Comienza la semana de la octava de Pascua, con bastante cansancio tras los días del Triduo en la parroquia, pero con una bendita orden del Señor: Alegraos.
La alegría de la Pascua nace de Cristo resucitado, no proviene de mi estado anímico o de mis circunstancias personales o las del mundo. Es una alegría que conozco por su nombre: Jesús. Tal vez el mundo se esté yendo al garete, o mi situación actual no sea la mejor del mundo…, pero eso no calla la última palabra que será la de Jesucristo sobre mi vida y sobre el mundo.

Siempre estarán los que quieren “robar el cuerpo”, los que te dirán que lo importante es la vida de ahora – que lo es-, siempre que sepa que tiene un destino de gloria. Si mi vida no es un “ ir a ver a  Cristo”, es decir, si el destino de mi vida no es la Vida, entonces nos vamos convirtiendo en un cadáver. Pero conocemos al que es la Vida, que triunfante se levanta, y no queremos dejar de estar con El.
De la mano de María llegaremos a la Vida. alégrate