¿Es el cristiano amado o rechazado?

En la historia ha sido amado por su misericordia y por sus obras de caridad. Por ejemplo,  Cáritas o la labor misionera de la Iglesia es aplaudida y respetada por la sociedad. Sin embargo, el cristiano ha sido rechazado por su pretensión. Por una afirmación tan pretenciosa y “aparentemente prepotente” que ha resultado casi siempre “necedad o locura”: un hombre conocido (llamado Jesús) era Dios. El Dios creador se ha hecho hombre.

A San Pablo le metieron en la carcel por un “difunto que él dice que está vivo”. ¿Qué afirmación es ésta? Imagínate.

Cuando estaba el sanedrín juzgando a Jesús, al no encontrar una acusación firme para ajusticiarle, llegaron a preguntarle: ¿pero eres tú el Hijo de Dios vivo? Tú lo dices -respondía Jesús-. Caifás así encontró el motivo para matarle: ¡Qué blasfemia! ¡Un hombre que se hace Dios! ¡Un finito que se cree infinito, un mortal que se afirma inmortal, un creador que se ha hecho creatura!

Hoy en Irak, en Egipto, en Siria,… se está persiguiendo cristianos, asesinando cristianos, porque no quieren someterse a otra verdad que no sea la de seguir afirmando que Jesús es el único Señor de la historia. Los cristianos no son adversarios de guerra, no son políticos opositores, no son milicianos de armas. Desde adolescentes a a ancianos, muchos son denigrados por decir que aman a Jesús con todo su corazón. Ellos están diciendo, como Pedro en el evangelio de hoy: “Jesús, tú sabes que te quiero”. Con infidelidades y pecados, pero en medio de la persecución se lo están diciendo con toda su razón, voluntad y sentimiento…, a pesar del miedo.

Si hoy, como a Pedro, Cristo vivo te pregunta: “y tú,.. ¿me amas? ¿Estarías dispuesto a dar la cara por mí?”. En medio de tu familia que no te comprende, o de tus compañeros de trabajo siempre criticando a la Iglesia, o incluso de tus amigos más cercanos, a veces intransigentes con tu práctica religiosa, …”¿me amas?” -dice Jesús. “¿Soy para tí el Hijo de Dios vivo? ¿Soy para tí el muerto que está vivo? ¿Soy para tí el Señor de la historia, camino, verdad y vida?”

Te lo va a preguntar a lo largo de tu vida no una, ni dos, ni tres -como a Pedro hoy-, sino cientos de miles de veces. Y en todas ellas puedes responder… “Sí Señor, tu sabes que te quiero”. Y lo puedes hacer no sólo con tu oración, sino también con tus gestos, tus palabras, con tu sonrisa, tu ternura, o con tu amor y perdón a los demás. ¿Se lo decimos?