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LOS TRES PAPAS.

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Hoy vamos a dejar que el comentario del Evangelio nos lo hagan los tres últimos Papas.

San Juan Pablo II:

“¡Sí, “todo el mundo te busca”, Jesucristo! 
Muchos te buscan directamente, llamándote por tu nombre, con la fe, la esperanza y la caridad. 
Hay algunos que te buscan indirectamente: a través de los otros. 
Y hay otros que te buscan sin saberlo… 
Y están incluso los que te buscan, aun cuando niegan esta búsqueda. 
A pesar de esto, te buscan todos, te buscan antes de nada porque tú los buscas primero; porque tú te has hecho hombre por todos en el seno de la Virgen Madre, porque tú has redimido a todos con el precio de tu cruz. 
De este modo has abierto, en las sendas intrincadas e impracticables de los corazones humanos y del destino del hombre, el camino”.

Benedicto XVI:

“En este episodio aparece simbólicamente toda la misión de Jesús. Jesús, viniendo del Padre, llega a la casa de la humanidad, a nuestra tierra, y encuentra una humanidad enferma, enferma de fiebre, de la fiebre de las ideologías, las idolatrías, el olvido de Dios. El Señor nos da su mano, nos levanta y nos cura. Y lo hace en todos los siglos; nos toma de la mano con su palabra, y así disipa la niebla de las ideologías, de las idolatrías. Nos toma de la mano en los sacramentos, nos cura de la fiebre de nuestras pasiones y de nuestros pecados mediante la absolución en el sacramento de la Reconciliación. Nos da la capacidad de levantarnos, de estar de pie delante de Dios y delante de los hombres. Y precisamente con este contenido de la liturgia dominical el Señor se encuentra con nosotros, nos toma de la mano, nos levanta y nos cura siempre de nuevo con el don de su palabra, con el don de sí mismo”.

Francisco:

“Esto sucede también en nuestro tiempo, cuando, no obstante las múltiples conquistas de la ciencia, el sufrimiento interior y físico de las personas suscita fuertes interrogantes sobre el sentido de la enfermedad y del dolor y sobre el porqué de la muerte. Se trata de preguntas existenciales, a las que la acción pastoral de la Iglesia debe responder a la luz de la fe, teniendo ante sus ojos al Crucificado, en el que se manifiesta todo el misterio salvífico de Dios Padre que, por amor a los hombres, no perdonó ni a su propio Hijo (cf. Rm8, 32). Por lo tanto, cada uno de nosotros está llamado a llevar la luz de la palabra de Dios y la fuerza de la gracia a quienes sufren y a cuantos los asisten, familiares, médicos y enfermeros, para que el servicio al enfermo se preste cada vez más con humanidad, con entrega generosa, con amor evangélico y con ternura. La Iglesia madre, mediante nuestras manos, acaricia nuestros sufrimientos y cura nuestras heridas, y lo hace con ternura de madre”.

Alguno pensará: ¡Qué perezoso está hoy el comentarista! Copiar y pegar. Es verdad, pero lo importante es resumir lo que ya han dicho lo que son más santos que tu: Buscar a Cristo porque Él te ha buscado primero. Dejar que Cristo nos sane, nos reconcilie, nos levante con el don de sí mismo, que se encuentra en la Eucaristía y en la centralidad de la oración. Y mirando la cruz llevar a todos los hombres la luz. Tres estilos muy distintos de explicar el Evangelio, un solo mensaje: Jesucristo salva con palabras y obras. ¿Por qué no ponemos ante Jesús nuestra enfermedad y la enfermedad del mundo y nos dejamos curar? Es la única manera de servir.

Que María nos ayude este Domingo a vivirlo según la agenda del Señor: Curación, oración y anuncio.

NO SÉ POR DÓNDE EMPEZAR.

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Hoy es un sábado tranquilo, tan solo un bautizo y las tres Misas de la parroquia. Aprovecharé para ver a algún enfermo. No suele ser así, los sábados aquí están llenos de bautizos, compromisos y, por supuesto, las tres Misas de rigor. Cada día la agenda es más complicada, se va llenando de cosas, y encontrar un día tranquilo es la excepción. Hoy hasta me he permitido dar el día libre a uno de los sacerdotes. Pero no es eso lo normal, lo habitual es que haya previstas un montón de cosas, y vengan otro montón de imprevistos. Entonces uno mira la agenda de mañana y dice. “No sé por dónde empezar.

Lo mismo le pasó a Salomón. Se consideraba un muchacho joven para ser rey, no sabía por dónde empezar y por dónde terminar. El soberbio podría haber pedido cinco horas más a cada día, pensaría: “Yo soy capaz de todo, simplemente me hace falta un poco más de tiempo cada día”. El que tuviese falsa humildad le diría al Señor: “Escoge a otro más válido para el puesto…, que yo me voy al sillón”. El iracundo se enfadaría: “Bastantes cosas tengo yo ya que hacer para añadir más”. Y el perezoso simplemente bostezaría. Pero Salomón es más inteligente, pide un corazón atento y sabio, y recibe además riquezas y glorias. No lo hace como una táctica, le sale de verdad del corazón.

«Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco». Jesús recibe a sus apóstoles que venían de un día ajetreado después de ir de dos en dos. Y Jesús les propone estar un rato a solas con Él. Será sólo el rato de la barca, pues enseguida surge un imprevisto en forma de multitud que andaba como ovejas que no tienen pastor…, pero estuvieron solos en la barca con Jesús.

Si tienes una vida muy ajetreada no te lamentes, ni te enfades ni te duermas. Pide un corazón sabio y comienza el día estando a asolas con Jesús. Tal vez habrá días en que sólo puedan ser unos minutos y llegue tu hija Romualda a contarte lo bien que ha dormido esta noche, o tu feligrés Pancracio a contarte la suerte que ha tenido de conocerse…, pero has estado un rato a solas con Jesús, pidiendo la gracia necesaria para vivir ese día.  Si fuese poco tiempo irás buscando más, y madrugarás con gusto.

Esa es la sabiduría del cristiano. Saber que no puedo, pero Dios lo puede todo en mí. No es cuestión de hacer muchas cosas, sino hacerlas bien, y sólo se hacen bien si Dios nos da ese espíritu de inteligencia, esa sabiduría del Espíritu Santo que sabe Quién está primero en nuestra agenda.

Hoy sábado, de la mano de María, pidamos la sabiduría, la auténtica, la que vale, la que permanece, la que da estar a solas – y en comunidad, en la Santa Misa-, con Jesús. Felicidades Blases y Óscares.

 

POR FIN LLEGÓ.

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Una de las cosas más bonitas de tener que construir una parroquia (que -por otra parte-, es una pesadez), es el momento en que dejas la Eucaristía reservada por primera vez en el Sagrario. Nos parece normal el binomio templo/sagrario. Pero cuando has estado semanas y semanas pasando por delante de un sagrario abierto y vacío, mientras se terminan las obras y llega el día de la dedicación del templo, estás deseando que se cierre esa puerta y Jesús tenga su trono donde esperar a quien vaya a verle. Esperas ansioso hasta el día de la dedicación y después de una larga ceremonia, casi al final, se reserva al Santísimo en el Sagrario del que – a no ser que ocurra una catástrofe y el viernes y sábado santo-, no volverá a faltar, espero que en siglos. ¿Has pensado alguna vez cuántos años lleva Jesús en el sagrario de tu parroquia sin faltar un solo día? Pero tal vez tengamos los templos cerrados, por miedo a los ladrones, o porque no está nunca el sacerdote, o mil excusas más…, Jesús dentro y nosotros fuera, cuando tenemos que entrar para que Jesús salga.

“… cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley” Si hubiera tenido horario de apertura el templo de Jerusalén lo mismo se lo encontraba cerrado. Todo ese templo, construido y reconstruido, estaba hecho para que ese niño entrase. El signo de la presencia de Dios -que hasta ese había desaparecido-, esperaba la llegada del mismo Dios. Ciertamente de una manera sorpresiva e inaudita, en brazos de María y guiados por José, pero no de una manera secreta, allí estaba Simón y Ana para dar testimonio. Se volvía a iluminar el Santo de los Santos, al pueblo que vivía en tinieblas una luz les brilló. Por fin llegó el Mesías, el esperado.

Nosotros no tenemos que esperar, tenemos la presencia real y sacramental de Cristo en nuestros sagrarios. Comprométete a cuidar un sagrario. No dejéis que estén solos. Ahora que está tan de moda el apadrinamiento, apadrina un sagrario. Busca amigos tuyos y amigos de Jesús que no le dejen solos. Que el párroco no pueda cerrar hasta la noche sin dejar encerrado a alguien dentro. Y si surge una capilla de Adoración Perpetua, aún mejor. Ojalá el mayor insulto que te digan es que estás muy enamorado de Jesús eucaristía. Y por ese ratito de compañía, cuando salgas a la calle será Jesús quien te acompañe e irás dejando, allí por donde pases, el buen olor de Cristo. No es ser pietista, es ser realista. Si creemos que allí está Jesús ¿dónde vamos a pasar un rato mejor?

María siempre está al lado de cada sagrario, no podemos ni queremos dejarla sola.

TEN VALOR Y SÉ HOMBRE.

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El título de este comentario ya puede crear controversia. Habrá quien se pregunte: ¿No se le supone valor a la mujer? ¿Es el valor una actitud eminentemente masculina? No me voy a meter en esos saraos, es el consejo que le da David a su hijo Salomón antes de morir y punto, si hablase a su hija le diría “Ten valor y sé mujer,” que mujeres las hay valientes y muchas. Así que cuando en este comentario hable de ser hombre, me refiero también a ser mujer en el caso femenino y quien no sepa lo que es, que se aclare.

“Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto” La primera misión apostólica. Hasta ahora se habían escudado detrás de Jesús, ahora van de dos en dos sin Jesús físicamente con ellos. Y el Señor les manda austeramente, con pocas cosas. Su éxito no estará en los medios con los que cuentan, sin en su confianza en hacer lo que Jesús les dice. Para eso sí que hace falta tener valor. Creo que los comerciales llaman a eso ir a “puerta fría”, es decir, ir a vender algo sin que te hayan llamado o lo hayan solicitado, sino tocar el timbre y, si te abren y están dispuestos a escucharte, ofrecer el producto. Es de los trabajos más fatigosos física y mentalmente, hay muchos fracasos para un solo éxito. Pues los apóstoles van a “puerta fría” sólo con la asistencia del Espíritu Santo…, y encima ellos ni lo sabían. Hay que ser valiente para pasar de ser un pescador o un publicano para pasar por los pueblos a predicar la conversión. Hay que echarle valor, ser hombre (o mujer), para no desanimarse con las burlas, desprecios, desplantes e incomprensión a la que se verían sometidos…, pero vuelven gozosos por lo que consiguieron. Para cumplir la voluntad de Dios hay que tener mucho valor, no caben los cobardes, pusilánimes, comodones o asustadizos. Y todo por pura confianza en Dios.

No sé por qué (¡je!), me estoy acordando mucho estos días de la Iglesia en China y en otros lugares donde es perseguida. En esos lugares no se juegan una burla, una mala contestación o un portazo. En esos lugares se juegan la vida por vivir su fe y por anunciar a Jesucristo en fidelidad a la Iglesia. Tal vez no sean muchos, pero sin duda son valiosos. Nos llenamos la boca de querer una “iglesia de testigos” y los estamos viendo día tras día. Tendríamos que cuidarlos y mimarlos como las llagas abiertas de Cristo. Su valentía, su arrojo, su fidelidad, su entrega y su fe son la que nos despierta a esta nuestra iglesia “occidental” a veces tan aburguesada, dormida, asustadiza, débil, incoherente, acomodada y conformista. Por eso también los grandes santos de occidente han sido muy grandes, iban en contra de todo el ambiente social, no se acomodaban al entorno. También hoy hay que tener valor para ser santo, ser muy hombre…, o muy mujer.

Seguramente vayamos sin nada por el mundo, e incluso cuando uno empieza a anunciar el Evangelio le van sobrando cosas, pero no esperemos ganar el aplauso del mundo, tan solo la sonrisa de Cristo y, en ocasiones, el honor de acompañarle a la cruz.

Que nuestra Madre la Virgen nos ayude a todos y cada uno a ser valientes, a ser verdaderos apóstoles, a cumplir el mandato de Jesucristo.

DONDE HAY CONFIANZA…

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Hay un dicho muy español que dice: “Donde hay confianza…, da asco.” No es un dicho a favor del distanzamiento, es lo malo de considerar al otro como una persona sin importancia, de tratarle sin el respeto debido y no por desprecio sino por acostumbramiento.

«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?».

Y se escandalizaban a cuenta de él.

En su ciudad Jesús era uno más, no podían esperar más de Él que lo que esperaban de los demás. Si destacaba no merecía admiración, sino escándalo. Creían que le conocían demasiado bien, cuando no le conocían en absoluto.

¿No nos pasa a nostros lo mismo? Harto estoy de ver personas que pasan a la parroquia y según atraviesan por la puerta siguen hablando por el teléfono, o continúan la conversación con el amigo o la amiga. Cuántas veces suena un móvil en Misa -un descuido lo tiene cualquiera y se le olvida apagarlo-, pero responde, e incluso se sale, por que es una llamada más importante que Dios. En cuantas ocasiones entra alguen al confesionario en medio de la Consagración pues sus pecados son más importantes que el mismo Dios. Cuantas veces el momento de la paz es dar la guerra, o la espalda, a Dios. Cuántas veces pasamos por delante de un templo donde hay un Sagrario como si pasásemos delante de una charcutería. Cuántos, que hacen la oración ayudados por el teléfono, dejan abierto el WhastApp para que entre cualquiera a interrumpir su conversación con Dios. Cuantas veces cuando Dios nos pone una iluminación en la mente para vivir la caridad respondemos: “Mañana.” En definitiva, tenemos tanta confianza en que Dios siempre está que terminamos no estando nosotros. Y entonces… da asco.

Ojalá tuviéramos la conciencia de David. Hace un censo, algo básico para todo buen estadista, tenía que saber con qué fuerzas contaba. Pero se dio cuenta que su fuerza era la de Dios, había desconfiado de el Señor y asume su pecado, poniéndose en manos de la misericordia del Señor.

Estoy convenciso que a ti y a mi nos pasarán más veces las cosas que he enumerado antes (sí, a mi también me pasan). Pero no seamos indiferentes, no creamos que es lo normal, que no tiene importancia. Hoy, si es posible delante del Sagrario, si no en casa, de rodillas digámosle al Señor que le adoramos, le queremos, le veneramos. Que no queremos que nada nos despiste de su amor y, si alguna vez nos pasa, nos acojemos a su miericordia infinita y que nos de la contricción y el dolor de nuestros pecados.

Tal vez alguno piense que el comentario de hoy es demasiado espiritualista…¿dónde queda la caridad? Os aseguro, que quien no aprende a ver a Dios en la Eucaristía, es incapaz de descubrir a Dios en el pobre y en el necesitado, y acabará tratándolo sin el respeto debido.

Mira a María, primer Sagrario. Acoge a Dios como hijo y nos toma a nosotros por hijos en Cristo. ¿Dónde aprendió ella a amar a nostros, pobrecillos, si no era mirando a Jesús? Imitémosla. Es lo que hizo San Juan Bosco, no creo que nadie le acuse de poco “sentido social”

UNA VICTORIA -DERROTA Y UNA DERROTA-VICTORIA.

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

La ilógica lógica de Dios nos supera. ¡Cuántas veces pedimos a Dios mientras le ofrecemos una solución! Le ofrecemos “nuestra solución” que sin duda es la mejor, la más sensata, la más coherente y la que arreglaría todos nuestros problemas. El estudiante pide lógicamente aprobar la signatura de la que se va a examinar. ¡Tanto dinero gastado en la matrícula y tantas horas de clase…! Que no haya dedicado demasiado tiempo al estudio pues esa asignatura “se le atragantaba” no es tan importante, por eso recurre a Dios. El marido de la enferma pide a Dios que la cure ya, ¿dónde va a estar mejor su esposa que con él? El parado pide trabajo…, y a ser posible cómodo y con buen sueldo. Pedimos a Dios muchas cosas y le damos la solución, siempre es bueno ahorrarle trabajo al Señor, pero no podemos olvidar lo que pedimos cada día en el Padrenuestro “hágase Tu voluntad.” A veces podemos tener soluciones que son buenas, nobles y, a priori, las mejores que se nos pueden ocurrir en nuestra cabecita, pero podemos convertir una victoria en derrota y Dios hacer de una derrota una victoria.

Una victoria derrota.

Absalón se había levantado en armas contra su padre David y se había proclamado rey. Ayer veíamos a David huir de su hijo, era el enemigo. Cuando Joab ve indefenso al enemigo del rey (él no lo ve como hijo), le parece lo más indicado a sus respuestas pidiendo la victoria y le clavó tres venablos en el corazón (entonces no había tribunal constitucional ni nada de eso, eran más expeditivos). Todos piensan que esa es la victoria “Reciba una buena noticia el rey, mi señor.” Pero David no ve la victoria, sino la muerte del hijo y todo el pueblo hizo duelo. Así, una victoria se convierte en derrota. Si un estudiante de arquitectura pide a Dios aprobar la asignatura de cálculo de estructuras porque es incapaz de hacerse con ella, y el Señor se lo concediese ¿qué le pediría cuando se le caiga la primera casa? Si a uno le toca la lotería saliendo de su pobreza y pierde su alma ¿de qué le valdrán todos esos millones? Existen victorias que se convierten en derrotas, creo que todos tenemos experiencia de ellas.

Dos derrotas victorias.

El Evangelio nos habla de dos personas derrotadas. La mujer que padecía flujos de sangre y había gastado toda su fortuna y cada vez estaba peor. No pensaba pedirle nada al Señor, no quería expresar con palabras sus anhelos y quería pasar desapercibida, sólo tocarle el manto, sin molestar. Y el Señor cumple los anhelos de su corazón y le concede algo mucho más importante: La Paz. La mujer derrotada sale victoriosa.

Y Jairo, que estando con Jesús recibe la noticia de la muerte de su hija. ¡Bastante era ir a pedir la curación de su hija…! Pero la muerte había vencido, ya no valía la pena molestar al maestro.  Ante la muerte fría ya no había nada que hacer, luto y lágrimas. Era la derrota tola de la vida. Pero basta que tengas fe para que triunfe la vida: «Talitha qumi» y la niña se levantó inmediatamente. La gran derrota se convierte en la gran victoria, basta que tengas fe. Cuántas veces en la vida cuando ya no te queda nada, lo has intentado todo, y no tiras la toalla, sigues con el maestro y le dices: “Sólo me queda confiar” Dios nos sorprende con algo mucho más grande de lo que podíamos esperar.

Hoy, dela mano de María, sabremos que nuestra vida valdrá la pena si escuchamos esas palabras: “Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor”, todas nuestras aparentes derrotas se convertirán en victoria. Sin embargo, si escuchamos “apartaos de mi, malditos” todas nuestras aparentes victorias serán una gran derrota. Dios te quiere victorioso, no desconfíes.

CADA UNO EN SU SITIO

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Organizar que 340 niños hagan su primera Comunión no es tarea fácil. Más cuando existen casos “especiales.” Que a todos les venga bien el día y la hora que le ha tocado a su grupo es difícil, aunque se intenta. Y vienen las quejas, y cambias al niño de grupo para que pueda hacer la Comunión el día que ha venido su familia de fuera, o es el fin de semana que le toca a la madre que está divorciada, o es el fin de semana que no tiene que trabajar el fin de semana o…, mil cosas. Y vas colocando a cada niño en el lugar que le corresponde. Lo que más temo es cuando una madre te pregunta a estas alturas del curso: “¿Qué día hacía mi hijo la Comunión? …” Seguro que tiene algún inconveniente de última hora. Pero bueno, hay que intentar que cada uno esté en su sitio adecuado y pasen todos un día fenomenal, empiezan algo muy grande. Cada cosa y cada persona en su sitio queda mucho mejor.

«Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos» Tengo que reconocer que del cerdo, como decimos en España, me gustan hasta los andares. Dios no me ha llamado por el camino de ser vegano. Pero verdaderamente es un animal que no mira al cielo, siempre con el hocico pegado en tierra, y no sé por qué prohibido por algunas religiones, tomado como un animal impuro. “Legión” no debía estar en el cuerpo de un hombre, ni de un cerdo. Cuando te encuentras con Cristo, con Jesús, Hijo de Dios altísimo, no comienza una batalla por evitar el pecado, sino que te das cuenta que el pecado no tiene cabida en tu vida, ni en el mundo. Lo de encender una vela a Dios y otra al diablo no es una posición auténtica, acabaremos encendiendo todas al diablo.

No deja de ser curioso que los gerasenos pidiesen a Jesús que se marchase de su tierra, asustados. Y es que se habían acostumbrado a que el poseído por el espíritu inmundo no tenía solución, lo habían intentado todo y ni con cadenas ni cepos habían podido sujetarlo. Y llega Jesús y con seis palabras lo expulsa de aquel hombre…, y de aquella comarca. Hay personas que se han acostumbrado a convivir con el pecado, han intentado todo por sus propias fuerzas para evitarlo, pero no son capaces. Y entonces le hacemos un sitio al pecado en nuestra vida, como si fuera algo irremediable. Me confieso de vez en cuando, pero con la certeza de que volveré a caer, sin confianza en la gracia de Dios.

Pero date cuenta, cuando te encuentras con Jesús el pecado no tiene cabida. Quien piensa que puede estar con Cristo y dejar intacto su orgullo, su soberbia, su ira, su vanidad, su sensualidad…, no ha entendido nada. Acabará pidiendo a Dios que salga de su vida, que se marche de su territorio. No digo que ya no seamos capaces de pecar, pero tendremos mucha más claridad de juicio, y entre Dios y el diablo sabremos muy bien con quien quedarnos y anunciaremos lo que el Señor ha hecho con nosotros.

Ojalá hoy la Virgen nos dé esa claridad de juicio, ese corazón enamorado que sabe decir sí al Señor, y el pecado ni para los cerdos. Nosotros en nuestro sitio, con Jesús.

 

FUE EN SEGUIDA A NEGOCIAR.

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

A veces hay palabras desacertadas. Por ejemplo, cuando de alguien que no tiene trabajo se dice que está en paro. Desde luego si se queda parado no encontrará trabajo jamás, será un desempleado, pero tiene que estar muy activo. Cuando hablo con alguien que se ha quedado sin empleo le suelo decir que su trabajo ahora es buscar trabajo, y debería dedicarle seis horas al día a hacerlo con toda profesionalidad y competitividad. Una vez conocí un Señor que se pasaba horas y horas en la Iglesia pidiéndole a Dios un trabajo, pero no hacía otra cosa, hasta que le dije que no le iba a contratar de sacristán, así que a rezar un rato y liego a patearse las calles.

Se va acercando el fin del año litúrgico y las lecturas nos van hablando del fin de so tiempos: “El día del Señor llegará como un ladrón en la noche”. No podemos quedarnos parados a ver qué pasa. La vida del cristiano es la antítesis del parado. Tiene que tomar los talentos que el Señor le da y, en seguida, a negociar con ellos. No nos vale el después, e mañana, el en otra ocasión más propicia. Si uno sólo actúa cuando vea que el fina se acerca es como el estudiante que sólo estudia la víspera del examen, seguramente suspenda. El que día a día pone a trabajar sus talentos es el que s fiel en lo poco y, cuando llegue la hora, el Señor de lo premiará.

Hoy también ha querido el Papa que sea un día dedicado a los pobres. No “al colectivo de los pobres,” sino de los pobres concretos, con rostro, con nombre y apellidos. No estoy muy a favor de los pobres que se ponen en las puertas de las iglesias, máxime cuando es como un puesto de trabajo que está reservado y alquilado. Pero también es bonito que la gente sigue pensando que los que van a la parroquia comparten sus bienes. Nunca vi un pobre en la puerta del ministerio de Hacienda.  Tal vez hoy sea el día para hacer el propósito de saber cómo se llama, cuantos hijos tiene, dónde vive. No hoy todos a la vez, que entonces el Mijail de mi parroquia acabará harto, pero que no nos encontremos habitualmente con un pobre y simplemente no exista. Algún talento tendemos para é.

María y José, pobres pero poniendo sus talentos al servicio del Espíritu santo, danos un autentico corazón que vive la misericordia y la caridad.

EL JUEZ HACE JUSTICIA.

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El panadero hace pan, el pastelero pasteles, el zapatero zapatos, el fresador no hace fresas y los jueces hacen justicia. Mucho se meten con la justicia en este país, que si muy lenta, que las leyes están mal hechas, que son muy blandas o muy duras, pero al final se hace justicia según las leyes de cada país. Si alguna vez os ha llegado una citación judicial por cualquier tontería, y miras la fecha de los hechos tienes que empezar a recordar lo que hiciste hace tres o cuatro años para saber de qué tienes que declarar. Yo de lo que hice ayer más o menos me acuerdo, de lo que pasó el 15 de mayo de 2013 me cuesta un poco más recordarlo. Pero el juez te llamará y te preguntará.

“Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viviendo a cada momento a importunarme”».

Fijaos bien, el juez, por muy inicuo que sea, termina haciendo justicia. No traspapela el caso, lo hecha en el olvido o decide darle la razón a la viuda por pesada. No sabemos el resultado del juicio, tal vez la viuda fue condenada a quince años y un día de prisión y a pagar los costes, o ignoramos.

«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

Hoy pedimos a Dios que haga justicia. Tristemente mucha gente hoy no cree en la justicia divina. Bajo pretexto de la misericordia entrañable, del corazón del buen Dios, de “cómo un Padre va a condenar a sus hijos…,” se ha dejado de creer que Dios hará justicia, todo será cubierto por un gran manto de perdón incondicional.

Puede parecer muy “progre” y “avanzado” hablar de ese perdón incondicional de Dios frente a toda nuestra vida. Sin embargo, en el plano puramente humano: ¿Quién no quiere que se haga justicia? Los corruptos para quedarse con el fruto de sus desfalcos, los asesinos que jamás podrán devolver lo que robaron, una vida. Los explotadores que destrozan la vida a otros para enriquecerse, los mentirosos que no quieren que se descubra su falsedad… Y ¿quién quiere que se haga justicia? Los pobres que han sido despojados de sus bienes para vivir, los que han sido estafados, a los que se les ha arrebatado un hijo por la violencia, los que pierden el sentido de su vida pues están amenazados o atemorizados. Los que han sido engañados o se ha quitado su dignidad.

Así, los “modernos” que niegan el juicio de Dios, se ponen al lado de los corruptos, asesinos, estafadores, explotadores y mentirosos, y se creen muy avanzados.

Dios ¿negará la justicia a sus pobres? Seguro que no.

Y terminamos con esa frase inquietante: “cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?”. Esperemos que sí, que tu yo pidamos todos los días por mantener la fe.

La Virgen María guarda la fe de los pequeños, no me dejes crecer y hacerme “mayor”

 

HASTA MAÑANA.

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Había un chaval trabajando en la parroquia que cada día al irse a casa decía educadamente: “Hasta mañana.” Y yo le respondía: “SI Dios quiere.” No es un chico especialmente piadoso, más bien diría que se podían contar con los dedos de una mano las Misas a las que había ido desde su primera Comunión, y cada final de la jornada me miraba con cara rara. Ya un día se atrevió a preguntar: ¿Por qué cada día me responde “si Dios quiere”, bastaría decir “hasta mañana?” Y se lo expliqué.

“Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.

Asimismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.”

Estamos acostumbrados a que nunca pasa nada, todo sigue igual, nos acostamos y nos levantamos, el sol sale y se pone. ¡Cuántas cosas dejamos para mañana! Sin embargo, cada mañana, cada instante, es un don de la misericordia de Dios. Los que hemos sufrido la muerte de personas queridas por un accidente de automóvil o por una sobredosis sabemos bien que quien ahora está puede no estar en el momento siguiente. Y al mundo entero le pasa igual, ahora está y mañana Dios dirá.

¿Esto nos tiene que llevar al miedo? Desde luego que no, sí a estar en vela- Pero sobre todo nos tiene que mover al agradecimiento. Si Dios hoy me quiere aquí, algo querrá de mí. La cabeza en ocasiones da malas pasadas y lleva a las depresiones, a no encontrar sentido a la vida. Sin embargo, ten por cierto que si Dios te tiene aquí es por algo. Sigue buscando o simplemente ponte en escucha de la Pablara de Dios y delante del Señor dile: ¡Aquí estoy, tú verás! “pues a lo mejor andan extraviados, buscando a Dios y queriéndolo encontrar.” Sé que es fácil decirlo cuando uno está bien, pero al menos da a Dios la oportunidad de mostrarte por qué te quiere.

¿Y el mundo? ¿Y sus luchas y sus peleas? Pasarán cuando pasen, nos complicarán la vida, pero no pueden quitarnos la paz.

¿Dónde quiero estar cuando todo esto pase? Bien agarrado de la mano de María, allí no tendremos nada que temer.

Hasta mañana, si Dios quiere.

 

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