Jesús pregunta a las autoridades religiosas de su época: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla?». La pregunta de Jesús nos responsabiliza a la hora de entender los mandamientos de la Ley de Dios. Porque Dios se nos da a conocer, se revela, a través de nuestras comprensiones humanas. Y a veces la lentitud y los límites propios de la condición humana, dificulta y ralentiza con gravedad la comprensión de la esencia y del Ser de Dios. En nombre de Dios se han cometido muchas atrocidades y abusos de poder. No porque Dios lo consienta, sino porque los hombres y las instituciones nos hemos apropiado de la imagen de Dios que ofrece cada tradición religiosa.

¿Qué mandamiento tiene más prioridad? ¿El del amor o el de guardar el sábado? La respuesta de Jesús es clarísima: «Con nadie tengáis otra deuda que no sea la del amor». Necesitamos reconocer que lo que Dios nos pide no es una fría aplicación de una norma. Vivir el cristianismo no es rellenar un formulario, es aplicar todo lo que somos, mente, corazón, cuerpo, fuerzas, autoimplicadas al servicio de los demás. Y a veces cuesta entender lo que decía san Pablo: «La letra mata, es el Espíritu el que da vida» (2Cor3,6). Es muy fácil volvernos jueces del comportamiento de los demás, y eso incluye su dimensión religiosa. Servir al Señor y ser un buen creyente no se puede medir. No podemos convertirnos en censores de la vida de los demás. Los hombres vemos las apariencias y es Dios el único que ve el corazón.

Por eso Jesús centra su respuesta amorosa a Dios en la atención y el cuidado cariñoso a los necesitados. En el evangelio de hoy enfermo de hidropesía. La hidropesía es la acumulación anormal de líquido seroso en los tejidos o en las cavidades del cuerpo, también conocida como edema. No es una enfermedad propia, sino un síntoma o signo de alerta de un problema interno. El corazón no bombea bien y retiene líquidos. Los riñones fallan al filtrar la sangre y eliminar el exceso de agua y sodio. Jesús es incapaz de pasar de largo. Se implica, sana, empatiza y nos enseña que es el amor el signo más grande de credibilidad. El amor no mira el reloj, ni el calendario, ni la agenda. Ama siempre, ama a todos y ama sin cansarse.