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Inmediatamente

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Si recordamos cuando fue el momento en el que decidimos dar el paso para seguir a Jesús en nuestra vida y vivir una vida de fe auténtica, cristiana, nos daremos cuenta que siempre en el origen hay una persona especial que nos habló de Jesús. En algunas historias personales, incluso varias personas. Dios ha querido contar con mensajeros para llegar a todos los hombres, para llegar a nosotros. En el pasaje de Mateo que hoy nos propone la liturgia, Jesús busca y llama a sus colaboradores en su misión para prepararles y enviarles.

 

Es impresionante observar la reacción de estas personas que Jesús llama. Dice que Andrés y Simón inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron, y, Santiago y Juan, inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Este “inmediatamente” nos ayuda a imaginarnos la fuerza seductora de la mirada de Jesús que llega hasta tu corazón y te mueve. Su poder de atracción debía ser tremendo, su Persona, impactante.

 

¿Te has encontrado ante Él? ¿Has percibido su mirada? ¿Te pasó o te ha pasado lo mismo a ti? Porque Jesús resucitado esta vivo y sigue entre nosotros y necesita nuestra colaboración en su misión de llevar a todos los hombres a Dios, de que todas las criaturas entren a formar parte de la familia de Dios, la Iglesia, de salvarnos: ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; y ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie?; y ¿cómo anunciarán si no los envían? Yo lo experimenté y lo sigo sintiendo. No es fácil decir que sí, pero es tan irresistible su propuesta cuando le escuchas. Te ama tanto y llegas a contagiarte tanto de su amor que no puedes decirle que no.

 

El Señor sigue haciendo discípulos, porque hay personas que responden a su llamada de trabajar por el Reino («¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia del bien!»). Pero no todos han prestado oído al Evangelio, ¿eres tú uno de ellos?

 

Si sientes que te habla a ti, que te esta llamando, no dudes, no te escondas, no busques excusas, inmediatamente déjalo todo y síguele, es lo mejor que va a pasar en tu vida. Él te quiere, te necesita.

Incomprensión

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Constantemente nos da la sensación de que los discípulos de Jesús (nosotros) no nos comprenden la mayoría de la gente. Cuando intentas expresar que es Jesús para ti o como ves la vida y los acontecimientos del día a día desde tu fe en Él, parece que estás hablando en chino. En ocasiones se ríen de ti o te miran con cara de que estás flipado. Otras veces te dan palmadas en el hombro de manera condescendiente y, con mirada irónica, diciéndote que hay que pisar tierra. La verdad es que los enamorados del Señor siempre hemos sido unos incomprendidos y lo seremos. Hasta el punto, dice Jesús hoy en el evangelio de Lucas, que seremos perseguidos y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por mi nombre.

La verdad es que no me extraña por la interpretación que le da hoy en la lectura el profeta Daniel al rey Baltasar de su visión. Ser fieles a la verdad y sinceros con todos por obediencia a Dios, conlleva muchos peligros y uno es la incomprensión de los demás. Pero, cuando te suceda esto y te sientas así, date cuenta de que inútil siervo eres y no estas solo. No sólo eres recompensado por el Señor de la Vida, sino que El no te abandona y está contigo para iluminarte y poner palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.

Esto requiere una sincronización y sinergia con Jesús que no se consigue en un momento. Es el resultado de una vida de camino y vivencia del discipulado, madurando nuestra fe y pidiéndole la gracia de crecer en ella. Es tener puesto nuestro corazón, además de la cabeza, en Dios. Es vivir como salvados que somos y la incomprensión no tendrá importancia; Jesús te comprende y tu comunidad cristiana también.

Eterno

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El otro día tomando un café con amigos, comentábamos la época de incertidumbre y sobresaltos que vivimos. Teníamos todos la impresión de que todo cambia muy rápido y que los cambios se están produciendo en todas partes. El Papa Francisco afirma que estamos ante un cambio de época.

En estos momentos empieza a dar la impresión de que no hay nada sólido y duradero. Lo que creíamos hace unos decenios que no se podía cambiar e iba a ser siempre así, ahora ya no lo conoce “ni su padre”. Es verdad que el relativismo imperante esta poniendo todo “patas arriba”: la visión del mundo, la del hombre, la de la vida, la de la política, la de los países, los principios, las creencias, la familia, etc. Parece que no hay nada inamovible o para siempre, ni siquiera los bancos.

Las lecturas de hoy nos hablan de lo frágil y débil que es lo mundano, de lo caduco que resulta lo construido por el hombre. Todo lo creado frente al Creador es temporal y pasa, hasta el dinero y los bancos, como los imperios o los reinos de los hombres. Hay sólo un Reino que será definitivo y eterno, que aunque construido con nuestra colaboración no vendrá de los hombres: el Dios del cielo suscitará un reino que nunca será destruido, ni su dominio pasará a otro pueblo, sino que destruirá y acabará con todos los demás reinos, y él durará por siempre. Este ya esta entre nosotros y, aunque no termines de creértelo tu formas parte de él o puedes formarla.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, nos dice el salmo de hoy. En la medida que pidamos a Dios que nuestro corazón se incline a Él y lo desee más que a nada (oro, plata, hierro, personas, móvil, televisión, internet, coche, casa, éxito…), nos dejaremos abrazar por el Señor en su amor y alabanza (dice San Ignacio de Loyola) y le serviremos en su Reino. Este es el principio y fundamento de nuestras vidas y no una falsa autorrealización personal que viene del egoísmo y de la tentación que nos aleja de nuestro Hacedor.

Jesucristo es el que nunca cambia, el que siempre permanece, el que te puedes fiar de verdad porque nunca te va a fallar, el Eterno que te salva de tus mediocridades, de tus resistencias internas, de tus miserias que detestas, de tu constante volver a caer en lo que no deseas. Él te llevará a la eternidad de la plenitud de su Reino. Ámale como lo primero en tu vida y se fiel hasta la muerte – dice el Señor – y te daré la corona de la vida.

Inteligencia

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Muchas veces nos encontramos con diversas complicaciones en nuestra vida diaria, especialmente en los trabajos, para poder ser fieles al Evangelio del Señor o para celebrar el Día del Señor, el domingo. Que decir cuando llega la cuaresma o queremos hacer ayuno sin que nadie se de cuenta, la dificultad para poder pasar desapercibidos, o dar explicaciones. Esto no es nada con lo que tienen que pasar día a día los cristianos perseguidos en muchos países del mundo. Arriesgan su propia vida si quieren vivir su fe y ser fieles a Dios.

 

Así les pasa hoy en la primera lectura a estos cuatro jóvenes judíos que son seleccionados para el servicio del rey pagano de Babilonia. Me parece muy instructiva y valiosa la enseñanza de este pasaje. Ante la decisión que le puede llevar a perder la vida por no obedecer al rey, o desobedecer a Dios para no ponerse en peligro, optan por ponerse en manos de Dios y usar el don de la inteligencia que nos da el Espíritu Santo. Al final, estos jóvenes creyentes consiguen ser fieles a Dios y respetar el poder terrenal en el que conviven.

 

Daniel, Ananías, Misael y Azarías, sin dudar en ningún momento de respetar la ley de Dios, buscaron la manera de llevar a delante las órdenes del Rey Nabucodonosor. Su fe y nobleza de corazón para vivir la Verdad, les lleva a actuar con inteligencia. El Señor les ayuda y les ilumina. Y el resultado es mejor de lo esperado. Nosotros, en muchas ocasiones somos vagos, dejados y timoratos. Y ante decisiones parecidas, con riesgo de perder el trabajo o de no ser aceptado social o familiarmente, rápidamente caemos en la tentación de dejar a un lado nuestros valores evangélicos, la voluntad de Dios y diluirnos en la masa, haciendo lo mismo que los demás.

 

¿En cuantas ocasiones suspendemos nuestros principios cristianos o no preguntamos a Dios que quiere que hagamos, por miedo al que dirán o a que nos humillen? No terminamos de caer en la cuenta, de reflexionar, lo débil que es nuestra fe o la cobardía y la falta de amor a Dios que tenemos ¿Puede ser tan baja nuestra autoestima que ni siquiera nos planteemos por un momento que solución nos ofrece el Señor?

 

Trabajar y emplear los dones que Dios nos da con laboriosidad y humildad, nos ayudan a seguirle y vivir su voluntad afrontando con éxito cualquier dificultad. El problema es que no lo hacemos. Nos creemos o aparentamos que somos autosuficientes, y no es así. Tenemos que aprender de estos jóvenes judíos en un ambiente hostil o de la viuda del evangelio que ofrece a Dios todo lo que tiene para vivir. A Él le debe todo y es el que le ayuda y salva su vida. Utiliza la inteligencia y esta te llevará a abandonarte en Dios, a confiar en Él, a dejarte iluminar por su sabiduría para hacer el bien, lo bueno, lo constructivo, lo que quiere.

Perdonar siempre

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Una de las cosas que más le entretiene a mi Madre, y que sigue sin perderse un capitulo todos los días, son las series interminables de la sobremesa, los “culebrones”. En ellas se cuentan historias ficticias de personas y familias que viven historias y tramas de las relaciones humanas. Lo preocupante es ver como se suceden situaciones de rencores y venganzas, de odio sin fin que va, poco a poco destruyendo a las personajes. Es ficción, pero lo peor es que también sucede en la vida real y, a veces, la realidad supera a la ficción.

En esta semana la Palabra nos ha ido instruyendo en las buenas actitudes, pensamientos y hábitos que nos ayuden a hacer buenas obras y tomar buenas decisiones en la vida. Pero, hay momentos y circunstancias que no lo hacemos. Pecan y pecamos, obran y obramos mal, nos ofenden y ofendemos, nos hacen y hacemos daño, perjudicamos, nos perjudicamos y nos perjudican, de una manera más o menos grave. ¿Cuál es la actitud que nos enseña la Palabra hoy?

Las lecturas se colocan en la perspectiva de la víctima o del que sufre el mal. Cuando nos toque a nosotros la respuesta debe ser siempre la misericordia, el perdón, no guardar rencor y no ser vengativo. Así es el Señor y nosotros que le seguimos e imitamos en nuestra vida, también. Esto es importantísimo, tanto, que el libro del Eclesiástico nos advierte de las consecuencias de no vivirlo así: el vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de sus pecados; deja de odiar, acuérdate de la corrupción y de la muerte…

Y es que vivimos para el Señor, no para nosotros mismos. Nuestro ego debe ser colocado en su sitio o descentrado para salir del egoísmo y la soberbia que nos conduce al odio y el rencor. Dios es también justo y nos ama tanto que no va a permitir que nos encerremos en el odio o nos obsesionemos con la venganza. Por ello, como buen Padre, nos va a reprender y corregir si caemos en ello. Así nos lo muestra en la parábola del evangelio de hoy. El nos da ejemplo y nos enseña con su perdón y nos ayuda a perdonar. Pero si no obedecemos y devolvemos mal, no nos lamentemos, ni lloremos por las consecuencias. El Señor no es injusto como los hombres, ni nos engaña: ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?; si no se compadece de su semejante, ¿cómo pide perdón por sus propios pecados?

Por ello, Jesús responde a Pedro que la misericordia y el perdón no es solo de un momento o algo aislado. Sino, una actitud de vida que nace del corazón y que es alimentada por la fe en Dios. Es vivir los mandamientos y es amar cristianamente, como Cristo ama, perdona, repara y cura a las personas. Sólo así, caminaremos hacia la Vida, se puede vivir de verdad y ser feliz. Lo contrario hace malvadas a las personas y les destruye desde dentro poco a poco. Con el odio y la venganza nadie gana, todos pierden. Nada se arregla, todo se fastidia más y te aleja de la justicia verdadera.

No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete, pasa por al to la ofensa. Para esto murió Jesucristo, para que podamos hacerlo y seamos ciudadanos del Reino

Árbol bueno

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Desde pequeño tus padres te enseñan a diferenciar el bien del mal y a escoger siempre el bien. También te enseñan que hay personas buenas y malas, y que te relaciones con las buenas y te alejes de las malas. Es verdad que esto es un poco simple y que la realidad es mucho más compleja en las personas. Pero se empieza con por ahí para aprender lo que va a ser muy importante en tu vida y te ayudará en el futuro cuando tengas que aplicarlo en el complejo mundo de los adultos.

El evangelio de San Lucas de hoy es la fuente de esta enseñanza que nos ayuda a evitar el mal, el pecado, y los que lo practican o promueven. Es muy importante juzgar los actos de la personas y no autoengañarnos o relativizarlos, cayendo en un buenismo absurdo e irreal. Todos somos pecadores, pero hay algunos que es tan habitual y tan grave que han acabado con sus principios morales y han estropeado sus vidas, hasta vivirlas no solo al margen del Señor, sino contra su voluntad: el árbol que es malo, de la maldad saca el mal.

Es importante saber esto y actuar en consecuencia. Y la enseñanaza que nos ayuda es que por sus frutos los conoceréis. No hay árbol bueno que dé fruto malo, así es, y lo digo por experiencia. Pero Jesús ha venido a salvar también a estos. El es el que puede cambiar las cosas y el que puede ayudarles a convertirse, a ser árbol bueno, a curarse del daño que hace el pecado y transformar a la persona. Así lo testimonia San Pablo en la primera lectura. El es la prueba del triunfo de Cristo sobre esta realidad. No ocultando, falseando o relativizando la verdad, las acciones, sino perdonando y transformando a quienes las cometen para que no vuelvan a hacerlo más.

Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. Esta es la aclamación a la que nos unimos al salmista de hoy por este don de Dios que nos salva y puede salvar a todos los que lo acojan. Si quieres convertirte, si quieres ser árbol bueno, no te resistas, no dejes pasar más el tiempo, cree en Él y tendrás vida eterna.

Tienes

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Desde pequeño el día de hoy ha sido en mis recuerdos un día de ilusiones y de experiencias de fiesta en mi vida. Las fiestas de mi pueblo son en honor a Nuestra Señora de la Soledad y estos días eran para disfrutar de las celebraciones festivas religiosas, y lo que a un niño y adolescente le aporta sus eventos y una feria con tus amigos y familiares.

Por ello, quizás he entendido mejor el profundo significado de la escena del evangelio de hoy, como el testimonio de San Pablo en el comienzo de la carta a Timoteo. La Cruz supera el dolor y es fuente de amor y de vida para todos aquellos que la acogen y la afrontan con confianza en el Señor. Ellos son los que están con Jesús en esta escena: María, su Madre, algunas mujeres y Juan. Jesús construye su Iglesia, la bendice y llena de relaciones de amor entre los que la forman. La maternidad espiritual y de fe de María en la Iglesia, realizada por Cristo a través de su discípulo amado, nos muestra la riqueza y el misterio de amor que nos salva del dolor, la injusticia y la incomprensión; que nos salva del pecado.

Nunca estaremos solos. Nunca nos abandonará el Señor, ni siquiera cuando nosotros le abandonemos. No nos olvidemos que detrás de la Cruz está la resurrección, el triunfo, la Vida. En la Cruz, el Señor se queda definitivamente y es un Dios que es Padre y Madre a la vez. En Nuestra Señora de los Dolores lo podemos percibir y comprender. María está en primera fila y a su lado en el dolor y el sufrimiento. Por ello, Jesús le concederá la gracia de poder estarlo ahora a nuestro lado.

Por consiguiente, es una fiesta y una alegría gozar de este cuidado y protección de Dios para con nosotros, de tener esta ayuda y consuelo. Algo que sencillamente lo he sentido desde pequeño y doy gracias con nuestra Madre por ello.

Con la Virgen, Madre en el dolor, aprendemos y sentimos que Tu eres, Señor, el lote de mi heredad y me sacias de gozo en tu presencia. Esto es lo que tengo y tienes, ¿cómo lo vives?

No olvides

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Cuando fallece una persona querida sientes la tristeza y la pérdida de alguien que forma parte de tu vida. Es verdad que no es igual el sentimiento si esa persona es más cercana o menos, si ha sido de repente o llevaba tiempo enferma, o si era muy mayor o joven. Pero, a medida que pasa el tiempo y vas recorriendo el camino del duelo con la esperanza que nos da la fe y el amor que nos une en Jesucristo, vas aceptando y acogiendo la finalidad última para la que hemos sido creados y salvados: para estar con Dios, para ir al cielo.

En el pasaje del evangelio de hoy, Jesús se lo indica a Nicodemo al explicarle la finalidad fundamental de su misión: Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. El Señor se ha encarnado para abrirnos las puertas del cielo y llevarnos a el. Por ello, se alzará en la Cruz como el estandarte que Dios mando hacer a Moisés y salvó a los judíos curándoles de las picaduras de las serpientes y librándoles de la muerte. Mirar, creer y acoger la Cruz de Cristo y su resurrección en nuestra vida nos cura y nos libera del veneno de las picaduras del mal, el pecado, en el que caemos y obramos, y que nos lleva a luna vida de muerte.

Pero, solemos olvidarnos de esto en el transcurso de esta vida, y corremos el peligro de caer  en el sinsentido, en la desesperación o en la tristeza, por creer que perdemos el tiempo o esta vida que conocemos. Nos olvidamos de desear el cielo, de esperarlo y caminar hacia el. Y nos olvidamos de Dios, de su voluntad, de su misión para con nosotros y de su realización plena en la vida eterna.

No olvides tener la perspectiva del cielo que hemos adquirido por la fe en Cristo, que se está haciendo efectiva en nosotros día a día nuestra salvación; nuestra respuesta a esta gracia con nuestra vida entregada al seguimiento de Cristo, viviendo el mandamiento del amor.

No olvides las acciones del Señor, encaminadas a llevarnos al cielo porque nos ama y nunca nos fallará.

Dad muerte

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Estoy acostumbrado a escuchar habitualmente a personas que dicen sin dudar que perdonan pero no olvidan ¿Es esto un auténtico perdón? ¿Es cristiano? Imaginémonos que Dios no olvidara nuestros pecados cuando nos perdona, y los de todo el mundo ¿Qué sería de nosotros, de la humanidad?

Escuchar esta frase nos hace pensar en una persona que perdona de boquilla, por las razones que sea, pero que esta guardando en su corazón un rencor que no le permite perdonar. A todos nos es muy difícil perdonar totalmente de corazón, máxime cuando la ofensa o el daño esta reciente, y la herida que nos ha provocado en nuestro interior duele. Pero el tiempo todo lo cura y el Señor nos pide un perdón absoluto y las veces que sea necesario. La primera lectura nos insta a dar muerte a todo lo terreno que hay en nosotros: al pecado. Y también, al rencor, al odio, la venganza, la soberbia, a llevar cuenta de los delitos del hermano y a resistirnos a reparar, curar y olvidar. Esto es del hombre viejo y nuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Nos tenemos qurevestir de la nueva condición de redimidos que se va renovando a imagen de nuestro Creador.

Ahora entendemos las exclamaciones de alegría y esperanza de Jesús en el pasaje de San Lucas de hoy hablando de nosotros: bienaventurados. Vivamos una vida nueva de bienaventurados y no nos dejemos llevar o nos cerremos con soberbia, cobardía o egoísmo en una vida vieja, terrena, de la cual se lamenta Jesús y advierte: ¡Ay de vosotros…!

Una fuerza

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Un día, en uno de los grupos de adultos de la parroquia, una persona nos compartía un período de su vida que había sido muy duro y muy sombrío. Nos decía que por culpa de su mala cabeza quizás, algunos vicios que no quería corregir, y mejor, su inmadurez, le fue infiel a su mujer durante once años. Estuvo alejado del Señor, pero curiosamente su fe se mantuvo. Al principio todo lo justificaba y se sentía llevado por unas pasiones que le parecían algo normal y que le gustaba. Pero su doble vida le fue haciendo mella y fue perdiendo el control de ella hasta pasar a un verdadero infierno.

La verdad es que, ha medida que transcurrían los años, era más infeliz y parecía que aquello iba a acabar muy mal. Llego a pensar que era imposible que pudiera acabar con esa situación y poder volver a vivir los primeros años de su matrimonio que tanto le llenó, ser fiel y feliz con su mujer. Hasta que un día prácticamente rendido, en las últimas, decidió acudir al Señor y pedir que le curara, que recuperara su vida, que pudiera ser un buen marido y una persona digna de llamarse hijo de Dios. Habló con el sacerdote que le encontró llorando en la capilla de una parroquia y algo ocurrió.

Esta persona nos compartió que a partir de ese momento y día tras día fue sintiendo una fuerza que venía de la oración y de la percepción de que Dios confiaba en él y le había dado una nueva oportunidad. Dejó esa doble vida y se fue manteniendo firme hasta recuperar que su corazón se centrara en su familia. Le costó años y todavía se pregunta si su mujer lo sabía, pero el Señor le ha ido curando y lo que parecía que era imposible que cambiara en él, ha cambiado. Todavía tiene miedo de volver a caer, o que perder lo que ha conseguido. Ahora, sabe que esta conversión de su vida al margen de la voluntad de Dios que ha vivido puede ser una ayuda para otros que la necesiten.

En este pasaje de Lucas leemos hoy como Jesús pasó toda la noche orando a Dios y después eligió a los Apóstoles y curó a muchas personas. La auténtica fuerza para la vida que te ayuda, te transforma y es capaz de lo imposible viene de lo alto: salía de él una fuerza que los curaba a todos. Y tu también puedes recibirla, tenerla y compartirla con los demás hoy; gracias a la oración y a la fe. En el Cristo nunca pierdas la esperanza. Cualquier situación adversa, aunque creas que has metido la pata para toda la vida y no hay solución o que nunca podrás arreglarlo, acude al Señor, acude a su Iglesia, Él te curará y se solucionará. El Señor es bueno con todos.

febrero 2018
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