Un grano de mostaza es una semilla redonda, de 1 a 2 mm de diámetro, casi invisible, obtenida de diversas plantas de mostaza, y se utiliza como especia para dar sabor a platos, salsas, aderezos y marinados, así como en usos medicinales tradicionales por sus propiedades antiinflamatorias y digestivas. La parábola que nos ofrece hoy Jesús habla de ser “antinflamatorios” y “digestivos” para nosotros mismos y para los demás. Cuantas veces sentimos que nos ahogamos en un vaso de agua. Que nos cuesta digerir los malos tragos que la vida nos ofrece. Hay momentos que la vida se nos hace bola, y nos cuesta tragar y asimilar lo que ocurre. Jesús nos invita a fijarnos en la mostaza, que reduce la gravedad de lo que ocurre, que ayuda a digerir lo que nos cuesta. Y lo hace por su capacidad para no minusvalorarse por su pequeñez. No se compara con otras semillas, o con el tamaño de otros granos.
El grano de mostaza, como la levadura, creen en sí mismas y viven la convicción de su capacidad de crecer. Jesús quiere que seamos como la mostaza y la levadura. El Reino de Dios es así: cuando abrimos nuestro corazón a Jesús, agradecemos quienes somos, y dejamos que la fe entre dentro de nosotros y con el tiempo, escuchando a Dios, nos transforme, aunque sea lentamente, en personas capaces de sostener la fe y la esperanza en otros. El reinado de Dios acontece ya aquí en este mundo, y hoy. Se hace realidad allí donde las personas creen en el Evangelio, donde por su fascinación dejan que su vida cambie convirtiéndose de sus propios proyectos y abrazan el nuevo proyecto que Dios quiere crear.
El crecimiento al que estamos llamados es enorme, de una semilla casi invisible podemos llegar a alcanzar el tamaño de un árbol capaz de soportar el peso de aves y de nidos sobre sus ramas. Esa es la promesa que nos ofrece Jesús. Que si le seguimos vamos a ir descubriendo la perfección en el amor, que no significa no tener fallos, o eliminar los límites que nos constituyen. Sino que la perfección en el amor es ser capaz de amar todo, de esperarlo todo, de creerlo todo de nosotros mismos y de los demás. Crecer como la mostaza es irnos capacitando en abrazar a los demás. Los que nos atraen y los que nos causan rechazo. Los que piensan como yo y los que están en las antípodas ideológicas. Sostener en nuestras vidas las vidas de otros. No por nuestros méritos, sino porque hemos experimentado la fidelidad y la misericordia de nuestro Dios.