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Domingo de la 34ª semana de Tiempo Ordinario. Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo – 26/11/2017

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Comentario Pastoral

REALEZA CRISTIANA

El tema “real” es una de las analogías más comunes en toda la teología del Antiguo Oriente para representar el misterio de Dios que, sobre los tronos de los cielos, guía y gobierna el universo entero. Se trata de un modo de pensar que debe actualizarse acomodándose según las coordenadas culturales y sociales. Este simbolismo está presente en todas las lecturas de esta solemnidad reciente, instituida por Pío XI en 1925, y está también en la base de una categoría esencial de la predicación de Jesús: el Reino de Dios.

La señoría de Dios sobre el universo contiene muy sintéticamente estas tres afirmaciones: la trascendencia absoluta de Dios, que no es objeto manipulable por los hombres; su inmanencia o presencia en la creación y en la historia, que nosotros llamamos salvífica; el sentido escatológico de la realidad, delineado por Dios según un proyecto unitario.

Es evidente que la cultura contemporánea, fuertermente antropocéntrica, no favorece la celebración de esta solemnidad, ya que desde instancias diferentes se predica el silencio de Dios o el absurdo de un mundo sin esperanza, lleno de dolores y crímenes.

El creyente es invitado hoy a recuperar el sentido profundo de la historia y de la materia a través de la revelación que se nos parece de Dios como “pastor” que da su vida por el rebaño, y que, al final de los tiempos, actuará como juez que separará las ovejas de las cabras”.

En el solemne escenario en que el evangelista Mateo sitúa el juicio final, que será un examen total sobre el amor al prójimo, Dios se identifica y encarna en los pobres, en los hambrientos, en los forasteros, en los enfermos, en los encarcelados. El discípulo de Jesús lo sabe y actúa consecuentemerite, conformando su vida a las exigencias del Reino. En el amor gratuito y universal hacia los más pequeños y pobres se vive la relación vital, con Cristo, que es lo más especifico de la fe cristiana. Los actos de amor durante la existencia terrena son garantía de vida eterna.

Contra los desequilibrios devocionales, por encima de las supersticiones, frente a una creencia teórica y desencarnada, hay que buscar siempre la autenticidad de la fe en la centralidad del ministerio de Cristo celebrado en la liturgia, en la aceptación del evangelio, en el bien obrar.

La clausura del año litúrgico se hace patente en esta solemnidad de Cristo Rey, que es semejante a un ábside dominado por la figura del Pantocrator. Delante de su mirada somos invitados a hacer un balance de nuestra existencia, a un examen de nuestras miserias y de nuestros esplendores, a un juicio sobre nuestras obras o nuestras omisiones.

Andrés Pardo

 

 

 

Palabra de Dios:

Ezequiel 34, 11-12. 15-17 Sal 22, 1-2a. 2b-3. 5. 6
san Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28 san Mateo 25, 31-46

de la Palabra a la Vida

En uno de esos pasajes sorprendentes, de enorme capacidad gráfica y descriptiva, Mateo nos presenta, en el último domingo del año litúrgico, último de su ciclo anual, esta parábola del juicio final en el que el encuentro con el Señor no queda reducido ya a los que lo encontraron por los caminos de la Tierra Santa, sino que todos serán llamados a Él. Y Él, que es un buen pastor, porque el Rey y el Redentor es también en la Escritura un buen pastor, sabe lo que tiene que hacer con cada uno, tal y como presentaba el buen pastor de la primera lectura: durante el día, ovejas y cabras han pastado juntas, como el trigo y la cizaña han crecido juntos, pero al llegar la noche las cabras se separan para ser llevadas a lugar caliente, pues el frío las daña, mientras que las ovejas son dejadas a la intemperie, pues el frío les hace bien.

Así sabrá separar el Señor al final de los tiempos. Según las obras de misericordia todos pueden ser juzgados, incluso los que no hayan conocido al Señor, los que no hayan escuchado sus mandatos en vida, los que no hayan reconocido por el camino de la fe, camino del don de Dios, todos pueden llegado este momento tener un criterio para su fin, pues el amor de Dios no tiene límites, no ha conocido fronteras sino que ha sido sembrado, como semilla de verdad, en el corazón de todos los hombres. Ya no se trata de acciones de amor que se hayan dirigido directamente a Cristo, sino también hacia uno de estos, mis hermanos. Cristo se ha hermanado con nosotros al hacerse hombre, no se ha avergonzado de ser uno de nosotros, y no se avergüenza de aparecer, al final de todo, cuando desvela la majestad y el poder de su gloria, como el hermano de los más débiles y humildes. Mateo, que presenta en esta parábola a Cristo como el Hijo del hombre a venir en la majestad de su gloria, deja claro que este al que hoy la Iglesia celebra como Señor, Rey y Sacerdote, es también el hermano de los pequeños y los débiles, que al contemplar en el juicio final la elevación definitiva de su hermano, se alegrarán y participarán de su amor.

Cristo ha sembrado en nosotros el talento de su amor, ha plantado en el corazón de cada uno de nosotros, no sólo con la palabra sino sobre todo con la coherencia de su ejemplo, algo que nosotros no podemos guardar. El Cristo en majestad de tantas iglesias y catedrales a lo largo de la historia no sólo anuncia que vuelve, sino también la grandeza de su amor, que no conoce frontera en el tiempo. Es justo al contemplarlo hoy en gloria y majestad cuando se nos interroga entonces sobre la dirección de nuestros actos: ¿puedo decir que mis palabras, mis acciones de cada día, se encaminan a ese encuentro con Él? ¿cómo podrán soportar el encuentro con tanto amor si no es lleno de amor? Concretamente, ¿dónde se me pide, en quién, que vuelque ese amor de Dios? El Rey es ciertamente el que sirve a los hombres, esa es la forma de vivir como Rey y pastor que Cristo ha conocido y comunicado. El ejercicio de la caridad hace de nosotros reyes no a la manera del mundo, sino a la manera de Cristo, cuya majestad será la que llegue hasta el final.

En la celebración litúrgica experimentamos ya ese cuidado del buen pastor, a ese Rey que viene a nosotros por amor y que nos sitúa en su camino de amor. Es en los sacramentos donde ya se nos anticipa en el corazón y por la Palabra de la Iglesia ese juicio final al que, humildes pero a la vez llenos de confianza, se nos invita a acercarnos. Lo que “no hicisteis” vuelve a aparecer, por segundo domingo consecutivo, como una amenaza grave para el creyente: los pecados de omisión son el mal de nuestro tiempo, no nos dejemos llevar en la vida, porque Cristo no ha dejado de obrar, actitud propia del amor de Dios.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio de Jesucristo, rey del universo


En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del universo
a tu Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndolo con óleo de alegría,
para que, ofreciéndose a sí mismo
como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz,
consumara el misterio de la redención humana,
y, sometiendo a su poder la creación entera,
entregará a tu majestad infinita un reino eterno y universal:
el reino de la verdad y de la vida, el reino de la santidad y la gracia,
el reino de la justicia, el amor y la paz.
Por eso, con los ángeles y arcángeles, tronos y dominaciones,
y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…






 


Para la Semana

Lunes 27:

Daniel 1,1 6.8 20. No se encontró ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarias.

Salmo: Dan 3,52-56. ¡A ti gloria y alabanza por los siglos!

Lucas 21,1 4. Vio una viuda pobre que echó dos reales.

Martes 28:

Daniel 2,31 45. Dios suscitará un reino que nunca será destruido, sino que acabará con todos los demás reinos.

Salmo: Dan 3,57-61. ¡Ensalzadlo con himnos por los siglos

Lucas 21,5 11. No quedará piedra sobre piedra.
Miércoles 29:

Daniel 5,1 6.13 14.16 17,23 28, Aparecieron unos dedos de mano humana escribiendo.

Salmo: Dan 3,62-67. ¡Ensalzadlo con himnos por los siglos!

Lucas 21,12 19, Todos os odiarán por causa mía, pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.

Jueves 30:
San Andrés , apóstol. Fiesta

Romanos10,9-18. La fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo.

Sal 18. A toda la tierra alcanza su pregón.

Mateo 4,18-22. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Viernes 1:

Daniel 7,2 14. Vi venir en les nubes del ciclo como un hijo de hombre.

Salmo: Dan 3,75-81. ¡Ensalzadlo con himnos por los siglos!

Lucas 21,29 33. Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el Reino de Dios.
Sábado 2:

Daniel 7,15 27. El poder real y el dominio será entregado al pueblo de los santos del Altísimo.

Salmo: Dan 3,82-87. ¡Ensalzadlo con himnos por los siglos!

Lucas 21,34 36. Estad siempre despiertos, para escapar de todo lo que está por venir.


Domingo de la 33ª semana de Tiempo Ordinario. – 19/11/2017

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Comentario Pastoral

TENER TALENTO

La palabra “talento” hace referencia, en la parábola evangélica que se lee en la Misa de este penúltimo domingo del tiempo ordinario, a una moneda imaginaria de los antiguos griegos y romanos. Pero en el lenguaje actual tiene otro sentido; significa don de la inteligencia y brillante capacidad intelectual. También puede servir para designar el conjunto de dones con que Dios enriquece a los hombres: fortuna, nacimiento, sabiduría, fuerza, belleza, bondad.


Dios nos hace el don inmerecido, gratuito, casi inconcebible, de cinco, dos y un talento; a cada cual según su capacidad. Normalmente la admiración humana se basa en los dones que ha recibido una persona. Pero Dios, el único que sabe lo que nos ha repartido, presta toda la atención a lo que se ha obtenido con los talentos que nos dió antes. No valen disculpas por haber recibido poco. Por eso es difícil de justificar la actitud del siervo perezoso, ingrato y enfadado, que teme perder su único talento, que no es suyo porque han de reclamárselo. El que entierra su talento, entierra su capacidad de amar, esperar y hacer.

Es muy importante saber que todo don recibido es una deuda a pagar. Temamos poseer cuando no somos capaces de hacer y devolver. Nunca hay que olvidar que no basta devolver lo mismo, pues es una ingratitud hacia el dador. La pasividad negligente provoca el despojo de lo que se posee. Es preciso vencer constantemente la tentación de la falsa seguridad que termina en inmovilismo.

El patrón de la parábola deja a sus empleados un amplio espacio de autonomía y de maniobra, para que cada uno trafique el capital recibido según su propio estilo. Se puede reaccionar con sabio esfuerzo personal que termina en ganancia, o abandonarse como un parásito buscando la simple sobrevivencia y la tranquilidad inerte.

La interpretación de la parábola de los talentos no puede reducirse a subrayar únicamente el deber de fructificar con los dones recibidos, Su sentido general está especificado en el premio y en el castigo final, que trascienden los límites del ajuste de cuentas. Más que el simple empeño por desarrollar bien las propias dotes, la parábola subraya la importancia de la aceptación, eficaz y activa, don de la salvación, para que crezca en bien de todos.

El empleado negligente y holgazán, el del único talento, puede recordamos a todos el peligro del temor, que transforma la religión en un cumplir y conservar los mínimos legales requeridos. Esta actitud dificulta la entrada en el banquete del Señor.

Andrés Pardo

 

Palabra de Dios:

Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31 Sal 127, 1-2. 3. 4-5
san Pablo a los Tesalonicenses 5, 1-6 san Mateo 25, 14-30

de la Palabra a la Vida

La liturgia de la Palabra nos presenta este domingo otra de esas parábolas que hacen referencia a la parusía, y por lo tanto a la necesidad de la vigilancia. En el reparto de los talentos para que produzcan fruto durante la ausencia del señor podemos encontrar referencias que nos ayudan a descubrir que Jesús, con esta historia, pretendía algo más que relatar una anécdota sobre un jefe exigente con sus siervos: la referencia al banquete de tu señor y la de las tinieblas exteriores, que añade a la pena inmediata una eterna, no hablan de un comerciante terrenal, sino que al sobrepasar el marco terrenal de la parábola anuncian que la intención del Señor va más allá, es la memoria de la llegada de la parusía, es el Cristo que volverá al final de la historia para juzgar a vivos y muertos. Es muy posible que, al pronunciar Jesús esta parábola, la primera mirada de los que le escuchaban se volviera hacia los judíos, hacia los maestros de la Ley o los sacerdotes, como aquellos que no habían sabido disponer de la salvación otorgada y escondida, lejos del alcance de todos. Los escribas, aquellos que impiden a los hermanos tomar parte en el don de Dios, son especialmente señalados. Por eso es que todos podemos acoger esa advertencia del Señor a ser hacendosos con la salvación que Cristo ha obtenido para nosotros en el misterio pascual no como un talento a enterrar de una forma insensata o temerosa, sino como algo con lo que hay que “negociar”, pues en ese negocio se manifiesta que verdaderamente el siervo ha sabido entender y aceptar el valor de lo que se ha puesto entre sus manos y su fin verdadero.

El “temor del Señor” del que nos habla el salmo de hoy consiste en esto, no en tenerle miedo por su exigencia, sino en ser conscientes del don recibido y de para qué se nos ha dado. A ello nos puede ayudar la decisión última que el señor de la parábola toma con el talento que el tercero de sus siervos no ha querido negociar: ese talento le es entregado, en una decisión sorprendente, al que más tiene, lo que nos lleva a un tema de esos recurrentes en la Escritura en los que se nos muestra la forma misteriosa de la justicia de Dios. “Dádselo al que tiene diez, porque al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará”. El don de la salvación, el don de la fe, no puede enterrarse pensando que así se mantenga vivo hasta la vuelta del Señor, hasta el final de los tiempos: al contrario, solamente negociando con él podremos mantenerlo en nuestras manos. Si la fe no se ejercita, no se fortalece, no se trabaja, no se pide o no se estudia, se va apagando en nosotros, hasta el punto de que la poca fe que no se cuida se pierde. Por el contrario, aquel que con su fe se pone, valorando el don recibido, a hacerlo crecer, obtiene una fe aún más firme, pues “al que tiene se le dará”. Dios no quiere que nadie pierda la salvación, su voluntad es bien conocida, quiere que todos se salven, pero la forma en la que cada uno de nosotros afronte el ejercicio de la fe marca nuestro encuentro a su vuelta de forma importante. Es necesario trabajar de forma hacendosa y responsable por nuestra salvación.

Según nos vamos acercando al final del año litúrgico también nosotros podemos revisar cómo hemos hecho crecer ese talento de la fe que se nos ha entregado, si a lo largo de este año hemos sido atentos a hacerlo crecer o hemos descuidado nuestro camino. Se nos da un tiempo para ello, un tiempo para elegir la salvación con nuestras decisiones. No podemos priorizar crecer y formarnos en otros aspectos de la vida pero descuidar la fe a niveles de infantil: esa fe nos será quitada por no haberla valorado. Al contrario, mi fe tiene que crecer en coherencia con mi vida. No perdamos la ocasión de desenterrar el talento y negociar con él.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio de los santos pastores


En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
por Cristo, Señor nuestro.
Porque nos concedes la alegría de celebrar hoy la fiesta de san N.,
fortaleciendo a tu Iglesia con el ejemplo de su vida santa,
instruyéndola con su palabra y protegiéndola con su intercesión.
Por eso, con los ángeles y con la multitud de los santos,
te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo…




 


Para la Semana

Lunes 20:

1 Macabeos 1,10 15.41 43.54 57,62 64. Una cólera terrible se abatió sobre Israel.

Sal 118. Dame vida, Señor, para que observe tus preceptos.

Lucas 18,35 43. ¿Qué quieres que haga por ti? Señor, que vea otra vez.

Martes 21:
Presentación de la bienaventurada Virgen María. Memoria.

2 Macabeos 6,18 31. Legaré un noble ejemplo para que aprendan a arrastrar voluntariamente la muerte por amor a nuestra ley,

Sal 3. El Señor me sostiene.

Lucas 19,1 10, El Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.
Miércoles 22:
Santa Cecilia, virgen y mártir. Memoria

2 Macabeos 7,1.20 31. El creador del universo os devolverá el aliento y la vida.

Sal 16. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor

Lucas 19,11 28. ¿Por que no pusiste mi dinero en el banco?
Jueves 23:

1 Macabeos 2,15-29. Viviremos según la alianza de nuestros padres.

Sal 49. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

Lucas 19,41-49. ¡Si comprendieras lo que conduce a la paz!
Viernes 24:
Santos Andrés Dung-Lac, presbítero, y compañeros, mártires. Memoria.

1 Macabeos 4,36 37.52 59. Celebraron la consagraci6n del altar ofreciendo holocaustos.

Salmo: 1Cr 29,10-12. Alabamos tu nombre glorioso, Señor.

Lucas 19,45 48. Habéis convertido la casa de Dios en una cueva de bandidos.
Sábado 25:

1Macabeos 6,1 13, Por el daño que hice en Jerusalén muero de tristeza.

Sal 9. Gozaré con tu salvación, Señor.

Lucas 20,27 40. No es Dios de muertos, sino de vivos.


Domingo de la 32ª semana de Tiempo Ordinario – 12/11/2017

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Comentario Pastoral

LA VIGILIA DE LA SENSATEZ Y EL SUEÑO DE LA NECEDAD

Según el uso matrimonial palestinense, en el último día de los festejos antecedentes, a la puesta del sol, el novio era llevado por sus amigos a la residencia de la desposada, que le esperaba vestida de juventud y virginidad. El grupo de las “doncellas” estaba pendiente de oír los primeros ecos de las voces en la lejanía y de que brillasen las luces rosadas del cortejo del esposo para salir al encuentro. Mas un extraño y largo retraso puede provocar que el sueño aflore y que el nerviosismo y la preocupación impidan la previsión del aceite necesario para alimentar la lámpara.

Todo lo antecedente es necesario conocerlo para poder entender la parábola que hoy se lee en la misa de este domingo trigésimo segundo del tiempo ordinario. La parábola de las doncellas necias y sensatas es muy elocuente y está cargada de simbolismos, que merece la pena analizar.

Mantenerse en estado de vigilia es signo de prontitud, de tensión serena, de amor eficaz, de inteligencia y sensatez, Por el contrario, el sueño hace referencia a la torpeza espiritual, a la indiferencia, a la falta de la conveniente actitud. La antítesis “sueño vigilia” tiene como atmósfera de fondo el símbolo de la “noche”, momento de prueba y de espera del alba, y el símbolo de la “luz”, signo de vida y de alegría por el encuentro del esposo.

El aceite es signo de la cordial hospitalidad oriental, de la alegría y de la intimidad, del mesianismo y de la consagración sagrada.

La sensatez, y la necedad es la antítesis que resume y desarrolla toda la teología sapiencial, reflejada con vivacidad en la colección de reflexiones que contiene el libro de los Proverbios.

La virginidad es muestra de donación, de cercanía a las bodas, de madurez humana y religiosa.

El retraso del esposo es una invitación a escrutar los signos misteriosos de la lógica de Dios, para que vivamos siempre en el día de bodas y en la expectativa de lo inminente de la salvación total.

La puerta cerrada es una pequeña parábola que tiene su mejor interpretación en la gélica respuesta “no os conozco”. Detrás de ella se celebra el banquete nupcial de la salvación mesiánica ofrecida a los sensatos vigilantes.

Andrés Pardo

 


 

Palabra de Dios:

Sabiduría 6, 12-16 Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 7-8
san Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-18 san Mateo 25, 1-13

 

de la Palabra a la Vida

La liturgia de la Palabra retoma el uso de las parábolas por parte de Cristo para hacer referencia al fin de los tiempos, a la llegada definitiva del Reino de Dios y sus consecuencias. En las parábolas, lo inesperado es imagen de la catástrofe que sobreviene de repente. El esposo que aparece en la noche, mientras las diez vírgenes duermen, representa una gran crisis que va a suponer una separación, un discernimiento. Algunas de ellas, que se han preparado, pasarán a un gran evento, feliz evento. Por el contrario, otras quedarán fuera por no haber realizado con atención la preparación necesaria. Los primeros discípulos no tenían fácil realizar esta identificación de Cristo con el esposo Mesías que sí aparece ya en san Pablo, para ellos Cristo les ha narrado una boda real, les ha explicado el cortejo y la liturgia para llamarles a la vigilancia, aunque veladamente haya hecho por identificarse con ese esposo. En un principio era mucho más fácil interpretar la parábola como una comparación entre el Israel que no se ha preparado para la venida del esposo, del Mesías esperado, y los pueblos gentiles que lo han reconocido y acogido.

Sin embargo, para la Iglesia primitiva, la aparición del esposo era imagen de la llegada de Cristo que tenía que producirse en la parusía. Su segunda venida sería el momento de la gran crisis. De ahí que esta parábola contenga una enseñanza muy importante acerca de la necesidad de prepararse para la venida escatológica del Señor. De hecho, todas las vírgenes de la parábola duermen cuando aparece el Señor, pero algunas se han preparado para ese momento comprando el aceite necesario. El alma sedienta de Dios no se cansa de esperar, al contrario, madruga cada día, como la sabiduría madruga en la primera lectura, ansiosa por encontrar el agua que calma su sed y que hace que la persona viva pendiente de las verdaderas preocupaciones, libre de otras preocupaciones más vanas.

Por eso, esta es la actitud que el cristiano tiene que aprender si quiere esperar de forma productiva al Señor. No vale acomodarse, no vale dejarse llevar por lo que los otros hagan o dejen de hacer, lo que es fundamental es tener la inteligencia de dejarse conmover por el deseo del alma, que siempre busca a Dios, de una forma o de otra. ¿Experimento en mí el deseo de Dios? ¿Es un deseo vivo, esperanzado, animoso? La parábola de hoy nos invita también a reflexionar sobre aquellos aspectos de la vida en los cuales nos hemos acomodado, hemos perdido el amor primero que nos mantiene ardientes para obrar y deseosos de encontrar al Señor, aunque sea esto lo que nuestra vida necesita. Las parábolas sobre el fin de los tiempos nos son propuestas ante la cercanía del fin del año litúrgico. Cada tiempo que llega a su fin nos acerca al fin definitivo: el momento de la separación. Los cristianos somos aquellos que nos distinguimos por no habernos dormido en el alma según el mundo, “tan callando”, sino que permanecemos con
el alma bien despierta, ansiosa por la llegada de Cristo que nos ilumine de verdad acerca del misterio de la vida.

Participar en la celebración de la Iglesia es una forma de tener en cuenta la promesa del Señor, pues no celebramos hasta cansarnos, sino “hasta que vuelvas”; celebrar es querer estar en vela. La belleza de vigilar cada día se expresa así, en que no hacemos sólo pensando en el día de hoy, sino sembrando con nuestra prudencia y sabiduría para ser invitados a entrar en la casa el día de mañana.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio de la Plegaria I por diversas circunstancias


En verdad es justo y necesario darte gracias
y cantarte un himno de gloria y de alabanza,
Señor, Padre de infinita bondad.
Porque has reunido por medio del Evangelio de tu Hijo
a hombres de todo pueblo, lengua y nación, en una única Iglesia,
y por ella, vivificada por la fuerza de tu Espíritu,
no dejas de congregar a todos los hombres en la unidad.
Ella manifiesta la alianza de tu amor,
ofrece incesantemente la gozosa esperanza del reino,
y resplandece como signo de tu fidelidad
que nos prometiste para siempre en Jesucristo, Señor nuestro.
Por eso, con todas las potestades del cielo y con toda la Iglesia,
te aclamamos en la tierra sin cesar, diciendo a una sola voz:
Santo, Santo, Santo..






 


Para la Semana

Lunes 13:

Sabiduría 1, 1 7. La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres: el espíritu del Señor llena la tierra.

Sal 138. Guíame, Señor, por el camino eterno.

Lucas 17,1 6. Si siete veces vuelve a decirte: “lo siento” lo perdonarás.

Martes 14:

Sabiduría 2,23-3,9. Los insensatos pensaban que habían muerto, pero ellos están en paz.

Sal 33. Bendigo al Señor en todo momento.

Lucas17,7-10. Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer
Miércoles 15:

Sabiduría 6,1-11. Escuchad, reyes, para que aprendáis sabiduría.

Sal 81. Levántate, oh Dios, y juzga la tierra.

Lucas 17,11-19. ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?
Jueves 16:

Sabiduría 7,22 8,1. La sabiduría es reflejo de la luz eterna, espejo nítido de la actividad de Dios.

Sal 118. Tu palabra, Señor, es eterna

Lucas 17,20 25. El Reino de Dios está dentro de vosotros.
Viernes 17:
Santa Isabel de Hungría, religiosa. Memoria

Sabiduría 13,1 9. Si han sido capaces de escudriñar el universo, ¿cómo no encontraron a su Señor?

Sal 18. El cielo proclama la gloria de Dios.

Lucas 17,26 37. El día que se manifieste el Hijo del Hombre.
Sábado 18:
San Josalat (1580 1623), obispo y mártir, trabajó por la unidad de la Iglesia.

Sabiduría 18, 14 16; 19,6 9. Se vio el mar Rojo convertido en camino practicable, y triscaban como corderos.

Sal 104. Recordad las maravillas que hizo el Señor.

Lucas 18,1 8. Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan.


Domingo de la 31ª semana de Tiempo Ordinario. – 05/11/2017

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Comentario Pastoral

LAS DOS IGLESIAS

El evangelista San Mateo respira en esta perícopa evangélica la tensión que se daba entre la iglesia de la Sinagoga y la Iglesia Cristiana. Son dos conceptos de iglesia prácticamente incompatibles. El primero destaca por su tradicionalismo, sus complicaciones teológicas y sofismas religioso- jurídicos, por su imagen pública y signos externos religiosos (filacterias y franjas). Este concepto de iglesia, que tiene su clave judaica no ha desaparecido del todo ni en todos.

Pero existe una segunda Iglesia. La de aquellos que sinceramente se sienten pecadores, que necesitan convertirse, que viven la propia vida como relación con Dios Padre, que entienden la caridad como servicio y ayuda a los más necesitados, que no están obsesionados por los méritos de sus obras. A las puertas de esta Iglesia está Cristo, que nos invita constantemente a entrar
en ella.

Existen, pues, dos conceptos de Iglesia, dos perfiles de sacerdocio, dos perspectivas religiosas, dos empeños pastorales. Nunca la estructura debe ahogar el espíritu. El empeño principal es, y debe ser, anunciar la Palabra, orar y vivir la caridad fraterna.

Pero en la Iglesia de Jesucristo no estamos libres de defectos, que debemos
examinar y corregir, si es necesario.

El legalismo opresivo: La fe es ante todo alegría interior, adhesión, perdón, esperanza y paz. No se puede vivir la religión sólo como un cumplimiento de normas, leyes y preceptos.

La incoherencia. Jesús dice de los letrados y fariseos que “no hacen lo que dicen”. No basta decir “Señor, Señor”, para entrar en el reino de los cielos, no basta llenar la boca de textos oracionales aprendidos de memoria.

El exhibicionismo religioso. No hay que tomar la religión para escalar puestos, para acumular privilegios, para conquistar prestigios si hace al caso y el momento.

El autoritarismo. La eterna tentación de la autoridad es olvidar su papel de mediación y de ayuda y de convertirse en fin y en tiranía.

Andrés Pardo

 


 

Palabra de Dios:

Malaquias 1, 14-2, 2b. 8-10 Sal 130, 1-3
san Pablo a los Tesalonicenses 2, 7b-9. 13 san Mateo 23, 1-12

 

de la Palabra a la Vida

La coherencia de aquel que hace en su vida aquello que predica hace que uno se gane entre los que contemplan esa unidad un profundo respeto. Cualquiera de nosotros podemos encontrar ejemplos de esto y de lo contrario a nuestro alrededor. Dios manifiesta hoy, en la liturgia de la Palabra, una verdadera paternidad entre los hombres precisamente porque es y actúa tal y como se revela en su ser. Por el contrario, no sucede así con los sacerdotes y maestros de la Ley, cuyas palabras no van acompañadas, ni mucho menos, por sus obras. Por eso no pueden ser reconocidos como auténticos “padres” ni ser nombrados “maestros”.

Solamente en Dios se encuentra esa coherencia de la que hace partícipes a los hombres a partir de la humanidad de Cristo. Así, mientras que la coherencia de vida produce paz, y nos lleva a desear hasta tal punto que se dé en nuestra vida que pedimos a Dios en el salmo: “guarda mi alma en la paz”, la incoherencia de los personajes hipócritas del evangelio produce desprecio, tristeza y se convierte en piedra de tropiezo para los que buscan cumplir la Ley de Dios, la Ley entera.

¿A quién podremos, entonces, dar gloria, reconocer su coherencia entre ser y hacer? La gloria sólo se le puede dar a Dios, que no abusa del prójimo, que no quiere engañar, que no oculta su infidelidad entre palabras y normas, sino que se hace hombre y se entrega por amor a nosotros, enseñándonos, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus pasos, que dice el Nuevo Testamento.

¿Podremos nosotros alcanzar semejante perfección y coherencia? ¿cómo podremos ponerla en práctica? Nadie duda de nuestra buena intención cada día, de nuestro deseo de hacer según el Señor nos ha enseñado constantemente, pero esa perfección sólo está al alcance de Dios y sólo podemos recibirla de Él.

La liturgia de la Iglesia es un ámbito privilegiado en el que se advierte la coherencia y el poder de Dios: si nos fijamos bien en nuestros celebraciones, si ponemos atención en las cosas que se dicen de Dios, en los verbos que acompañan al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, descubriremos que en ella Dios hace siempre aquello que decimos de Él. Entrando en comunión con Dios, por tanto, también nosotros recibiremos la fuerza de Dios para poder vivir esa coherencia: es necesario un corazón que no sea ambicioso ni altanero, que no busque elevarse por sí mismo sino que se deje elevar por el Señor, para descubrir su misteriosa capacidad.

¿Dónde experimento más dolorosamente la incoherencia en mí? ¿Busco en la humildad de mi vida ser fortalecido por el Señor y así ir ganando terreno a la tentación de vivir de la apariencia? La liturgia de la Palabra nos pone, además, sobre un ámbito en el que se manifiesta nuestra verdadera intención: si no busco despojar al prójimo de lo suyo, cargarle con lo mío, ocupar el sitio que es sólo de Dios, avanzo por buen camino. Si caigo en esa tentación, entro en el grupo de escribas y fariseos que Jesús critica.

Busquemos siempre esa coherencia que la Palabra de Dios hoy ensalza, coherencia por la cual es fácil reconocer en la vida a un verdadero “padre” que nos haga cercano a Dios, que nos haga desear vivir y ofrecer la paz del corazón generoso y humilde.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio para la solemnidad de Ntra. Sra. de la Almudena


En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar,
y proclamar tu grandeza en esta fiesta de la bienaventurada Virgen María.
Ella es Reina clemente que,
habiendo experimentado tu misericordia de un modo únido y privilegiado,
acoge a todos los que en ella se refugian, y los escucha cuando la invocan.
Ella es la Madre de la misericordia, atenta siempre a los ruegos de sus hijos,
para impetrar indulgencia, y obtenerles el perdón de los pecados.
Ella es la dispensadora del amor divino,
la que ruega incesantemente a tu Hijo por nosotros
para que su gracia enriquezca nuestra pobreza
y su poder fortalezca nuestra debilidad.
Por Él, los ángeles y los arcángeles te adoran eternamente, gozosos en tu presencia.
Permítenos unirnos a sus voces, cantando tu alabanza:
Santo, Santo, Santo…

 

Para la Semana

Lunes 6:
Santos Pedro Poveda Castroverde e Inocencio de la Inmaculada Canoura Arnau, presbíteros, y compañeros, mártires. Memoria.

Romanos 11,29 -36. Dios nos encerró a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.

Sal 68. Señor, que me escuche tu gran bondad.

Lucas 14,12-14. No invites a tus amigos, sino a pobres y lisiados.

Martes 7
Romanos 12,5-16a. Existimos en relación con los otros miembros.

Sal 130. Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor.

Lucas 14,15-24. Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se llene mi casa.
Miércoles 8:
Dedicación de la basílica de Letrán. Fiesta (trasladada).

Ezequiel 47,1-2.8-9.12. Vi agua que manaba del templo, y habrá vida allá donde llegue el torrente.

o bien:
1Cor 3,9b-11.16-17. Sois templo de Dios.

Sal 45. Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.

Juan 2,13-22. Hablaba del templo de su cuerpo.
Jueves 9:
Ntra. Sra. de la Almudena. Solemnidad.

Zacarías 2,14-17. Vi que manaba agua del lado derecho del templo, y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.

Jdt 13,18-19. Tú eres el orgullo de nuestra raza.

Apocalipsis 21,3-5a. Vi la nueva Jerusalén, adornada como una novia se adorna para su esposo.

Juan 19,25-27. Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre.
Viernes 10:
San León Magno, papa y doctor de la Iglesia. Memoria

Romanos 15,14-21. Ministro de Cristo Jesús para con los gentiles, para que la ofrenda de los gentiles sea agradable.

Sal 97. El Señor revela a las naciones su salvación.

Lucas 16,1-8. Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

Sábado 1:
San Martín de Tours, obispo. Memoria.

Romanos 16,3 9.16.22-27. Saludaos unos a otros con el beso ritual.

Sal 144. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Lucas l6,9-15. Si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera


Domingo de la 30ª semana de Tiempo Ordinario. – 29/10/2017

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Comentario Pastoral

EL AMOR ES LA PRINCIPAL PRIORIDAD


Existe hoy mucha dispersión y confusión provocada por la oferta de novedades competitivas,
que hacen viejo lo que ayer valía. Se fabrican mil “slogans” publicitarios para resumir y anunciar lo bueno e importante. Está de moda acuñar frases lapidarias que sintetizan lo principal, en el plano comercial, político e incluso religioso. En tiempos de Jesús les interesaba conocer lo principal de la ley, y hoy sigue siendo también actual esta pregunta para discernir entre las prioridades de la fe cristiana.

En la misa de este domingo treinta ordinario se leen dos textos importantes de la Biblia sobre el discernimiento de las prioridades cristianas, uno tomado del Éxodo y otro de San Mateo. En el primero se recuerdan una serie de preceptos ético sociales que para el hebreo constituían una especie de bloque legislativo o códice de la alianza adaptado a la vida religiosa y social. El forastero, el huérfano y la viuda, y el pobre eran los ciudadanos privados del defensor. Por eso Dios los había asumido bajo su especial protección y la comunidad debía rodearlos de amor, porque el que oprime al débil ultraja al que lo ha creado.

El diálogo de Jesús con los fariseos, que nos presenta el evangelio de hoy, es un diálogo polémico y revelador de la originalidad absoluta del mensaje cristiano. El innato deseo de clasificación jurista de los rabinos había entresacado y catalogado en la Biblia seiscientos trece preceptos de diferente valor, sobre los que discutían constantemente los profesionales de la ley. Jesús más que presentar dos mandamientos principales, lo que hace es ofrecer la perspectiva de fondo, el ámbito formal, la atmósfera religiosa en que debe ser interpretada la ley. Para Cristo la dimensión vertical (Dios) y la dimensión horizontal (prójimo) son inextricables, se interfieren y vivifican mutuamente, de tal modo que constituyen el “ser” cristiano genuino y total. El amor no es sencilla simplificación de la multiplicidad de prescripciones, sino la llave maestra de la Ley y de los Profetas.

Sabemos que amamos a Dios cuando somos conscientes de que amamos al prójimo, sobre todo al más débil. Desde los tiempos del Éxodo los que más sufren son los emigrantes forzosos, las viudas sin trabajo, los huérfanos desamparados; los pobres que carecen de todo. Ellos son primordialmente “los prójimos” los privilegiados de Dios. Muchos de ellos sufren sin esperanza, por eso solo tienen abierta la puerta de la desesperación. Sin embargo, cuando se encuentran con el amor cristiano auténtico entonces brilla para ellos la luz de un amanecer que da sentido a su vida. Todo amor que no es constante, genera ilusiones transitorias, no es cristiano.

Andrés Pardo

 

 

 

Palabra de Dios:

Éxodo 22, 20-26 Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 5lab
san Pablo a los Tesalonicenses 1, 5c-10 san Mateo 22, 34-40

 

de la Palabra a la Vida

La liturgia de la Palabra de este domingo nos ofrece la oportunidad de reflexionar acerca de uno de los pasajes centrales de la Ley no sólo tal y como Dios se la da a su pueblo, en el libro del Éxodo, sino sobre todo tal y como Jesucristo, el Maestro, la enseña.

Así, Cristo no sólo ofrece una forma de hacer, sino una forma de ser. El cristiano no es aquel que hace como a alguien, a un fundador, a Dios en este caso, se le ha ocurrido: hacemos tal y como Dios es. No podemos hacer de otra forma si queremos que se haga visible el amor invisible de Dios por nosotros y de nosotros por Él. La concreción del libro del Éxodo, así como la del segundo mandamiento que completa y hace visible el primero, nos permiten descubrir el misterio del amor de Dios. Dios es compasivo, ofrece su amor a los hombres, que experimentan cada día la injusticia y la debilidad, la intemperie y lo pasajero… y en medio de todo ello les ofrece su cuidado y su orden. Aquel que se reconoce en la necesidad verdadera, vuelve su mirada a Dios, y Dios para socorrerle se sirve… de los hermanos. Pide a los hermanos que obren con justicia para que, aquellos que lo sienten lejano por las circunstancias adversas de la vida, puedan reconocer en la compasión finita de los hombres la compasión infinita de Dios.

Y aquí se desvela un segundo misterio unido al primero, de forma análoga al segundo mandamiento unido al primero: el amor no sólo produce efecto en el que lo recibe, sino también en el que lo da. Al amar, experimentamos también la acción del amor de Dios, una acción que nos hace más fuertes, que nos permite experimentar no sólo la compasión del amor de Dios, sino también la inmensa firmeza de ese amor. Es por eso que la Iglesia repite en el salmo: “Yo te amo, Señor, Tú eres mi fortaleza”. Cuando el creyente en Dios ama, cuando obra con el prójimo según Dios le pide, no sólo fortalece al hermano débil o necesitado, sino que se reconoce fortalecido por Dios. Es este un camino maravilloso y misterioso que tenemos que cuidar, que tenemos que descubrir: en el amor al prójimo, soy amado, soy unido a Dios, porque me hago parte del orden con el que Él mismo quiere gobernar y ordenar el mundo. Ciertamente, es difícil ver esto con tanta injusticia que nos rodea, que parecen contradecir el poder de Dios, y sin embargo, es indudable la fuerza con la que el Señor desea llamarnos a obrar como Él para que se ve que Él es amor.

Un lugar donde la Iglesia aprende esta misma experiencia es la celebración de la Iglesia, donde el cristiano va a participar por amor a Dios, y por el amor de Dios se ve fortalecido. La liturgia no es ámbito de ritos vacíos, sino experiencia de amor, del amor de Dios, que no es tan visible como eficaz, que sabemos más que sentimos, que acogemos más que creamos. Ahí, la Iglesia nos invita a aprender a vivir el primer mandamiento en la concreción del segundo: ¿Amas a Dios? Pues ama a los hermanos, celebra con ellos, no al margen de los demás. Si esto no lo ponemos en práctica en la celebración de la Iglesia, haciéndola verdaderamente eclesial, católica, es difícil aceptar esa concreción en los avatares de cada día. La fortaleza que el Señor quiere darnos se manifiesta no en ir por libre, sino en ir con los hermanos. No se manifiesta en hacer lo que quiero, sino lo que
la Iglesia, pueblo reunido, quiere.

Por eso el primer mandamiento se pone a prueba en la Iglesia y desde ella: allí Cristo nos fortalece en su amor, amor estable, amor ordenado, amor que se da.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio de Todos los Santos


En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque hoy nos concedes celebrar a la ciudad santa,
la Jerusalén celeste, que es nuestra madre,
donde eternamente ya te alaba
la corona de nuestros hermanos.
Hacia ella, como peregrinos guiados por la fe,
nos apresuramos jubilosos,
compartiendo la alegría por la glorificación de los mejores miembros de la Iglesia,
en la que nos concedes también ayuda y ejemplo para nuestra debilidad.
Por eso, con la muchedumbre de los santos y de los ángeles
proclamamos tu grandeza y te alabamos clamando a una sola voz:
Santo, Santo, Santo…







Para la Semana

Lunes 30:

Romanos 8,12 17. Habéis recibido un Espíritu de adopción, en el que clamamos: “¡Abbá, Padre!”.

Sal 67. Nuestro Dios es un Dios que salva.

Lucas 3,10 17. A esta, que es hija de Abraham, ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?

Martes 31:

Romanos 8,18 25. La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios.

Sal 125. El Señor ha estado grande con nosotros

Lucas 13,18 21, El grano creció y se hizo un árbol.
Miércoles 1:
Todos los Santos. Solemnidad

Apocalipsis 7,2-4.9-14. Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas.

Sal 23. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.

1Juan 3,1-3. Veremos a Dios tal cual es.

Mateo 5,1-12a. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.
Jueves 2:
Conmemoración de todos los fieles difuntos.

Job 19,1.23-27a. Yo sé que está vivo mi redentor.

Sal 24. A ti Señor, levanto mi alma.

Filipenses 3,20-21. Transformará nuestro cuerpo humilde, según su modelo glorioso.

Marcos 15,33-39; 16,1-6. Jesús, dando un fuerte
grito, expiró.
Viernes 3:

Romanos9,1-5. Desearía ser un proscrito por el bien de mis hermanos.

Sal 147. Glorifica al Señor, Jerusalén.

Lucas 14,1-6. ¿A quién se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca en día de sábado?.
Sábado4:
San Carlos Borromeo. Memoria

Romanos 11,1 2a.11-12.25 -29. Si el rechazo de los judíos es reconciliación del mundo, ¿qué no será su reintegración sino volver desde la muerte a la vida?

Sal 93. El Señor no rechaza a su pueblo.

Lucas 14,1.7 -11 Todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido.


Domingo de la 29ª semana de Tiempo Ordinario. – 22/10/2017

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Comentario Pastoral

¿ES LÍCITO PAGAR IMPUESTOS?

En el evangelio de este domingo vigésimo noveno del tiempo ordinario, se lee el único pronunciamiento político-explícito de Jesús, provocado por la cuestión tributaria (Nunca fue agradable pagar impuestos, ni el hacer declaración de hacienda). E1 impuesto al César recordaba a los judíos que eran un pueblo dominado por los romanos y sometido a los paganos. Por eso el movimiento partidista antirromano, promovidos por los Zelotes, pretendía obstaculizar este pago fiscal. Más aún, la imagen del emperador que tenían las monedas en uso era para el hebreo observante un pecado idolátrico, que violaba el primer mandamiento.

La astuta pregunta de los fariseos tenía como finalidad comprometer a Jesús, que o criticaba la autoridad del César o criticaba la sumisión a Dios. La solución de Jesús les devuelve a ellos la responsabilidad de decir: “Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” significa lo siguiente: la moneda, sellada con la imagen de la pertenencia oficial al emperador romano, es del César; el hombre, sellado con la imagen divina, es deudor de Dios.

Jesús afirma por un lado la legitimidad del pago de impuestos, que es un deber romano, civil y moral. Por otro lado reconoce vigorosamente que existe una autonomía en la esfera religiosa, que no puede ser conculcada por ningún poder político. Contra el evangelio va tanto el divinizar al César como el politizar la religión.

El complejo debate sobre la relación entre “fe y política” no puede resolverse con excesiva simplicidad. En la historia reciente o pasada la Iglesia ha podido extender su acción en una esfera que pertenece “al César”, y viceversa; esto siempre provoca aparentes resultados positivos pero reales efectos negativos. La tentación teocrática aflora continuamente y corre el riesgo de esterilizar la palabra “cristiana” en movimientos, partidos e instituciones transitorias. Por otra parte, es preciso superar la evasión de una “tentación espiritualista” y aceptar que, al ser el hombre el objeto común del empeño religioso y político, la atención y las obras que la Iglesia desarrolla tengan también incidencias histórico políticas. El cristiano trata de ser “imagen de Dios” promoviendo la libertad, la justicia, la paz y el progreso de los pueblos. La fidelidad en lo religioso es la mejor garantía para una sana laicidad de la praxis política.

Andrés Pardo

 

 

 

Palabra de Dios:

Isaías 45, 1. 4-6 Sal 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10a y e
san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b san Mateo 22, 15-21

de la Palabra a la Vida

La grandeza de Ciro: esa es la primera característica que el profeta Isaías ensalza de aquel gran conquistador nacido de entre los persas. Ciro, que significa posiblemente “pastor”, una palabra llena de sentido cuando se trata de las antiguas profecías, es reconocido por el profeta como el “ungido”, el Mesías. ¿De quién estamos hablando? ¿Cómo podemos escuchar semejantes cosas de un pagano? Ciro llega a conquistar incluso a la gran Babilonia, para establecer el imperio persa más grande conocido hasta entonces, y concede a los israelitas que vivían deportados en Babilonia poder volver a Jerusalén a reconstruir su querido templo. Es, por tanto, el liberador de Israel, seis siglos antes de Cristo.

Pues bien, la grandeza de Ciro es guiada por los caminos providentes del Señor, que “lo lleva de su mano”. Hasta tal punto la Iglesia hoy contempla a Ciro y comprende su misión que exclama en el salmo: “Aclamad la gloria y el poder del Señor”. Es difícil que la grandeza humana no nos ciegue, pero es necesario que reconozcamos que el poder de los hombres no se consigue sin la concesión de Dios, sin su cuidado providente, y por eso no podemos sino comprender la altura de Ciro, la importancia del César, como algo pasajero, de lo que Dios se sirve, pero que nos tiene que llevar a reconocer que no hay otro Dios fuera del Dios de nuestros padres, que se nos ha revelado en Jesucristo: “¡No hay otro Dios fuera de mí!”, advierte Yahvéh por el profeta. Cuando tratamos a los hombres como si fueran dioses, cuando les reconocemos poderes y fuerzas como
algo adquirido al margen de Dios y de su voluntad, nos alejamos de la recta comprensión de la historia y de nuestro mundo, pues “los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo”: es decir, que no hay comparación.

En cualquier ámbito de nuestra vida, “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” significa aceptar la grandeza de los hombres como una grandeza concedida, significativa, y ciertamente, aprovechada, bien acogida por el que la ha reconocido y exprimido; pero esto nunca podrá cegarnos como para negar que el poder de superarse cada día tiene una huella, nos conduce al que nos ha hecho evolucionar, crecer, avanzar, desde una dinámica interna, inteligente, amorosa, que no es otro más que Dios. Por eso, la verdadera alabanza sólo se le puede rendir a Dios: una alabanza pasajera es para aquel que gobierna lo pasajero, pero una alabanza eterna, una alabanza con toda la vida, solamente Dios la merece. Ensalzar las acciones de los hombres, cercanos y lejanos, si vivimos nuestra vida guiados por la fe, por la enseñanza del Señor, nos conducirá a la alabanza eterna al Señor. No se trata nada más que de dar a cada uno lo suyo. ¿En qué signos de grandeza, de autoridad, de imaginación artística o creativa, podemos reconocer la huella del creador? ¿Somos capaces de mostrar ante los demás hacia dónde conducen esos signos, o nos acobarda dar al César y a Dios lo que le es propio a cada uno?

La celebración litúrgica es para nosotros maestra para aprender a diferenciar lo que pasa y lo eterno: aquí sólo se alaba a Dios. Sólo se reconoce a Dios el poder y la grandeza verdaderos, sólo Él merece toda alabanza. ¿Deseamos que sean sólo para Él el honor y la gloria? A veces no es tan fácil reconocer que no todo es nuestro, que no todo mérito nos corresponde, que hay algo fuera de nuestro alcance… pero que esto exista no es malo, al contrario, nos ayuda a reconocer nuestra grandeza y nuestra pequeñez, la humildad de Dios y su poder soberano.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio IX dominical del Tiempo Ordinario


En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque nos concedes en cada momento lo que más conviene
y diriges sabiamente la nave de tu Iglesia,
asistiéndola siempre con la fuerza del Espíritu Santo,
para que, a impulso de su amor confiado,
no abandone la plegaria en la tribulación, ni la acción de gracias en el gozo,
por Cristo, Señor nuestro.
A quien alaban los cielos y la tierra, los ángeles y los arcángeles
proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo…





Para la Semana

Lunes 23:

Romanos 4,20- 25. Está escrito por nosotros, a quienes se nos contará: nosotros, los que creemos en Él.

Salmo: Lc 1,69-75. Bendito sea el Señor, Dios
de Israel, porque ha visitado a su pueblo.

Lucas 12,13-21, ¿De quién será lo que has preparado?
Martes 24:

Romanos 5,12.15b.17-19.20b-21. Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado, con cuánta más razón reinarán en la vida.

Sal 39. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Lucas 12,35-38. Bienaventurados los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela.
Miércoles 25:

Romanos 6,12-18. Ofreceos a Dios como quienes han vuelto a la vida desde la muerte.

Sal 123. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Lucas 12,39- 48. Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará.
Jueves 26:

Romanos 6,19- 23. Ahora estáis liberados del pecado y hechos esclavos de Dios.

Sal 1. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

Lucas 12,49- 53. No he venido a traer paz, sino división
Viernes 27:

Romanos 7,18 -25a. ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?

Sal 118. Instrúyeme, Señor, en tus decretos.

Lucas 12,54- 59. Sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente?

Sábado 28:
Santos Simón y Judas, apóstoles. Fiesta.

Efesios 2,19-22. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles.

Sal 18. A toda la tierra alcanza su pregón.

Lucas 6,12-19. Escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles.


Domingo la 28ª semana de Tiempo Ordinario. – 15/10/2017

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Comentario Pastoral

INVITAR A COMER ES GESTO SIGNIFICATIVO E IMPORTANTE

Todas las culturas religiosas han dado a la comida un sentido comunitario entre los hombres, o de los hombres con la divinidad. En la Biblia el banquete es un gesto de capital importancia. La comida humana significa fiesta, hospitalidad, amistad, paz sagrada. Es signo de reconocimiento, de alegría por el retorno (parábola del hijo pródigo). Los sabios dan reglas de conducta para las comidas. En el banquete cobra especial relieve el rito previo purifícativo, la palabra, la música, la acción de gracias.

El banquete alcanza su mayor expresividad cuando viene Cristo. Se le invita a la mesa de Lázaro,a las bodas de Caná, a casa de Sim6n, come con publicanos, aprueba la hospitalidad, recomienda el último puesto en el banquete y da de comer a la multitud. Al resucitar se hace reconocer con un banquete, la comunidad cristiana revive al resucitado en la fracción del pan, en la alegría y comunión fraterna.

Interesa por tanto comprender y profundizar el significado de la parábola de los convidados a la boda del hijo del rey, que se lee en la Misa de este domingo vigésimo octavo del tiempo ordinario. Destacan dos temas: el rechazo de la invitación y el traje de fiesta.

El rechazo de la invitación que Dios hace, bajo la imagen de rey generoso, es muestra de desprecio, de autosuficiencia y de violencia; es uno de los grandes misterios de la libertad humana. Irse a las tierras propias es preferir las posesiones de aquí abajo. Refugiarse en los negocios indica la absorción total por el trabajo como bien absoluto que proporciona comodidad. Los que no agregan un barrunto de excusa y maltratan injustificadamente a los mensajeros, son quienes radicalmente rechazan cualquier oferta de gracia y de salvación.

Los primeros indignos invitados son sustituidos por los comensales encontrados en los cruces de los caminos de la vida. Uno no estaba vestido con el traje de fiesta. (Según una costumbre antigua los criados cubrían al convidado con una túnica blanca). Si el invitado del último minuto ignora quién es el que convida; si no sabe que para sentarse a la mesa del rey ha de lavarse y cubrirse con el vestido limpio de los festines nupciales, que le es ofrecido gratuitamente, entonces es arrojado a las tinieblas, porque está sucio. Las tinieblas exteriores son lo opuesto a la luz interior, que permite ver la salvación, la alegría y la paz.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Isaías 25, 6-10a Sal 22, 1-6
san Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19 20 san Mateo 22, 1-14

de la Palabra a la Vida

Un verbo marca sin duda la liturgia de la Palabra de este domingo: “preparar”. Lo encontramos en la primera lectura, en el salmo y en el evangelio. Lo que se prepara es algo que se está haciendo, que no ha llegado a su punto final aún, y en estos tres relatos su aparición no es casual. Tampoco lo es que, en todos los casos, el sujeto sea el mismo: Dios es el que prepara.

En los tres casos, lo que prepara es un gran festín, un gran banquete en el que somos invitados a participar todos. Conocidos y desconocidos, de una forma o de otra, antes o después, todos son llamados a participar en ese gran festín. ¿Cuándo sucede? ¿En qué fecha es? “Aquel día” es una referencia al final de los tiempos: en el último día, hasta los trabajadores del último momento serán convocados a participar en ese banquete. Esa misma referencia al final la encontramos en el evangelio: sin duda, sucederá al final de todo y con todos invitados a participar. Por aquella puerta de palacio, de las puertas del cielo, los invitados irán desfilando y, aquellos que deban hacerlo, entrarán al banquete.

Pero el salmo, esa respuesta de la Iglesia a lo que escucha en la primera lectura, hace a la Iglesia cantar: “preparas una mesa ante mí”. Estamos hablando, entonces, de un suceso presente; la Iglesia se reconoce invitada a una fiesta que ya ha empezado. El creyente ya puede ver cómo su copa rebosa, y lo hace sobre el altar, donde el festín es festín eterno, de alimentos que duran desde que son confeccionados aquí y para siempre allí. Es la forma de Dios de hacernos ver que lo que se promete ya se entrega.

Pero para recibir lo que ya se entrega no basta con venir: la segunda parábola del evangelio, la del vestido de bodas, pone en evidencia que la invitación al banquete ha de ser bien acogida, que queda en manos del invitado aceptar la propuesta. El vestido es la conversión necesaria para poder entrar dignamente a quien lo ha dispuesto todo para nosotros. El agradecimiento a la invitación inmerecida se hace visible en cómo nos preparamos para el evento. Esto, como la invitación del salmo, es parte del presente. La participación en el banquete al que aquí somos invitados en la celebración sacramental tiene una preparación, un vestido, también sacramental, en el bautismo y la penitencia.

Así, la entrada en el banquete al final de los tiempos es ya visible: ha empezado a suceder ahora, en nuestros días, en los que elegimos una vida confiada al Señor, en los que somos llamados a la conversión y nos preparamos para entrar en la celebración sacramental. ¿Soy consciente de que he sido invitado a entrar en el banquete del cielo no por ninguna importancia mía, sino por la gracia de Dios? ¿Vivo la santa misa como entrada en ese banquete, que Dios ha preparado para mí? ¿Cómo es mi conversión, en concreto, para entrar en él, en qué se manifiesta?

Las parábolas de Jesús nos van a acompañar en estos últimos domingos del Tiempo Ordinario, y muchas de ellas hacen referencia a lo que sucederá en el final de los tiempos; sin embargo, no nos despistemos: no todo queda para entonces en una misteriosa nebulosa, más bien al contrario, en ellas se nos permite ver ya el futuro que nos espera. Sólo es necesario tomarlas en serio, no como un cuentecillo con mensaje moral, sino como una definición seria del Reino de Dios, y por lo tanto, como un mensaje que afecta directamente a nuestra vida presente.

De momento, hoy queda claro que ya se nos muestra lo que Dios ha preparado para nosotros:¿cómo lo queremos vivir?

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio I de los apóstoles


En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque Tú, Pastor eterno, no abandonas nunca a tu rebaño,
sino que por medio de los santos apóstoles
lo proteges y conservas,
y quieres que tenga siempre por guías
a los mismos pastores
a quienes tu Hijo estableció como enviados suyos.
Por eso
con los ángeles y arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo.



 


Para la Semana

Lunes 16:

Romanos 1,1 7. Por Cristo hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre los gentiles.

Sal 97. El Señor da a conocer su salvación.

Lucas 11,29 32. A esta generación no se le dará más signo que el signo de Jonás.

Martes 17:
San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir. Memoria.

Romanos 1,16 25. Habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como Dios.

Sal 18. El cielo proclama la gloria de Dios.

Lucas 11,37 41. Dad limosna y lo tendréis limpio todo.

Miércoles 18:
San Lucas, evangelista. Fiesta.

2Tim 4,10-17b. Lucas es el único que está conmigo.

Sal 144. Tus santos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado.

Lucas 10,1-9. La mies es abundante y los obreros pocos.

Jueves 19:

Romanos 3,21 30a. El hombre es justificado por la fe, sin obras de la Ley.

Sal 129. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Lucas 11,47 -54. Se pedirá cuenta de la sangre de los profetas, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarias.
Viernes 20:

Romanos 4,1-8. Abrahán creyó a Dios y le fue contado como justicia.

Sal 31. Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.

Lucas 12,1-7. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados.

Sábado 21:

Romanos 4,13.16-18. Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza.

Sal 104. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.

Lucas 12,8-12. El Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que teneís que decir.


Domingo de la 27ª semana de Tiempo Ordinario. – 08/10/2017

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Comentario Pastoral

SIMBOLISMO BíBLICO DE LA VIÑA

La viña para la Biblia es un símbolo transparente de Israel y de su historia con su trama de bien y de mal, de fe e infidelidad, El “canto con la viña” del profeta y poeta Isaías que se lee como primera lectura en este domingo vigésimo séptimo, es una de las piezas líricas antiguas más impresionantes, que conserva hoy toda su belleza y vigor. Este canto otoñal, compuesto probablemente para la fiesta de la vendimia, tiene una fuerza de expresión que hay que entender en clave matrimonial. Junto a expresiones de amor total encontramos lamentos desilusionados.

La viña tiene algo de misterioso y su fruto regocija a dioses y a hombres. La presencia de viñedos es signo de la bendición de Dios, que es presentado en muchos textos bíblicos como esposo y viñador. La viña es imagen de sabiduría, de fecundidad, de riqueza, de esperanza, de sosiego, de alegría. Por eso el israelita devoto siempre le consoló recordar que Noé, el justo, plantó una viña en una tierra que Dios prometió no volver a maldecir ni castigar.

La viña evoca siempre la esperanza. “¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?”. Las uvas que Dios espera de su pueblo, viña escogida, son frutos de justicia y no la agria vendimia de sangre derramada.

Donde se entiende perfectamente el canto de Isaías es en la parábola de Jesús sobre los viñadores homicidas. El propietario es Dios; los labradores que arriendan la viña representan al pueblo hebreo; los criados enviados son los profetas; el hijo del dueño es Cristo. La historia del pueblo elegido es una secuencia de rechazos, de negaciones, de delitos, que revela el misterio del pecado y de la incredulidad humana. Pero el nuevo Israel, que es la comunidad cristiana, se identifica con los fieles hebreos, que escucharon la voz de los profetas y creyeron. Los labradores de la viña que entregan los frutos a su tiempo son los que obran con justicia y defienden el derecho sin asesinatos ni lamentos. La injusticia es la respuesta negativa que el hombre da a la esperanza y confianza que Dios ha depositado en él.

No deja de ser sorprendente que Dios mismo, propietario de la viña, haya plantado la cepa auténtica que es Jesús. Podado en la cruz, ha dado el fruto generoso de la salvación, derramando el vino de su sangre, prueba definitiva de amor. Él es la vid verdadera y sus discípulos los sarmientos fecundos que llevan fruto abundante.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Isaías 5, 1-7 Sal 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20
san Pablo a los Filipenses 4, 6-9 san Mateo 21, 33-43

de la Palabra a la Vida

El relato del evangelio de hoy es una alegoría que cautiva por el procedimiento tan aparentemente natural según el cual se van desarrollando los acontecimientos que Jesús narra en su historia. Cualquier judío que escuchara el comienzo del relato de Jesús llevaría necesariamente su pensamiento al canto de la viña que hemos escuchado en la primera lectura, Is 5. La cerca el lagar, la torre… no hay duda, estamos hablando de aquel relato. Cualquier judío también podía entender lo que nosotros hemos reconocido al escuchar el salmo: “La viña es la casa de Israel”. Es una imagen clásica para hablar del pueblo elegido y del dueño de la viña, aquel que ha cuidado de su pueblo de forma providencial. Sí no se habla de un viñador terreno, sino de Dios y de Israel, por eso se considera un relato de género alegórico.

El envío de los siervos a la viña es realmente dramático: de forma que parece inevitable, los siervos van siendo alternativamente maltratados, sin que su referencia al dueño de la viña les asegure protección y vida, sino que, al contrario, provoca en ellos odio y muerte. No hay duda: son los profetas y el destino que han ido padeciendo. Los del primer envío y los del segundo, es decir, los profetas antiguos pero también los recientes, experimentan ese maltrato de parte de los que tendrían que reaccionar acogiendo con alegría la llegada de los siervos y reaccionan con odio y una actitud cada vez más depravada y ofensiva.

El envío del hijo es, en realidad, el envío del Hijo. Primero expulsado, después muerto fuera de la ciudad, aludiendo así a cómo tenía también que morir Jesús fuera de Jerusalén, le dan ya un matiz claramente cristológico al relato. Por eso, como la piedra rechazada es ahora la piedra angular, Cristo, el Hijo, tendrá que padecer el mismo rechazo para poder ser reconocido como piedra angular. Al final, después de haber experimentado el asombro ante la paciencia del dueño, ante la esperanza sin fundamento de los trabajadores y la trágica muerte del heredero, podemos encontrar una rebeldía que será respondida de forma oportuna y misteriosa por el dueño: ¿qué significa arrendar la viña a otros? Significa que no sólo el pueblo de Israel tiene acceso a la viña, a la salvación de Dios, a ser parte del pueblo de Dios. Ellos no han acogido la palabra que se les ha ofrecido de tantas formas y en tantas personas.

Para nosotros sería torpe quedarnos en la crítica al pueblo de Israel: necesitamos mirar también nuestra actitud ante lo que se nos ha dado, ante los derechos que nos creamos por causa de nuestra fe y ante la capacidad de obediente escucha de la Palabra de Dios que se nos ofrece. Dios cuida de su Iglesia con auténtico amor, con un mimo que se manifiesta en tantos y tantos detalles que reclaman de nosotros un corazón dispuesto a acoger, no tanto a exigir. El que se acostumbra a lo que tiene se vuelve exigente, lleno de derechos, y a la vez ciego para valorar la realidad sobre quiénes somos y todo lo que se nos ha dado. Quizá podría servirnos este evangelio para valorar la salvación y cómo la acogemos. Si la hacemos a nuestra manera o si la acogemos con humildad. Si queremos distribuirla a nuestro gusto (y nuestro gusto puede ser retenerla sin más, conformarme a no comunicarla) o por el contrario hacer partícipes a otros. La Iglesia en sí ya es signo evidente de lo que Dios espera: que acojamos al Hijo para que vivamos juntos en su casa.

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio de la Plegaria Eucarística II por diversas circunstancias

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, creador del mundo y fuente de toda vida:
Porque no abandonas nunca la obra de tu sabiduría
sino que obras con tu providencia en medio de nosotros.
Guiaste a tu pueblo Israel por el desierto
con mano poderosa y brazo extendido;
ahora acompañas a tu Iglesia, peregrina en el mundo,
con la fuerza constante del Espíritu Santo
y la conduces por el camino de la vida temporal
hacia el gozo eterno de tu reino,
por Cristo, Señor nuestro.
Por eso, también nosotros con los ángeles y los santos,
cantamos el himno de tu gloria, diciendo sin cesar:
Santo, Santo, santo…




 

Para la Semana

Lunes 9:

Jonás 1,1 2,1 11. Se levantó Jonás para huir lejos del Señor.

Salmo: Jon 2,3-5.8. Tú, Señor, me sacaste vivo de la fosa.

Lucas 10,25 37. ¿Quién es mi prójimo?

Martes 10:

Jonás 3,1-10. Los ninivitas se convirtieron de su mala vida, y Dios se compadeció.

Sal 129. Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?

Lucas 10,38 -42, Marta la recibió en su casa. María ha escogido la mejor parte.
Miércoles 11:
Santa María Soledad Torres Acosta. Memoria

Jonás 4,1-11. Tú te compadeces del ricino, ¿y no me he de compadecer yo de Nínive, la gran ciudad?

Sal 85 Tú, Señor, eres lento a la cólera y rico en
piedad.

Lc 11,1-4. Señor, enséñanos a orar.

Mateo 7,7 11. Quien pide, recibe.

Jueves 12:
Bienaventurada Virgen María del Pilar. Fiesta.

1Cron 15,3-4. 15-16; 16,1-2. Llevaron el Arca de Dios y la colocaron en el centro de la tienda que David le había preparado.

O bien: Hch 1,12-14. Perseveraban unánimes en la oración, junto con María, la madre de Jesús.

Sal 26. El Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado.

Lucas 11,27-28. Bienaventurado el vientre que te llevó.
Viernes 13:

Joel 11,13-15;2,1-2 El día del Señor, día de oscuridad y tinieblas.

Sal 9. El Señor juzgará el orbe con justicia.

Lucas 11,15-26 Si yo echo los demonios con el dedo de Dios,entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.

Sábado 14:

Joel 4,12 21, Mano a la hoz, madura está la mies.

Sal 96. Alegraos, justos, con el Señor.

Lucas 11,27 28. ¡Dichoso el vientre que te llevó! Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la palabra de Dios!.

 

Domingo de la 26ª semana de Tiempo Ordinario. – 01/10/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

EL COMPROMISO DE DECIR “SÍ”

Las afirmaciones demasiado espontáneas, las respuestas inmediatas, casi sin pensar, deben ser sometidas a una crítica y análisis. Porque muchas veces el “sí” es un “no”, y viceversa. Decir “sí” es cosa muy distinta a hacer. El que da un paso adelante precipitadamente acaba retirándose apenas se encuentra fuera del alcance de la vista del superior. Por eso el que va regalando constantemente respuestas fáciles, la mayoría de las veces claudica ante empeños o situaciones difíciles.

En contraposición existen personas, como el primer hijo de la parábola que se propone en la Misa de este domingo vigésimo sexto, que son inquietas, rebeldes, que de entrada niega, pero que tienen un corazón de oro. Los rebeldes son apasionados porque han padecido algunas desilusiones, porque son fieles a unos valores olvidados. No saben emplear la palabra lisonjera, aparentemente viven en manifiesta desobediencia, se sienten incapaces de reducir la vida a saludos fáciles, son atrevidos porque parece que dicen “no” a todo.

La pregunta de Jesús es vigente y nos interpela a todos: “¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?’. Lo que importa, por consiguiente, es cumplir la voluntad del padre: cultivar la viña. Solamente los obreros de la verdad, y no los especialistas del “sí” fácil y de comprometido, son los verdaderos hijos. Porque el padre solamente reconoce como hijo a aquel que cumple su voluntad, y se esfuerza, y trabaja en la viña de la Iglesia. Sin embargo no llama “hijo” al que se limita a proclamar la simple intención de cumplir. Existen demasiados intencionistas de primera buena voluntad, pero que después hacen lo que les da la gana. Muchos se creen merecedores de un diez en conducta simplemente porque han dicho “voy, Señor”. Dios no se deja engañar por nuestro “sí” repentino, sino que echa una ojeada por la viña para ver si estamos y qué es lo que hacemos de bueno.

Se debe desterrar siempre un concepto de obediencia falsa e hipócrita, que suma inutilidades a la atonía del mundo. La verdadera obediencia, descrita en los textos bíblicos de hoy, significa humildad, cercanía a los otros, eliminación de la vanagloria, superación de los intereses personales, dominio del gusto personal y del fácil deseo de poder. Es donación como la de Cristo, el Hijo de Dios; es servicio a la entera comunidad humana. ¡Cuántos sepulcros blanqueados de aparente obediencia esconden muerte y vacío!

Andrés Pardo

 


Palabra de Dios:

Ezequiel 18, 25-28 Sal 24, 4bc-5. 6-7. 8-9
san Pablo a los Filipenses 2, 1-11 san Mateo 21, 28-32

de la Palabra a la Vida

El verbo “recapacitar” une de forma discreta la primera lectura con el evangelio de hoy. Que el hombre que ha tomado una mala decisión pueda “recapacitar” lo hace posible la misericordia de Dios, una misericordia que crea un espacio en el que lo que se ha dicho, hecho o decidido mal puede ser transformado en algo que se dice, hace o decide bien. La misericordia toma la forma, entonces, de paciencia en las lecturas de hoy. Abre un margen más amplio, que sólo con existir ya permite que donde se había dicho “no” ahora pueda decirse “sí”. Aquí contrasta ese espacio que Dios crea y con el que capacita al hombre para la obediencia con ese “voy” del hombre con el que este se incapacita para la obediencia y el seguimiento.

Lo sabemos bien, que todos hemos sido niños: “voy” es una palabra que manifiesta una derrota, significa que la pereza, la falta de amor, el desinterés, ya se están haciendo fuertes en el corazón. El auténtico amor directamente “va”: no tiene necesidad de anunciarse, de incitar a la espera, sino que obra. Y sin embargo, he aquí un contraste todavía mayor: ni siquiera todas las veces juntas que podamos decir en nuestra vida “voy” son tan persistentes como la misericordia de Dios, que espera para nuestra conversión. Así, en esa espera podemos descubrir algo precioso del ser de Dios: una mirada paciente y esperanzada, una forma de ser que permite que el hombre recapacite.

Cuando uno profundiza en cómo Dios crea ese espacio para nosotros, y a la luz del evangelio del domingo pasado, podemos entender que nuestro corazón esté llamado a mirar a los demás con ese deseo de favorecer ese espacio para otros. No hay signo en nosotros que manifieste mejor la acción de Dios en nuestra vida que el hecho de que esperemos con buen ánimo la conversión del que nos rechaza, niega o desobedece: esperanzador para el prójimo. Es precisamente ese el espacio por el que “los publicanos y las prostitutas” han aceptado entrar para llevar la delantera a quien niega el poder de la conversión. Es llamativo cómo el mismo Juan Bautista ejerce de testigo de quién entrará antes en el Reino de los cielos: Juan ha llamado a la conversión, ha creado ese espacio necesario, pero de los que menos esperaba ha escuchado: “voy”. Tanto es así que los que parecían más lejanos se alegran al encontrar abiertas las puertas del cielo, y aunque al
principio dijeron “no”, ahora vienen.

Por eso, Dios sabe cuándo un “no” es un anuncio de conversión, y nos mira esperanzado. La Iglesia que se reúne para celebrar y recibir la gracia de Cristo encuentra en esta la fuerza para vencer la parálisis de anunciar que va pero no ir. ¿Cuáles son los momentos o las propuestas de conversión en los que experimento mi propia debilidad? ¿Cómo afronto que los demás acepten y acojan el camino de la conversión, de ir cada día en silencio acercándose un poco más a Dios, sin hacer ruido, conmovidos por la misericordia de Dios?

“Mañana le abriremos, respondía, para lo mismo responder mañana” es otra forma de decir ese “voy”. Sólo la misericordia del Padre unida a la gracia de Cristo permiten al hombre romper estas ataduras, esa fuerza que le domina y le impide ir. Pero sabemos que Dios, que mira esperanzado, pondrá a nuestro alcance esa fuerza siempre.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio común IV

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Pues aunque no necesitas nuestra alabanza,
ni nuestras bendiciones te enriquecen,
tú inspiras y haces tuya nuestra acción de gracias,
para que nos sirva de salvación,
por Cristo, Señor nuestro.
Por eso, unidos a los coros angélicos, te alabamos proclamando llenos de alegría:
Santo, Santo, Santo…


Para la Semana

Lunes 11:
Santos ángeles custodios. Memoria.

Zac 8m,1-8. Estoy para salvar a mi pueblo de Oriente a Occidente.

Sal 101. El Señor reconstruyó Sión y apareció en su gloria.

Mt 18,1-5.10. Sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial.
Martes 12:
Zacarias 8,20- 23. Vendrán pueblos numerosos buscando al Señor en Jerusalén.

Sal 86. Dios está con nosotros.

Lucas 9,51- 56. Tomó la decisión de ir a Jerusalén.
Miércoles 13:
San Francisco de Asís. Memoria.

Nehemias 2,1-8. Si le parece bien al rey, permítame ir a la ciudad de mis padres para reconstruirla.

Sal 136. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

Lucas 9.57-62. Te seguiré adonde quiera que vayas.
Jueves 14:
Témporas de acción de gracias y de petición. Feria mayor.

Dt 8,7-18. Dios te da la fuerza para adquirir esa riqueza.

Salmo: 1Cr29,10-12. Tú eres Señor del universo.

2Co 5,17-21. Os pedimos que os reconciliéis con Dios.

Mt 7,7-11. Todo el que pide recibe.

Viernes 15:

Baruc 1,15 22. Hemos pecado contra el Señor desoyendo  sus palabras.

Sal 78. Por el honor de tu nombre, Señor, líbranos.

Lucas 10,13 16. Quien me rechaza a mi, rechaza al que me ha enviado.
Sábado 16:
Bienaventurada Virgen María del Rosario. Memoria.

Barna 4,5 12,27 -29. El mismo que os mandó las desgracias os mandará el gozo.

Sal 68. El Señor escucha a sus pobres.

Lucas 10,17- 24. Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.


Domingo de la 25ª semana de Tiempo Ordinario. – 24/09/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

LOS ÚLTIMOS IGUAL QUE LOS PRIMEROS

“Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”. Esta frase, que se lee en la primera lectura de la Misa de este domingo veinticinco del tiempo ordinario, es síntesis clave perfecta para entender el comportamiento, irracional e injusto según los esquemas económicos en uso, del propietario de la viña.

En la parábola destacan dos extremos: la contratación progresiva, a lo largo del día, de obreros para la viña, los cuales reciben por igual el mismo jornal, y la indignación polémica de los primeros, que pensaban recibir más. En la parábola se ven claramente reflejados los fariseos y justos, “los primeros”, que se escandalizan de que Jesús ofrezca la salvación también a los pecadores, “los últimos”. Esta reacción sigue siendo demasiado frecuente, incluso en la Iglesia de hoy.

De hecho, los jornaleros de la viña más que reclamar un salario mayor, lo que hacen es lamentarse fuertemente porque han sido tratados por igual los contratados al amanecer y los que llegaron a última hora. Esta reacción es similar a la del neofariseismo, que se escandaliza por la apertura y ofrecimiento de la Buena Nueva a los pobres, humildes, desheredados y pecadores.

Junto con la contraposición de “primeros y últimos”, se puede entender también la antítesis “judaísmo -universalismo”. Tratar por igual a los paganos hería ciertos privilegios y cierta lógica humana que consideraba la salvación como un bien y un patrimonio nacional. Jesús trata por igual a todos, a judíos y paganos, a justos y a pecadores. La vieja alianza basada en el derecho y en la justicia es sustituida por la nueva, fundada exclusivamente en la gracia. El Reino es un don de Dios y no un salario por las obras de la ley; la salvación no es una recompensa contractual, sino una iniciativa divina, hecha por amor, a la que el hombre es invitado a participar con alegría y sin limitaciones.

En los planes de Dios no media proporción entre el jornal celeste y la obra humana, que nos lo hace merecer. Las obras terrenas merecen salarios terrenos; el trabajo en la viña del Señor recibe un premio sin proporción con el mérito. Por eso los últimos son tratados como primeros, porque nadie los había contratado, por que permanecieron a la espera durante el día entero, atentos a la llamada. ¿Qué justicia es ésta? Justicia divina.

Andrés Pardo

Palabra de Dios:

Isaías 55, 6-9 Sal 144, 2-3. 8-9. 17-18
san Pablo a los Filipenses 1, 20c-24. 27a san Mateo 20, 1-16

 

de la Palabra a la Vida

Cuando tratamos de encajar en nuestra forma de funcionar y de medir las relaciones la forma de hacer de Dios y de hacer con nosotros nos encontramos con que el sistema falla y hay que tomar una decisión entre dos caminos posibles, a saber: o fiarme de su forma extraña de hacer, como con el hijo pródigo, por ejemplo, o enfadarme y echarle en cara su manía de salirse de lo habitual. El evangelio de hoy presenta en una parábola la crisis de aquellos que se enfadan porque tratan de encajarlo en su visión del trabajo y de la justicia, mientras que Él busca llevarlos a algo más grande.

Dos son los motivos de queja de los labradores que, desde el principio de la jornada han trabajado en la viña del amo: que han hecho más horas de labor que ningún otro, cobrando lo mismo, y el calor que ha endurecido el trabajo en las horas centrales del día, que no han sufrido los que han llegado a la puesta de sol, con un clima más favorable. La duración y la dificultad. Son diferencias tan evidentes que no cabe duda de que se presentan llenos de razones ante el amo, al que tratan con malas maneras. Sin embargo, la respuesta del amo es sorprendente: “¿Tienes envidia de mí porque yo soy bueno?” ¿Qué bondad es esa? ¿Qué tiene ese denario que es insuperable? Dios no quiere ofrecer la salvación sólo a unos pocos, es más, la ofrece a publicanos y pecadores, como si estos fueran los de la última hora… Ciertamente, “el Señor es clemente y misericordioso”, ofrece su denario a todos sin merecimiento, aunque diga el salmo que “el Señor es justo y bueno en todas sus acciones”.

Cuando el amo de la viña se transforma en el Señor, entonces el denario del final de la jornada se convierte en el Reino de Dios al final de la vida. Y entonces la parábola adquiere un sentido nuevo: Algunos privilegiados han tenido en su mano la posesión del Reino desde el principio de su vida. Ciertamente, les ha tocado sudar, afrontar dificultades, en determinados momentos la tarea se les ha hecho larga… pero la han afrontada teniendo el Reino de Dios en su mano, como un seguro y un sentido a todo el trabajo. Algo que no han tenido los trabajadores de última hora, los que sólo al final de la vida han disfrutado de la viña del Reino. Por eso, el trabajo en la viña no puede afrontarse de malas maneras, y ni la dureza ni la duración pueden hacernos rechazarlo, renegar de él, pues ofrece la salvación, ofrece saber que estamos trabajando con un sentido claro. Aquellos trabajadores tenían en su mano la vida eterna, la han tenido toda su vida… y no la han sabido valorar, se han quejado… Hay privilegios que tenemos que prestar atención para saber valorarlos. El Señor, sí, está siendo bueno con los de la última hora, pero no lo ha sido menos con los del principio del día. Verdaderamente, ahora se ve bien que “mis planes no son vuestros planes”.

El Señor sabe lo que se hace, y no se deja vencer por las dificultades, ni siquiera por el hecho de que sus trabajadores se revuelvan: Él nos está dando ya la vida eterna, la posesión del Reino. Quizás convendría valorar así nuestra fe, la eucaristía, la Iglesia, cada tarea o testimonio de fe que se nos pide… como la certeza del don recibido. Partiendo de la certeza del don, o partiendo de la bondad del dador, la conclusión es la misma, el privilegio de trabajar en esta urgente tarea. Nuestra experiencia de creyentes nos sitúa ya trabajando para el Señor, llamados por Él por pura gracia, porque es misericordioso, y no sólo tenemos que alegrarnos por ello a pesar de las dificultades, sino que también tenemos que desear que sean muchos más los que, cada día, quieran venir a trabajar con nosotros de sol a sol.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio de los ángeles

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Y proclamar tus alabanzas en tus ángeles y arcángeles
pues lo que se honra verdaderamente en ellos redunda en tu grandeza y gloria.
Siendo ellos dignísimos de todo honor,
Tú eres inmenso y has de ser reconocido sobre todas las cosas,
por Cristo Señor nuestro.
Por Él, la multitud de los ángeles celebra tu majestad;
a ellos nos unimos en gozosa adoración cantando a una sola voz tu alabanza:
Santo, Santo, Santo…

 

 

Para la Semana

Lunes 25:
Esdras 1,1-6. El que pertenezca al pueblo del Señor que suba a Jerusalén, a reconstruir el templo del Señor.

Sal 125. El Señor ha estado grande con nosotros

Lucas 8,16-18. La lámpara se pone en el candelero para que los que entren vean la luz.
Martes 26:
Esdras 6,7 8.12b,14 -20. Terminaron la el templo y celebraron la Pascua.

Sal 121. Vamos alegres a la casa del Señor.

Lucas 8,19- 21. Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.
Miércoles 27:
San Vicente de Paúl, presbítero. Memoria.

Esd 9,5-9. Dios no nos ha abandonado en nuestra esclavitud.

Salmo: Tob 13,1b-5.10. Bendito sea Dios, que vive eternamente.

Lc 9,1-6. Los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos.
Jueves 28:
Ageo 1,1-8. Construid el templo, y me complaceré con él.

Sal 140. El Señor ama a su pueblo.

Lucas 9,7-9. A Juan le mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?

Viernes 29:
Santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Fiesta.

Dan 7,9-10.13-14. Miles y miles lo servían.

o bien:

Ap 12,7-12a. Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón.

Sal 137. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

Jn 1,47-51. Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.
Sábado 30:
San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia. Memoria.

Zacarías 2,5 9.14-15a. Voy a habitar en medio de ti.

Sal Jer. 31,10-13 El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.

Lucas 9,43h- 45. El Hijo del hombre va a ser entregado. Les daba miedo preguntarte sobre el asunto.


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