Parece difícil que la sal se vuelva sosa y es una tontería esconder una luz encendida pero si el Señor lo dice será por algo y es dejar muy claro lo que quiere decir. Nosotros estamos acostumbrados a un discurso lógico, argumentativo pero el Señor usa imágenes fuertes para dejar clara una idea (acordémonos de atar al cuello ruedas de molino, sacarse el ojo o cortarse un brazo, odiar al padre y a la madre, etc).
Aquí no cabe duda, el cristiano a veces se vuelve soso, no se distingue, se disuelve sin dar sabor y se corrompe con la masa. También a veces se oculta. No se apaga, por que no se puede apagar, el bautismo imprime carácter, pero se esconde.
Jesús no dice «tenéis que ser luz, tenéis que ser sal» sino «sois»; vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo. Y que nadie se venga arriba, esto no nos hace especiales ni mejores a nadie. Somos luz reflejada, no somos fuente de luz, nuestra luz no es propia, es reflejo de Cristo. Pero somos sal y somos luz.
En una habitación completamente a oscuras basta un pequeño punto de luz, una cerilla encendida, para romper la oscuridad, para que ya no sea una habitación a oscuras. Un pellizco de sal convierte un arroz con cosas en una sabrosa paella. El mundo no está a oscuras por que está la Iglesia y no se corrompe del todo por que hay cristianos. En una reunión de amigos, en un lugar de trabajo, en una comunidad de vecinos habrá luz si estás tú. En tu familia no faltarán el amor, la alegría, la esperanza, el perdón, todas esas cosas que hacen que una familia no se convierta en una pensión, un asilo o un cuartel, si estás tú.