R LO MÁS GRAVE

Preocupados por lo pequeño descuidaron lo importante. Y hubo culpabilidad en ello pues sino el Señor no les habría llamado hipócritas. La comparación impacta: “filtráis el mosquito y os tragáis el camello”. Querían evitar las pequeñas impurezas e incurrían en la más grande. Esa actitud Jesús la califica de ceguera por dos veces: “Guías ciegos” y “¡Fariseo ciego! Parece como si Jesús indirectamente también se refiriera a la ejemplaridad del fariseo que, apareciendo como un modelo ante los demás, no lo es de lo esencial y, además, su apariencia no se corresponde con su interior. Se engaña a sí mismo y conduce a otros al error.

Jesús señala también que han descuidado la justicia, la misericordia y la fidelidad. Recuerdan el modo como Dios se comporta con su pueblo. Dios es justo y misericordioso y permanece siempre fiel. En estas palabras resuena lo que Jesús decía en el sermón de la montaña: “sed perfectos como vuestro padre celestial es perfecto”. En la línea de lo puntilloso podemos caer en un perfeccionismo que nos sea más que exhibicionismo o auto-perfeccionamiento. Ser muy exigentes en cosas pequeñas no indica mayor perfección. Lo podemos hacer por autocomplacencia o porque nos resulta mejor buscar nuestro propio ideal que no lo que Dios nos pide.

Cuando buscamos la voluntad de Dios también descubrimos que sólo podemos cumplirla con su ayuda. Nos damos un baño de realidad que nos mueve a ser humildes y a suplicar la ayuda de Dios. Sin él no podemos. También entonces dejamos de fijarnos tanto en cómo somos para contemplar la bondad de Dios y descubrir su amor por nosotros. Él sí que tiene el poder de transformar nuestro interior. También vamos descubriendo que es desde su amor que somos capaces de ir puliendo nuestras imperfecciones y vivimos la alegría de empezar a amar como somos amados.

Es desde la experiencia del amor de Dios que deseamos cada vez ser más perfectos.