Poco a poco van volviendo los feligreses de sus vacaciones, yo por eso no me voy, para no tener que volver. Para muchos han sido unos buenos días, de descanso, cambiar de sitio y de rutina…, pero nada más llegar ya empiezan a preocuparse de la vuelta al cole de los hijos, de la situación del trabajo, en definitiva…, volver a lo de antes. Pocos he conocido que regresen con un cambio de vida que ponga un antes o un después. No digo ni tan siquiera temas del alma, sino que te digan: “He redescubierto a mi esposa” “Me he dado cuenta de la grandeza de mis padres o de mis hijos” “Mi suegra es un encanto” “Me he asombrado de la creación de Dios”. Simplemente pasan página y se sigue a lo de antes.
En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dijo:
«Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret».
Natanael le replicó:
«¿De Nazaret puede salir algo bueno?».
Felipe le contestó:
«Ven y verás».
Y fue, vio y escuchó.
«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Y su vida pegó un vuelco inesperado. Pensando que de Nazaret no podía salir nada bueno, su vida cambia hasta entregarla por Cristo.
Esa es la vida del cristiano. No una experiencia que nos dura un tiempo, sino un cambio de toda la vida que ya no es nuestra, sino del que ha sido siempre: de Dios. «Mira, te mostraré la novia, la esposa del Cordero». La cabeza de la Iglesia es Cristo y ella nos lleva hasta Él para darnos en amor por Él.
¿Cómo sucede esto? Te pongo un ejemplo: Si quieres a tus padres (espero que sí, aunque ya te estén esperando en el cielo) y miras tu vida con objetividad. ¿Desde cuando quieres a tus padres? ¿Desde el día que te compararon ese juguete -que ya no te acuerdas muy bien cual era-, del que te habías encaprichado y te parecieron que eran los padres mejores del mundo? ¿O desde el día que maduraste y te diste cuenta de que eras fruto de su amor, su generosidad, su gratuidad, sus desvelos y entregaron su vida por ti?
«Ven y verás».
Madura, y recuerda que eres un regalo de Dios, que en tu bautizo Dios te recreó como hijo suyo, que estás en su corazón ¿Qué más experiencias quieres o exiges?
Que nuestra Madre del cielo nos ayude a decir con Natanael: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Has de ver cosas mayores.