Al leer el Evangelio de hoy resonaban en mi interior las palabras de la Exhortación Apostólica Gaudet et Exultate que nos regaló hace poco el Papa Francisco, concretamente el número 90 que dice así:

“Jesús mismo remarca que este camino va a contracorriente hasta el punto de convertirnos en seres que cuestionan a la sociedad con sus vida, en personas que molestan. […]Si no queremos sumergirnos en una oscura mediocridad no pretendamos una vida cómoda”

Sólo con estas palabras y las del Evangelio nos encontramos con un termómetro súper eficiente de nuestra propia vida cristiana. Estamos llamados a ser contraculturales, a defender los valores del Reino, a entregar la vida, y todo lo que nos distraiga de ese amor encarnado, nos distrae del verdadero sentido de nuestras vidas.

Es una paradoja que hoy que estamos tan ocupados en la autorrealización se nos olvide que el verdadero sentido de la vida es entregarla, “perderla”, solo así descubriremos que la aventura de amar nos llena de una alegría sin fin, que se traduce, al final de nuestra vida, en que nuestro corazón este lleno de nombres.