Cada día descubro a más gente que no aguanta el silencio, incluso a mí se me pega a veces. Tenemos que estar siempre oyendo cosas, ya sea música, tertulias, podcast, películas. Tengo la suerte que mi parroquia está bastante apartada, no hay ninguna tienda alrededor y no pasan demasiados coches y quitando el ruido de los aviones se puede tener bastante silencio en este mes en que hay poca gente. Silencio del oído y silencio de los ojos, aprendiendo a contemplar en vez de estar mirando muchas cosas. Y cada vez soy más amigo del silencio. Agradezco una buena conversación o música, pero mucho mejor el silencio.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crueldad.
Seguimos haciendo lamentarse al Señor.
Para mirar nuestro interior hace falta silencio, la brisa del Espíritu Santo que nos ayuda a ver nuestra realidad, cómo ve Dios nuestro corazón. Si no hay silencio estaremos pensando en el qué pensará este de mí, o incluso lo que me gusta pensar a mí de mí mismo y me daré siempre la razón. Estaré siempre intentando agradar a todos menos a mi conciencia y a Dios. No querré ver los huesos de muertos en mi interior, cuando sólo Dios puede cubrir esos huesos de tendones y de carne e insuflarles la vida. Sólo desde el silencio se puede abrir ese sepulcro y ver su interior y dejar a Dios que actúe.
Sólo desde el silencio podemos apreciar dónde nos tiene Dios ahora. Si no siempre pensaremos que cualquier tiempo pasado fue peor o mejor, pero dejáremos que nuestro tiempo se nos escape de las manos. Y es ahora cuando la gracia de Dios actúa en ti. El silencio del sepulcro permite que sea la resurrección la que triunfe.
Pues junto al examen de conciencia de ayer pídele a Dios que empieces a amar el silencio exterior. Si es posible frente al Sagrario, pero también en casa, dando un paseo o compartiendo la vida. El silencio nace de dentro hacia fuera, el ruido viene de fuera y nos perturba.
Nuestra Señora del silencio es el título de la parroquia de los sordos de Madrid, que también sea nuestra “parroquia”, no porque no podemos oír sino porque estamos aprendiendo a escuchar.