«En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?». Jesús les contesta: «¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras el novio está con ellos, no pueden ayunar. Llegarán días en que les arrebatarán al novio, y entonces ayunarán en aquel día. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto -lo nuevo de lo viejo- y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos».

Dios es una realidad personal y dinámica. Se revela como Luz del mundo acompañando la historia humana y revelándose según la capacidad humana de acoger la manifestación divina. La historia de la revelación nos muestra cómo Dios se va adaptando a nuestra capacidad de acogerlo y entenderlo. Somos nosotros los que continuamente queremos que Dios quepa en nuestras definiciones, en nuestras explicaciones y en nuestros dogmas. Somos un tanto pretenciosos cuando nos empeñamos en empalabrar a Dios en definiciones y declaraciones doctrinales. Un niño no puede meter el agua del océano en un cubo de agua. Nuestra mente tampoco es capaz de agotar y de comprender a Dios. Por eso Jesús quiere activar en sus discípulos la capacidad de no quedarnos atrapados en las imágenes del pasado, y descubrirle de forma renovada cada día, como la primera vez.

Dios no puede caber en odres viejos. Y hay una vivencia de la fe que ve sospechoso todo lo que suena a progreso, a cambio a evolución. Entienden la palabra “tradición” como inmovilismo, como poder fijar la acción del Espíritu con criterios humanos. El término «indietrismo», acuñado por Francisco, se refiere a una actitud de regresión o atraso ideológico, que implica un movimiento hacia el pasado bajo la apariencia de tradición, rechazando la evolución vital de la Iglesia o sociedad. Se utiliza para describir la resistencia a los cambios y la nostalgia por prácticas pasadas, considerándolo una «enfermedad nostálgica» que frena el avance. Los que le preguntan a Jesús en el evangelio de hoy es una muestra clara de indietrismo. Comparan a Jesús y a sus discípulos con los de Juan el Bautista. Y Jesús con sencillez les responde que él vive en modo “banquete”. ¿Cómo voy a ayunar si vivo en ambiente de boda, de Reino, de presencia salvadora de Dios? En la vida hay de todo, sonrisas y lágrimas, tesoro y barro, trigo y cizaña, pero si Dios está con nosotros nace la alegría.

Vivamos este inicio del año con la seguridad de quien se reconoce acompañado por el vino nuevo del Reino, que nos hace vivir con la alegría contagiosa de quien sabe que Dios es capaz de hacer nuevas todas las cosas. Nos regala a diario su Palabra y su luz que lo ilumina todo como una historia de salvación y nos capacita para renovar y esperanzar las vidas de las personas que más sufren cerca de nosotros.