De Nazaret al Calvario

Escrito por Comentarista 7 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

A San Juan Pablo II le gustaba definir a la Virgen María como la Peregrina de la Fe. Así la definió en su encíclica Redemptoris Mater y así la llamaba en muchas de sus alocuciones. María peregrinó. Es decir, María no lo tuvo todo claro desde el principio. La voluntad de Dios se le fue manifestando progresivamente.

Podríamos decir que la peregrinación de María tiene dos hitos importantes: Nazaret y el Calvario. Son sus dos anunciaciones. En el pequeño pueblo de Galilea, en Nazaret, María recibe por medio del ángel Gabriel el anuncio de que va a ser Madre de Jesús, Madre de Dios. Sin embargo, en el Monte Calvario recibe otra anunciación. Esta vez no es un ángel sino el mismo Jesús. Recibe ahora el anuncio de que va a ser Madre de la Iglesia.

La peregrinación de la fe de María consistió en aprender a ser Madre de la Iglesia, Madre nuestra, comenzando por ser Madre de Jesús.

En medio de esta peregrinación entendemos el pasaje del evangelio de Hoy. Parece un reproche a María pero no es así. Forma parte de la pedagogía de Jesús con su Madre. Jesús le está enseñando a ser Madre no solo de la cabeza, de Jesús, sino también del cuerpo, de la Iglesia.

Jesús está formando una nueva familia y de ella será también madre su Madre. Para formar parte de la familia de Jesús hay que escuchar su palabra y ponerla por obra. Escucha y acción. He aquí las dos tareas básicas del cristiano que podrían traducirse en obediencia y amor.

Precisamente estas dos actitudes serán las que el mismo Jesús en otro pasaje evangélico destacará de su Madre. Cuando aquella mujer se acercó a Jesús para decirle “Bendito el vientre que te llevó y los pechos que te criaron”, Jesús respondió: “Mejor di dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”. Esta es María, la que escucha y cumple. Por eso no sólo es madre de Jesús sino también es Madre Nuestra.

María en su Maternidad peregrinó en la fe y fue en medio de esta peregrinación donde descubrimos y alabamos el don de su fe. Así lo vio su prima al regalarnos la bienaventuranza de María: Bienaventurada tú que has creído.

María es dichosa no sólo por ser la Madre de Jesús sino porque creyó en Él. Esta fe la hizo más fecunda todavía y la llevó a convertirse en Madre de la Iglesia al pie de la Cruz. Como decían los santos Padres, del mismo modo que del costado de Adán dormido en el árbol Dios creó a Eva del costado del nuevo Adán dormido en el árbol de la Cruz Dios creó a la Iglesia. Y allí estaba María para darla a luz.

Acojamos a María como Madre a ejemplo de San Juan y vivamos como hijos suyos aprendiendo de ella a escuchar la Palabra de Dios y a ponerla por obra.

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