Ayer, exceptuando la hora de Misa me cambiaron todos los planes. Siempre que me imagino un día tranquilo empiezan a surgir cosas que te llenan las horas. Desde un feligrés que se murió por la mañana, a bendecir una casa y, por último, cuando ya iba a subir a casa, acordarme de escribir este comentario.

“Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”

El Señor tiene que cambiar los planes de los invitados a su convite. Los que se decían sus amigos hacer realidad el dicho que “donde hay confianza, da asco”. Todos van poniendo excusas que les parecen de lo más razonable, ¡ya hará su amigo otro banquete!

A veces nos creemos tan amigos de Dios que podemos poner a inventarnos excusas. “No, si yo rezo todos los días, pero Dios comprenderá que la vida es tan complicada que algún día no lo hago”. “Claro que busco ratos de estar con Dios. Me pongo esta aplicación que habla de Dios mientras llevo a los niños al cole, mientras cocino o durante el desayuno, pero la vida no me da para más” (es la famosa oración de la peluquería, que no paran de hablar mientras hacen un montón de cosas). Excusas para no ser más santo, excusas para llegar tarde a Misa o quedarse, como hacen algunos, jugando al fútbol con su hijo en la puerta de la parroquia mientras “oye Misa” …, de fondo. En el fondo no tenemos necesidad de Dios, le damos cosas a Dios y nos quedamos contentos.

Los pobres, los lisiados, los ciegos y los cojos tal vez no pensasen comer ese día. De pronto les ha aparecido su Salvador. No presumirían de ser “amigos” del Señor, pero sin duda reflejarían el agradecimiento en sus rostros. Se dan cuenta que es una oportunidad única y ni quieren poner, ni encuentran, ninguna excusa para no acudir al banquete. ¿Necesitas así tú a Dios?

Piensa que el banquete no se celebra para reunir “a los buenos”, sino porque Dios es Bueno. ¿Vas tú a tener envidia porque Dios es bueno?

Mira una imagen de la Virgen con el niño Jesús en sus brazos. ¿Quién sostiene a quién? María te diría que ese niño la sostenía en pie ante Dios, como luego la sostuvo al pie de la Cruz. No creas que Dios viene a agradecerte tu vida, somos nosotros los que agradecemos a Dios hecho Vida.  Dios cambia nuestros planes, no te aferres a los tuyos.