13 de agosto de 2026
La primera lectura nos presenta al profeta Ezequiel, que transmite el mensaje de Dios no solo con palabras, sino también mediante acciones simbólicas. Su profecía anuncia las consecuencias de la rebeldía del pueblo de Judá, que se ha alejado de Dios y ha perdido la capacidad de escuchar y obedecer. El pecado conduce a la esclavitud y a la muerte, pero Dios no abandona a su pueblo. El Evangelio nos invita a descubrir la grandeza del perdón: «¿Cuántas veces tengo que perdonar?». La respuesta de Jesús nos recuerda que el amor verdadero no lleva cuentas. La lógica de Dios no es la del cálculo ni la del intercambio, sino la de la gracia y la misericordia. Sólo quien se ha sentido profundamente perdonado puede aprender a perdonar. Solo quien ha recibido misericordia puede ofrecerla a los demás. Por eso, estamos llamados a vivir un amor que no contabiliza las ofensas, sino que sabe comenzar siempre de nuevo. El amor de Dios es inagotable y su misericordia no tiene medida.