La liturgia de este domingo de agosto nos invita a confrontarnos desde la Palabra de Dios con un tema que siempre está de actualidad, por más que pasen los siglos: ¿cómo nos relacionamos con los otros, con los que son diferentes?
Somos conscientes de que en el núcleo del mensaje de Jesús está la llamada a sentirnos hermanos unos de otros, y a actuar en consecuencia desde el amor, corazón de la identidad cristiana… Pero lo cierto es que seguimos levantando barreras, buscando lo que nos separa en lugar de lo que nos une, señalando en el otro sus diferencias.
Como si en el corazón del ser humano hubiese un instinto de división, un miedo a aceptar al que es distinto, una cierta incapacidad para mirarnos desde el respeto, el diálogo y la fraternidad. Se nos invita hoy a superar la división entre «los de dentro» y «los de fuera», porque para Dios nadie queda excluido de su misericordia. La elección del pueblo de Israel no era un privilegio para cerrar las puertas, sino una misión al servicio de la salvación de todos. Isaías anuncia que también los extranjeros, los que estaban lejos, están llamados a participar de la vida de Dios. San Pablo nos recuerda que todos necesitamos la misericordia y que nadie puede sentirse definitivamente dentro ni considerar a otros definitivamente fuera. En el Evangelio, la mujer cananea nos enseña que la fe auténtica sabe perseverar incluso cuando parece que Dios guarda silencio. Su humildad y su confianza abren el camino a la acción salvadora de Jesús. Así descubrimos que la fe derriba fronteras, supera prejuicios y ensancha el corazón. Dios no quiere una comunidad cerrada, sino un pueblo abierto, capaz de acoger a todos. La misericordia que hemos recibido nos compromete a ofrecerla también a quienes se encuentran en los márgenes. Porque, ante Dios, todos somos necesitados de gracia y todos estamos llamados a sentarnos a la misma mesa.
Que el encuentro con el Dios de Jesús, que hoy se nos vuelve a revelar, abra nuestros corazones y nos haga sentir, en verdad y con implicaciones reales, que todos somos hermanos.