Ayer comenzó la catequesis. Todo estaba organizado, cada niño en su aula, cada catequista con su grupo, todo tenía que ser tranquilidad…, pero padres ni encontraban a su hijo en las listas, no se habían guardado los cambios de grupo hechos en verano, les habían cambiado las extraescolares…, una tarde un poco de caos, aunque todo salió adelante.

En la Iglesia podemos dedicarnos a organizar. Organizamos grupos, asociaciones, celebraciones, reuniones y demás grupos. Organizamos parroquias, arciprestazgo, vicarías , diócesis y no quiero pensar lo que sea la Iglesia universal. Podemos hacer planes, proyectos, asambleas, sínodos y concilios para tenerlo bien organizado todo. Y podemos pretender organizar (con las sorpresas del Espíritu Santo) la Iglesia -cosa que no está nada mal-, y además pretender organizar la marcha del mundo, desde la huella de carbono a las relaciones internacionales. Podemos pasar todo el día muy afanados en preparar cosas, reunidos e hiper-reunidos planificando el mundo perfecto y estando tan ocupados que dejamos de escuchar a Dios

“Jonás empezó a recorrer la ciudad el primer día, proclamando: «Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada» Los ninivitas creyeron en Dios; proclamaron un ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor.” Tengo que recocer que soy un fan de Jonás. En los próximos días escucharemos como Jonás se enfada por la conversión de Nínive pues casi él no había hecho nada y toda la ciudad se convierte, ni tan siquiera llego a tener un par de reuniones con el rey para decidir la estrategia de conversión…, se convirtieron con dos palabritas mal dichas. Jonas consiguió el propósito para el que había llegado -muy a su pesar-, a Nínive, pero no tuvo su momento de protagonismo, todo el protagonismo se lo llevó Dios.

«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria. María, pues ha escogido la parte mejor, y no le será quitada». En la Iglesia estamos haciendo muchas cosas, pero sólo una es necesaria. No podemos caer en un activismo mundano, buscando el aplauso del mundo, y olvidar por quién estamos. Nos hace falta volver ponernos en el lugar de María. Ojalá nos dejásemos de preparar los aperitivos y fuésemos capaces de guardar silencio. De abrir todas las parroquias del mundo donde hay un Sagrario con Jesús sacramentado dentro y escuchemos a Jesús. No escuchemos nuestros planes, ni proyectos, ni nuestra soberbia, ni nuestra ambición, ni nuestro protagonismo…., sólo escucharle a Él. Tal vez nos mande a Nínive, o nos quiera en Betania, o al pie de la cruz o en el cenáculo en Pentecostés…¡no lo sé! Pero será el mejor lugar pues Jesús está a nuestro lado y nosotros con Él.

Este mes misionero pidamos que como misioneros solo digamos lo que escuchamos de los labios de Cristo, no nuestras estupendas ocurrencias y llevemos a Cristo a los lugares más lejanos y no una caricatura simpática…, o no tan simpática. A rezar, así lo pedía ayer el Papa, y tal vez nos afanemos menos en nuestras cosas y más en las de Dios.

Nuestra madre la Virgen escuchó tanto a su Hijo, habló tanto con Dios Padre, dejó actuar al Espíritu Santo que nos ponemos en sus brazos, como niños pequeños, para aprender de ella para aprender a estar con Dios.