Tercer día de Pascua. Tengo que reconocer que en ocasiones me siento más inhumano, pero tremendamente realista. Hablar de la resurrección no es fácil. A mí se me han muerto mis padres, dos hermanos, todos mis tíos y tías (sólo me queda una que es una héroe), primos menores que yo, algunos mayores ( es lo que tiene ser familia numerosa y ser de los pequeños), chavales que han vivido conmigo por causa de la droga o la poca cabeza, feligreses de toda edad y condición, de los que están en un tanatorio hasta arriba…, o los que sólo acompañas a uno de los padres, incluso enterrar a alguien que no se sabía ni el nombre…, comprendo que la muerte es muy dura, pero hablo de la resurrección. Sería difícil de llevar si no te preguntas ¿Por qué lloras?
Ellos le preguntan:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella les contesta:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?».
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice:
«¡María!».
Ella se vuelve y le dice:
«¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».
Jesús le dice:
«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro»».
Jesús sube al Padre para ser juez de vivos y muertos, no lo soy yo. Pongo en sus manos el juicio y el derroche de su misericordia. Y si no lo hago con la gente que quiero tampoco con la que me ha caído algo peor o a lo mejor ha estado a mi lado y no he conocido. Ayer hablaba con un feligrés y amigo que el mes que viene hace un año que falleció su mujer, no es un jovenzuelo, aunque lo parezca, pero tiene más de 80 años. Quiere dejar de llorar, pero esas lagrimas son buenas, son de cariño, son las lágrimas que, si Dios quiere, volverá a tener al ver a su mujer en el cielo. Pero no podemos llora diciendo: “Lo he perdido”. Se queda en manos de Dios y no deja que ninguno de los suyos se pierda
No llores ante la muerte si no es por amor, por esperar el próximo encuentro y sean lágrimas de alegría. La Pascua es alegría, pero pasa por la cruz.
Aunque hoy me alargue déjame que te ponga la traducción del poema de la Virgen al pie de la Cruz:
La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía;
cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.
¡Oh cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.
Y cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
Y quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?
Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.
¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.
Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.
Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo;
porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.
¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea;
porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.
Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio;
porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.
Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén;
porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria.
Amén.
Así es.