Este verano tuvimos un problema con los jabalíes. Hace un tiempo venían ocasionalmente, como ahora hay mucho más venían todos los días y hozando levantaban el césped del jardín de la parroquia. Tres veces tuvimos que plantar el césped de la parroquia este año y cuando comenzaba a crecer venían los muy cerdos y lo levantaban todo. Al final hemos acabado vallando todo el jardín…, a ver el verano que viene. Pero todo esto es para decir que nos hemo s convertido en expertos sembradores de césped. Cuanta semilla echar, como cubrirla y el riego debido. Y cuando ves salir cada brizna de hierba te llenas de gran alegría.

“Escuchad: salió el sembrador a sembrar”

El sembrador siembra a voleo. No coloca cada semilla en el mejor o peor lugar. Espera que todas crezcan, aunque luego las circunstancias sean las que sean. Las circunstancias se pueden cambiar, puede entrar un jabalí o caerle encima el mejor trozo de estiércol y crecer más fuerte, pero la semilla sigue siendo la misma.

En ti y en mi ha caído esa semilla de la Palabra de Dios, si no, no estarías leyendo esto. Te puede parecer que mañana va a venir -como todos los días-, el jabalí y la va a arrancar de raíz. Pues tendrás que poner vallas contra aquellas cosas que dejan entrar a los cerdos. Cada uno sabrá que vallas tiene que poner. Te parecerá que tarda mucho en crecer, pues reaviva tu esperanza y no tus nervios. Te parecerá que hoy ha sido un buen día, pero mañana regresa la rutina de los días muy ocupados sin tiempo para nada, pues reorganiza tus tiempos y prioridades. O tal vez veas brotar esa semilla, pequeñita, no parece nada, pero sabes que seguirá creciendo hasta cubrir el prado.

Cada semilla vale. Dios no ha dado unas palabras a unos y otra mejor a otros. Nos ha dado su Palabra, que es Jesucristo, a todos igual. Y nos toca ser la mejor tierra posible. Habrá que poner vallas contra los enemigos, poner paz en el alma, repensar tus ocupaciones…, pero al final la semilla brota.

Santo Tomás de Aquino preparó su inteligencia y su sentimiento y dejó crecer la Palabra de Dios. María dejó que Dios la preparase y dio el mejor Fruto. Tú has recibido la misma semilla.