“Habéis oído que se dijo no matarás… pero yo os digo: todo el que se dejar llevar de la cólera contra su hermano será procesado”. Esta expresión del Señor viene a dar plenitud a los mandamientos. Se puede hacer mucho daño con la palabra: difamaciones, calumnias, humillaciones… no únicamente quitar la vida. Nos puede ayudar en ese camino de conversión que estamos procurando en este tiempo de Cuaresma, la propuesta que nos hace el Papa en el Mensaje para la Cuaresma de este año, de “una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas”.

Con el salmo responsorial de hoy nos abandonamos al perdón de Dios: “Si llevas cuenta de los delitos, Señor ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón”. Y el Señor nos invita perdonarnos entre nosotros: “si tu hermano tiene quejas contra ti… vete primero a reconciliarte con tu hermano”. Cuando vivimos sin perdón, las relaciones estarán presididas por la violencia del recurso a la venganza. “Cuando en un ambiente social no se perdona, el agredido libera su ira y mitiga su dolor mediante la devolución del daño recibido. Y la experiencia dice que estas dinámicas originan una espiral interminable de agresiones y de violencia. Frente a la libertad que supone el hecho de perdonar” (Francisco Javier Schlatter Navarro, “Heridas en el corazón”). Siguiendo el ejemplo del Señor tenemos que aprender a ser generosos en el perdón, superando a la justicia con la caridad. “Vete primero a reconciliarte con tu hermano”

Quien no perdona no tiene paz en el alma ni comunión con Dios. Guardar el dolor en el corazón es un gesto autodestructivo. Hemos de aprender de la justicia divina, que busca el bien y lo crea a través del perdón que transforma al pecador. Es una justicia perfeccionada por la caridad y la misericordia. “Mientras te atengas sólo a una «justa» correspondencia, no saldrás de la injusticia. Mientras te quedes en la maraña de injusticia y venganza, acción y reacción, ataque y defensa, te verás siempre abocado a la injusticia, pues la pasión sobrepasa necesariamente la medida; y eso, al margen de que la pretensión de venganza significa ya de por sí una injusticia, porque supera la medida del hombre. El que quiere vengarse, jamás produce justicia. Tan pronto como uno comienza a defenderse contra la injusticia, despierta el odio en el propio corazón, y el resultado es una nueva injusticia” (Guardini, Romano. “El Señor. Meditaciones sobre la persona y la vida de Jesucristo).

María es Madre de Dios que perdona, que da el perdón, y por eso podemos decir que es Madre del perdón. A Ella acudimos para que nos muestre siempre el camino del perdón.