Jesús es muy claro en responder al escriba acerca de cuál es el primer mandamiento. No es de primeras, haz esto o lo otro, sino “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todo tu ser. El segundo es  éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que éstos.

Jesús es preguntado por uno, por el primero, pero Él une el primero y el segundo, y su punto de partida es que ESCUCHEMOS, que descubramos, que reconozcamos que nuestro Dios es el único Señor.
Como nos recordaba el Papa Francisco, “Dios no tiene simplemente el deseo o la capacidad de amar; Dios es caridad; la caridad es su esencia, su naturaleza” (Discurso del 26-02-016).
Por eso, en su Nombre, con su Gracia y con su Fuerza, sólo podemos vivir con Él amando como Él ama a cada hermano. Como nos recuerda la Palabra de Dios en la Primera Carta de San Juan, “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la Vida porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte (1 Jn 3,14-15) y más adelante “Quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1 Jn 4,20b). Que el Señor nos conceda la gracia de vivir el Mandamiento del Amor  como Jesús lo vivió y enseñó: uniendo en uno el Amor a Dios y el mismo Amor suyo a los hermanos.