspondencia en el Amor.
A los hombres y mujeres de hoy les escandaliza la cruz. No entendemos por qué un Dios bueno y misericordioso permite el sufrimiento en el mundo. Sin embargo, ese mismo Dios no ahorró ningún dolor para su propio Hijo.
Todos, ¡absolutamente todos!: ricos y pobres, sanos y enfermos, jóvenes y ancianos… Todos pasamos inexorablemente, en algún momento de nuestra vida (o en muchos), por el sufrimiento (físico o moral). Nuestra condición de seres limitados nos ha de llevar a considerar que sólo desde el abandono en la misericordia de Dios, es decir, aceptando nuestra pobre condición, alcanzaremos la sabiduría de la Cruz, que sigue siendo escándalo para tantos.
Una contradicción, una enfermedad, una crítica o una incomprensión recibida… Todo sirve para identificarnos con los mismos sentimientos de Cristo Jesús, correspondiendo en ese mismo amor que hemos recibido de Él.
No seamos como los fariseos del Evangelio que intentan acomodar a Dios a sus exigencias, sino que vivamos con la libertad de quien se siente querido y salvado… Lo que es necedad par el mundo, es sabiduría para Dios.