Como un gatito mendigando un platito de leche

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

gatoHay una tentación tan humana como las insidias y la murmuración, me refiero a la necesidad de pregonar cuanto uno hace. Parece que no hacemos las cosas bien del todo si no las terminamos de subrayar. Me decía un camarero argentino que prefería cantarme la carta a que yo la leyera por mi cuenta, “oh, es tan fría la propia lectura”. No nos conformamos con dar limosna, hay que pregonarlo, cantárselo a medio mundo.

Pero el Señor, que es listo por perfecto Dios y perfecto hombre, dice que la limosna en secreto, la oración en secreto, el ayuno en secreto. Porque en secreto se hacen las cosas valiosas. No me imagino a Dante escribiendo su Divina Comedia a voces sino a la luz de un candil, dejándose ver por la luna y las noches de mucho insomnio. Hasta Antonio López cuando pintó su rincón de la Gran Vía de Madrid, a donde iba cada día a trabajar, no se inmutaba con la presencia de los demás. Me lo contaba un amigo que iba a diario a ver el proceso del artista, y no advertía en él distracciones. Trabajaba al aire libre, pero en secreto. A Dios le gusta moverse en lo secreto, en el envés, en la luna de la otra parte, en la sombra. Se deja ver cuando uno le busca, porque Él también hace las cosas sin pregonarlas. Tú dime si se muestra en la cara de los gatos, que bien que se entretiene para darles belleza, ¿a que no? O en el espesor de los bosques, esas zonas tan hondas que parecen sin lindes. Todo ello salido de la imaginación divina, y Dios sin mostrarse en primer plano, sólo pasa por esos sotos con presura y los viste de su hermosura, pero no le gusta aparecer ¡tachán!

Leí hace poco un poema de Charles Bukowski sobre gatos, los animales que más apreciaba y con los que convivía. Decía que personalmente no le gustaba que le ordenaran amar, porque el amor no se impone. El amor es más bien como un pobre gatito callejero que llega a la puerta de tu casa mendigando un platito de leche. Así hace Dios, Él es más mendigo de cariño que vendedor de amores. Recuérdalo siempre, no pregona, llama a la puerta. Y sus nudillos son de niño.

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