La semana que viene estaré de Ejercicios Espirituales, pero a ver si a la vuelta me pongo ya en serio a dar catequesis a tres jóvenes que quieren bautizarse y recibir el resto de los sacramentos de iniciación cristiana. Es una alegría, y ninguno de los tres se ha caído de ningún caballo, según han ido cumpliendo los 20 años han ido descubriendo la necesidad de la transcendencia, la sed de Dios que ha ido creciendo en ellos poco a poco.
«El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega»
El reino de Dios es un regalo, que nace pequeñito y sin explicarnos cómo nos va dando ese gusto de Dios. No hace falta que sea el bautismo. Tal vez has ido descubriendo poco a poco que la Misa te gusta más, que tienes tiempo -cuando antes te parecía que no-, para ir cada día. O puede ir creciendo en ti el gusto por la oración, por el silencio ante el Sagrario. O de pronto te das cuenta de que en ese rato que antes perdías con las redes sociales por la tarde puedes dar un paseo de la mano de María rezando el rosario. No hace falta que nos lo manden ni que se nos aparezca San Epifanio – ¡qué gran santo! -, para empezar a rezarlo. Simplemente el gustar de Dios y de los santos ha ido creciendo en nosotros sin saber cómo.
«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden anidar en su sombra».
Y ese gustar de Dios, que parece al principio pequeñito e intranscendente, va creciendo. Y descubres que toda tu vida empieza a girar en torno a Aquel que te ha amado primero. Y dejas de juzgar, empiezas a perdonar de corazón, te vuelves misericordioso, tus criterios se fundamentan en el Evangelio…, ya no eres tú, es Cristo que vive en ti.
Y eso es un regalo. Dios lo hace en ti si le dejas. ¿Crees que para ti es imposible? Dale la oportunidad a Dios para que haga…y hará.
La Virgen aceptó plenamente ese regalo y el reino de Dios se hizo carne en sus entrañas. Empieza estando muy cerca de ella.