JUEVES 3 DICIEMBRE DE 2020: Afianzarse en Jesús, en Jesús que cura

(PRIMERA SEMANA DE ADVIENTO, CICLO B)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,21.24-27):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“No todo el que me dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande”.

Afianzarse en Jesús, en Jesús que cura

Cuando Jesús explica esta parábola, identifica la piedra donde se puede edificar con seguridad con la Palabra de Dios. Es decir, la identifica con Él, que es la Palabra eterna del Padre hecha carne, la Palabra que ha tomado la condición humana, como nos explica bellamente San Juan en el prólogo de su Evangelio. Y cuando Jesús, en otra ocasión, nos explica la historia de la salvación con la parábola de los labradores asesinos, recurre a una expresión del antiguo testamento para decirnos que Él es la “La piedra que desecharon los arquitectos”, y que ésta “es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente” (Cf. Mc. 12, 1-12).

La pandemia que padecemos, como todas las situaciones inesperadas que amenazan nuestras seguridades humanas, está revelando cuáles son los verdaderos cimientos de nuestras vidas, al igual que en los terremotos y en los tsunamis, sólo quedan en pie los edificios bien preparados para estas catástrofes. Todos hemos podido ver que hay de arena y que hay de roca bajo nuestros pies, bajo los pies de nuestra estabilidad existencial, tanto emocional como espiritual. Todos hemos podido ver en que medida la casa de nuestra vida esta construida sobre las arenas movilizas de las frágiles seguridades terrenas y efímeras, o esta construida sobre la roca firme de la Palabra de Dios, de Jesucristo, al que sabiamente el apóstol Pedro dijo: “sólo tu tienes palabras de vida eterna” (Jn. 6, 68).

Por lo general bajo los pies de nuestra estabilidad existencial hay una mezcla de ambos materiales, no siempre suficientemente bien amasados. Solo los pobres en el Espíritu, los bendecidos en las Bienaventuranzas, los hombres y mujeres forjados en el dolor y en la fidelidad, en las pruebas de la fe, del amor y de la esperanza, se levantan sobre una masa cuyo principal componente es la roca firme del Señor de sus vidas. En el resto, aún abrazando la fe en quien reconocemos es nuestra única firmeza y seguridad, nadan más o menos en abundancia las arenas empantanadas de nuestras vanidades, de nuestros anhelos basados en nuestros autoengaños o en los engaños del mundo. Y cuando queremos alcanzar el equilibrio y sostenernos en pide sobre esa roca reconocida pero fraccionada, nos ocurre lo mismo que al apóstol que duda y flojea en su fe cuando el Señor le pide que acuda a su encuentro andando sobre las aguas.

Por eso, mientras podamos, preparemos, en este permanente, pero efímero adviento que es nuestra vida entera, el fundamento de nuestra estabilidad existencial, de nuestra vida. Afiancémonos en Cristo Jesús, nuestro único Señor y salvador, y construyamos nuestra historia personal sobre la roca firme de su Palabra. Entonces, cuando vengas los vientos y los tempestades de nuevo, que a buen reguardo que vendrán una y otra vez, podremos afianzarnos en él, y aunque las calamidades pasadas, presentes y futuras llenen nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestras almas de heridas aparentemente incurables, Él, el Médico de los hombres por antonomasia, la roca firme donde sostener la casa de nuestras vidas, las curara con el cuidado de su misericordia y de su ternura, y hará que de nuevo, esta vez de verdad y sin engaños, nos veamos sanos y nos veamos en pie, para poder dar testimonio a los demás y enseñar el arte del construir la vida sobre la única Roca firme capaz de salvarnos de toda clase de tempestades e infortunios.