Hoy en Madrid tenemos un pequeño lío litúrgico. Como mañana es la Virgen de la Almudena, Patrona de la Diócesis, se adelanta la fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán, que al considerarse una fiesta del Seor está por encima del domingo. En resumen, que los de Madrid escucharemos otras lecturas.
Da mucha rabia cuando llegas a un sitio y ya han cerrado. Lo normal es volver al día siguiente pero ¿y si no hay día siguiente?
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
“¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”
El necio deja que la vida se le escape. Piensa que nunca se dormirá, nunca se le acabará el aceite y lo tiene todo bajo control. Las prudentes saben que tienen una misión que cumplir, que ellas no marcan la agenda del esposo, que su vida tiene un sentido. Cuando vas dejando las buenas obras que puedes hacer cada día «para mañana», el aceite se va acabando. Cada obra de caridad, cada instante de oración que no dejas para luego, cada momento en que puedes entregar un poco tu vida es un momento de aceptar la gracia de Dios en tu vida y así la alcuza de aceite no se vacía. Si esperas a mañana, tal vez cuando llegues se haya cerrado la puerta.
De los primeros títulos marianos es «estrella de los mares». Ella sí brillaba esperando al Esposo.