¡Qué manía de poner la cruz en todas partes! Me acuerdo de una parroquia, era todavía el siglo pasado, que en una parroquia cambiaron la cruz de la capilla por un resucitado. Se organizó una oración para su inauguración, y como eran los tiempos presinodales, en las oraciones hablaba todo el mundo y una mujer se arrancó y dijo: “Qué lástima ver este Cristo sin cruz. No te preocupes que nosotros te pondremos en la cruz, clavado con los clavos de nuestra devoción” Recién resucitado y ya quería volverlo a enclavar.  Y es que la cruz es la señal del cristiano, está en la entraña de nuestra fe…, después vendrá la resurrección. Pero ¿No sería mejor un cristianismo sin cruz?

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:

«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».

¡Qué razón tiene Pedro! Jesús vino a traer la paz, la alegría, la esperanza, el bullicio, la camaradería, el todo vale si amas, el jolgorio y la fiesta.

Comprendo que la ironía no se entiende ni en la radio ni en los comentarios, pero comprenderéis que lo que he dicho hasta ahora es completamente absurdo.

«¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

No puede ser más claro Jesús en su respuesta. Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.

Sin embargo, la cruz, escándalo para los judíos y necedad para los paganos, sigue siendo piedra de escándalo y algunos quieren desvirtuarla y si pudiesen erradicarla. Lo importante en la vida es bailar y dejarse de historias, tener momentos espirituales hiper frikis, saber que todo es alegría y sonreír continuamente porque nos lo pasamos genial. Os vamos a mostrar a un Cristo sin cruz, como Pablo en el areópago, para que si vienen las debilidades y dificultades te apartes de mí, que no tienes derecho a amargarme la vida. Al final ese Cristo no resucita, porque no pasa por la cruz y me tengo que aferrar al ahora porque no creo en la eternidad. Así son algunos tipos de espiritualidad hoy en día. Yo soy de Jesús peo sin cruz, y si quito la cruz también tengo que quitar el pecado, haz lo que te haga feliz y entonces así está bien.

Pero el Hijo del hombre volverá, y traerá en sus manos y sus pies y en su costado las marcas del crucificado. Si no te encuentras con Cristo en el pobre, el enfermo, el desnudo, el sediento, el hambriento… o cuando a ti te pasen todas esas cosas, es que no conoces a Cristo.

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; has sido más fuerte que yo y me has podido. Lo débil de Dios es más fuerte que lo más fuerte de los hombres, y cuando miramos al crucificado descubrimos la fortaleza de Dios que carga con todos nuestros pecados. No quieras ganar el mundo, el aplauso del mundo, si pierdes tu alma. Acércate a la cruz,  que está en la entraña del mundo y de tu vida, no la huyas, y junto a María al pie de la Cruz podrás dar el paso a la resurrección, no antes.