Nos acompañarán esta semana las venturas y desventuras del bueno de Job. En este drama recogido en la Sagrada Escritura, quizá el más conocido de todos, tres van a ser los principales personajes: Dios, el diablo y, como nexo de unión entre los dos, Job.

La existencia y la lucha entre el bien y el mal, el misterio de la Providencia divina, la prueba y la tentación del maligno, el don de la libertad, el amor hasta el extremo… Podríamos decir que este libro encierra cuestiones y preguntas de un calado inmenso que tarde o temprano todos acabamos preguntándonos y tenemos necesidad de responder adecuadamente.

Primer dato importane: la Providencia divina. En esencia, el libro enseña cómo todo bien proviene de Dios. La cuestión es confundir el concepto del bien identificándolo sin más con aquello que nos resulta agradable y placentero: la salud, la riqueza, la estabilidad o, como aparece hoy en el evangelio, el reconocimiento y la fama. La enseñanza del libro de Job es, a este respecto, muy necesaria para nosotros.

Segundo dato importante: las maquinaciones del maligno. En el fondo es el repelente chivato que no para de quejarse y, como es un pobre infeliz, su tarea no es otra sino la de hacer que todo a su alrededor sea infelicidad. Así de triste es la vida del diablo: como él no tiene, quiere que nosotros tampoco tengamos.

Tercer dato importante: el corazón noble de Job, ejemplo de creyente que vive con la certeza de ser hijo de Dios, e ilumina los sucesos de su vida cimentándolos no en sí mismo, sino en Aquél de quien lo ha recibido todo. Esa fe en el Señor, acrisolada por el embate de las tempestades, testimonia el camino a seguir para que en nuestras vidas nunca entre la falta de confianza en que Dios no nos deja de su mano, aunque permita innumerables calamidades.

Bueyes y mulas, ovejas y pastores, camellos y mozos, hijos e hijas… La primera tentación hace referencia a sus posesiones exteriores y al don más precioso que Dios da, que son los hijos. La respuesta de Job a estas calamidades es conocida por todos. Y una buena oración cuando alguna de esas circunstancias nos visite a cada uno…