Está mañana temprano, muy temprano, me habrán hecho la prueba del TAC, o lo que sea con contraste. El contraste te lo inyectan para ver bien cómo y por donde van las venas. Si lo pudieran hacer al tacto o poniéndote un foco a la espalda sería mucho menos invasivo, pero los médicos tienen la mala costumbre de querer ver. Rayos X, Scanners, Tac, Resonancias, cámaras gastrointestinales (de triste recuerdo), y un montón de cosas más que inventa l ciencia médica para poder ver y diagnosticar antes que rajar. Y es que para el humano ver es muy importante, incluso hay alguno que vio y creyó.

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad.

Tristemente ahora entra de todo por los ojos y a una velocidad desorbitada. El ojo que estaba hecho para contemplar ahora es golpeado por la violencia, la pornografía, el odio, el desprecio del otro, la corrupción, la falsedad…, y todo a la velocidad de un tík tok.

En cuanto el niño empieza a actuar como niño, y molesta, le damos una pantalla para que todo le entre por los ojos. Lo peor es que los mayores también estamos enganchados a nuestras pantallas, haciendo una luz oscura.

¿No sería mejor volver a contemplar? Usar sí la tecnología para trabajar, pero dedicar tiempo a la contemplación. Que volvamos a aprender a descubrir un paisaje, un cuadro hermoso, música que valga la pena, a contemplar a Dios.

Si eres padre o madre y tienes hijos pequeños, o no tan pequeños, acudir juntos frente al Sagrario y enseñarles a contemplar. En esa caja está el Dios de Dioses, el Señor de señores, que nos salva y se nos da como alimento. Ayudarles a conocer el Evangelio contándoselo vosotros, que abran los ojos de la imaginación para lo grande, lo hermoso, que se encuentren con el que es luz de luz. ¿Y los que no tenemos hijos? Pues lo mismo pero a solas o con un amigo o un hermano.

María abrió los ojos y se encontró a Dios en sus brazos. Ese es su tesoro y la Luz de sus ojos. Mírala a ella y verás a Cristo en sus pupilas.