Marta intenta llamar el interés del Señor porque tiene un deseo sincero de estar con Él. Veamos entonces por qué el Señor tiene que llamarle la atención.
Marta quiere servir a Jesús. De ahí que se disponga a prepararlo todo. Su trabajo tiene como finalidad acoger debidamente a un huésped muy querido. Es Marta quien lo recibe en su casa. María se beneficia de ese hecho, pero si el Señor está ahí es porque Marta le ha abierto la puerta y le ha dejado entrar.
Pero Marta, que tiene al Señor junto a sí, en seguida se pone a hacer otras cosas. Me encanta como está traducido este fragmento al castellano. Dice: “Marta se multiplicaba para dar abasto”. Es decir, se escindía, se fragmentaba, perdía la unidad de vida y Jesús que estaba allí, en su casa, va quedando en un segundo plano.
De todas maneras hay un momento en que ya no puede más. Ella misma queda superada por su actividad y se da cuenta de que necesita descansar en el Señor. Pero formula su petición de una manera errónea. En vez de decir: “quiero descansar como María”, lo que hace es pedir que María se canse como ella. Porque claro, querer trabajar para el Señor sin recibir la fuerza de Él es una temeridad y un absurdo que al final nos deja totalmente agotados. Es ese trabajo que no da ningún fruto y que sólo deja el mal sabor de boca de la obra incompleta.
Jesús le responde de una forma clara: “Tú no necesitas a tu hermana, me necesitas a mí”. Las cosas no dejan de salir porque los demás no colaboren, ni nuestra vida depende del apoyo de los demás. Para que progresemos espiritualmente necesitamos del Señor: Él es nuestro apoyo y nuestra fortaleza. Allí Marta se fiaba de otro hombre y Jesús le enseñó a poner los ojos en Dios. Cada día, cuando la actividad nos absorba; no juzguemos a los que nos parece que no hacen nada … pensemos que están descansando en Jesús.
Que la Virgen María, Madre del Verbo Encarnado, nos ayude a poner nuestro corazón y toda nuestra vida a los pies del Señor.