He estado tentado de copiar y pegar el sermón 93 de San Agustín -ya que es su día-, que habla sobre esta parábola, peor son siete páginas y he tenido misericordia de vosotros. Me basaré en él, pero por si alguno quiere leerlo entero -vale la pena-, os dejo el enlace aquí.

El reino de los cielos se parece a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron a encuentro del esposo.

Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.

Estas diez vírgenes son toda la humanidad, allí estamos tu y yo. ¿Y cómo distinguir las necias de las prudentes? Pues San Agustín se lo responde: “¿Cómo vemos quiénes son sabias y quiénes necias? ¿Cómo discernir las unas de las otras? Por el aceite. El aceite significa algo grande, realmente grande. ¿No es, acaso, la caridad? No afirmo, pregunto; no hago una afirmación precipitada. Os diré por qué me parece a mí que en el aceite está significada la caridad. Dice el Apóstol: Os muestro un camino aún más elevado. ¿Cuál es ese camino más elevado que muestra? Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o como címbalo que retiñe. Este es el camino más elevado, es decir, la caridad, que con razón se halla significada en el aceite. El aceite se coloca siempre por encima de todos los demás líquidos. Vierte un poco de agua y echa encima aceite; este queda encima. Echa aceite, vierte agua encima, y el aceite sube a la superficie. Si sigues el orden natural, el aceite queda arriba; si lo cambias, él queda igualmente arriba. La caridad nunca cae”

El aceite es el amor de Dios, las necias llevaron las alabanzas humanas. Y llega el sueño a todas, el sueño de la muerte (también las sensatas se mueren, dice San Agustín), y entonces se oye una voz: “¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”. Es el día del juicio y se disponen al juicio de Dios según sus obras. Las sabias llevan el aceite como un don de Dios y han querido en su vida agradar a Dios. Las necias llevaban el aceite de la alabanza de los hombres, sus acciones buenas eran “para ser juzgados por los hombres” y después de la muerte la alcuza está vacía. Las sabias no pueden compartir el don de Dios pues no saben el resultado de su juicio, las necias intentan comprarlo en la estima de los hombres…, pero después de la muerta esta ya no existe. Y al intentar entrar en el Reino Eterno escucharán esas terribles palabras: «En verdad os digo que no os conozco».

Por tanto ¿Quieres ser virgen necia o prudente? Si buscas el aplauso de los hombres, si los reparos humanos te llevan a actuar de una manera o de otra, se te acabará el aceite, por mucho que parezca que tus obras han brillado muchísimo y te escriban una extensa y laudatoria necrológica. Entonces serás una virgen necia.

Si buscas hacerlo todo parala gloria de Dios, implorando su misericordia y su gracia, haciéndolo todo por la caridad de Dios, entonces, aunque parezca que tu luz no brilla entre los hombres brillará en el banquete de bodas para la eternidad. Entonces serás una virgen prudente.

Mira a aquella Virgen sensata, humilde, pobre, que parecía que no brillaba en Nazaret y ahora es la estrella de los mares. No te separes de ella para entrar a las bodas del Cordero.