“Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”. El Señor les permite ver un poco de la luz de su rostro, para prepararles a afrontar su Pasión y superar el escándalo de la Cruz, para que comprendan que Él “destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad. Cristo, hoy, quiere seguir transfigurándose en nosotros. Manifestar su triunfo, su gloria en medio de nuestra debilidad, para animarnos a perseverar en su seguimiento a pesar de nuestra debilidad, para fortalecer nuestra esperanza. Es un momento anticipado de luz que nos ayudamos también nosotros a contemplar la pasión de Jesús con una mirada de fe. Para ayudarnos a comprender que el camino para llegar a la gloria, el camino del amor luminoso que vence a las tinieblas, pasa por la entrega de sí mismo pasa por el escándalo de la Cruz. Rezaremos en el Prefacio de la Misa de hoy: después de anunciar la muerte a sus discípulos, les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria, para testimoniar, que la pasión es el camino de la resurrección. Que vence precisamente en la cruz. “Soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio (2 Tim 1,8). No se trata de una vana exhortación a soportar los sufrimientos. No, es una invitación a entrar más profundamente en la vocación cristiana, que nos pertenece a todos por el bautismo. No hay ningún mal por afrontar, que Cristo no afronte con nosotros. No hay ningún enemigo al que Cristo no haya vencido ya por nosotros. No hay ninguna cruz que llevar, que Cristo no haya llevado ya por nosotros, y que no lleve ahora con nosotros. En la extremidad de toda cruz encontramos la vida nueva en el Espíritu Santo, la vida nueva que alcanzará su plenitud en la resurrección.” (San Juan Pablo II, Homilía en Baltimore el 8 – X – 1995).
Nosotros necesitamos subir al monte de la transfiguración para recibir la luz de Dios para que su rostro ilumine nuestro rostro. Participar de la transfiguración es también dejarnos transfigurar por él en la oración donde nos muestra su rostro e ilumina nuestro corazón. Dejarnos transfigurar en los sacramentos, particularmente en la Eucaristía y la reconciliación. Cuando participamos del cuerpo y la sangre de Cristo nuestro se transfigura y, aunque no seamos capaces de percibirlo, los ángeles contemplan nuestro rostro transfigurado y dan gloria Dios.
Para superar el escándalo de la cruz, hemos de aprender a permanecer junto con María, al pie de la cruz contemplando al que traspasaron. Y debemos mejorar nuestras disposiciones: cambiar lo que haya que cambiar. Hacer examen. Con palabras del Papa Francisco: quisiera que todos, tengamos el valor, precisamente el valor, de caminar en presencia del Señor, con la cruz del Señor; de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor, derramada en la cruz; y de confesar la única gloria: Cristo crucificado. Y así la Iglesia avanzará. Deseo que el Espíritu Santo, por la plegaria de la Virgen, nuestra Madre, nos conceda a todos nosotros esta gracia: caminar, edificar, confesar a Jesucristo crucificado. Que así sea.”