Te recomiendo que leas también la primera lectura de ayer (como fue fiesta angelical, nos la saltamos). Es bien distinta a la de hoy, pero ambas son complementarias.
Ayer, Job exponía el voz alta el estado de su alma, su interior, con lamentaciones desgarradoras incluso por haber nacido. Dicho estado de ánimo, en cambio, no quiere expresar en ningún momento una maldición o un enfado ante el Señor. Abre el alma de par en par y sin filtros confiesa sus pensamientos. El ánimo viene de ánima, es aquello que sucede en nuestro interior, que sólo se percibe por fuera cuando lo expresamos en el rostro o lo explicamos con la lengua. La enseñanza que encierra el texto de hoy: la diferencia entre estar tristes, o abatidos, o cansados, que es un estado en que podemos encontrarnos -y nos encontramos tantas veces porque la vida es increíblemente compleja- y, por otro lado, abandonarnos a la tristeza. La diferencia es sustancial: los estados de ánimo no los buscamos, los padecemos. Por eso se llaman también «pasiones». Son algo que nos sucede sin que lo busquemos. Todos los días nos puede pasar. Otra cosa es abandonarnos a esos estados de ánimo. Lo primero es el camino que recorreremos todos, porque nos sucede a todos. Pero el segundo camino -abandonarnos a la tristeza- es donde está el mal moral.
Por esa razón, lo que hace Job no es quejarse a Dios, sino expresar el estado en que se encuentra su alma, tan azotada por desdichas. Pero prevalece la fe y la confianza. Esta súplica «realista» del justo está muy presente en textos bíblicos. Pero no acaba en un enfrentamiento a Dios, sino en un abandono confiado. Pero sufrir, se sufre, y mucho.
Hoy, Job nos da razón de por qué enfrentarse a Dios en medio de la adversidad no trae cuentas: es batalla no sólo perdida, sino sobre todo errada. Perdida, porque es como si un niño de cinco años pretendiera comportarse y reclamar el trato como si un hombre maduro de 65 años. Y errada, porque interpretamos nuestra situación con perspectivas no adecuadas, y sacaremos conclusiones erróneas que nos alejarán del único salvador de nuestras vidas, y Aquél que da sentido incluso al misterio del dolor y del sufrimiento.