Domingo de la 29ª semana de Tiempo Ordinario. – 22/10/2017

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Comentario Pastoral

¿ES LÍCITO PAGAR IMPUESTOS?

En el evangelio de este domingo vigésimo noveno del tiempo ordinario, se lee el único pronunciamiento político-explícito de Jesús, provocado por la cuestión tributaria (Nunca fue agradable pagar impuestos, ni el hacer declaración de hacienda). E1 impuesto al César recordaba a los judíos que eran un pueblo dominado por los romanos y sometido a los paganos. Por eso el movimiento partidista antirromano, promovidos por los Zelotes, pretendía obstaculizar este pago fiscal. Más aún, la imagen del emperador que tenían las monedas en uso era para el hebreo observante un pecado idolátrico, que violaba el primer mandamiento.

La astuta pregunta de los fariseos tenía como finalidad comprometer a Jesús, que o criticaba la autoridad del César o criticaba la sumisión a Dios. La solución de Jesús les devuelve a ellos la responsabilidad de decir: “Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” significa lo siguiente: la moneda, sellada con la imagen de la pertenencia oficial al emperador romano, es del César; el hombre, sellado con la imagen divina, es deudor de Dios.

Jesús afirma por un lado la legitimidad del pago de impuestos, que es un deber romano, civil y moral. Por otro lado reconoce vigorosamente que existe una autonomía en la esfera religiosa, que no puede ser conculcada por ningún poder político. Contra el evangelio va tanto el divinizar al César como el politizar la religión.

El complejo debate sobre la relación entre “fe y política” no puede resolverse con excesiva simplicidad. En la historia reciente o pasada la Iglesia ha podido extender su acción en una esfera que pertenece “al César”, y viceversa; esto siempre provoca aparentes resultados positivos pero reales efectos negativos. La tentación teocrática aflora continuamente y corre el riesgo de esterilizar la palabra “cristiana” en movimientos, partidos e instituciones transitorias. Por otra parte, es preciso superar la evasión de una “tentación espiritualista” y aceptar que, al ser el hombre el objeto común del empeño religioso y político, la atención y las obras que la Iglesia desarrolla tengan también incidencias histórico políticas. El cristiano trata de ser “imagen de Dios” promoviendo la libertad, la justicia, la paz y el progreso de los pueblos. La fidelidad en lo religioso es la mejor garantía para una sana laicidad de la praxis política.

Andrés Pardo

 

 

 

Palabra de Dios:

Isaías 45, 1. 4-6 Sal 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10a y e
san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b san Mateo 22, 15-21

de la Palabra a la Vida

La grandeza de Ciro: esa es la primera característica que el profeta Isaías ensalza de aquel gran conquistador nacido de entre los persas. Ciro, que significa posiblemente “pastor”, una palabra llena de sentido cuando se trata de las antiguas profecías, es reconocido por el profeta como el “ungido”, el Mesías. ¿De quién estamos hablando? ¿Cómo podemos escuchar semejantes cosas de un pagano? Ciro llega a conquistar incluso a la gran Babilonia, para establecer el imperio persa más grande conocido hasta entonces, y concede a los israelitas que vivían deportados en Babilonia poder volver a Jerusalén a reconstruir su querido templo. Es, por tanto, el liberador de Israel, seis siglos antes de Cristo.

Pues bien, la grandeza de Ciro es guiada por los caminos providentes del Señor, que “lo lleva de su mano”. Hasta tal punto la Iglesia hoy contempla a Ciro y comprende su misión que exclama en el salmo: “Aclamad la gloria y el poder del Señor”. Es difícil que la grandeza humana no nos ciegue, pero es necesario que reconozcamos que el poder de los hombres no se consigue sin la concesión de Dios, sin su cuidado providente, y por eso no podemos sino comprender la altura de Ciro, la importancia del César, como algo pasajero, de lo que Dios se sirve, pero que nos tiene que llevar a reconocer que no hay otro Dios fuera del Dios de nuestros padres, que se nos ha revelado en Jesucristo: “¡No hay otro Dios fuera de mí!”, advierte Yahvéh por el profeta. Cuando tratamos a los hombres como si fueran dioses, cuando les reconocemos poderes y fuerzas como
algo adquirido al margen de Dios y de su voluntad, nos alejamos de la recta comprensión de la historia y de nuestro mundo, pues “los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo”: es decir, que no hay comparación.

En cualquier ámbito de nuestra vida, “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” significa aceptar la grandeza de los hombres como una grandeza concedida, significativa, y ciertamente, aprovechada, bien acogida por el que la ha reconocido y exprimido; pero esto nunca podrá cegarnos como para negar que el poder de superarse cada día tiene una huella, nos conduce al que nos ha hecho evolucionar, crecer, avanzar, desde una dinámica interna, inteligente, amorosa, que no es otro más que Dios. Por eso, la verdadera alabanza sólo se le puede rendir a Dios: una alabanza pasajera es para aquel que gobierna lo pasajero, pero una alabanza eterna, una alabanza con toda la vida, solamente Dios la merece. Ensalzar las acciones de los hombres, cercanos y lejanos, si vivimos nuestra vida guiados por la fe, por la enseñanza del Señor, nos conducirá a la alabanza eterna al Señor. No se trata nada más que de dar a cada uno lo suyo. ¿En qué signos de grandeza, de autoridad, de imaginación artística o creativa, podemos reconocer la huella del creador? ¿Somos capaces de mostrar ante los demás hacia dónde conducen esos signos, o nos acobarda dar al César y a Dios lo que le es propio a cada uno?

La celebración litúrgica es para nosotros maestra para aprender a diferenciar lo que pasa y lo eterno: aquí sólo se alaba a Dios. Sólo se reconoce a Dios el poder y la grandeza verdaderos, sólo Él merece toda alabanza. ¿Deseamos que sean sólo para Él el honor y la gloria? A veces no es tan fácil reconocer que no todo es nuestro, que no todo mérito nos corresponde, que hay algo fuera de nuestro alcance… pero que esto exista no es malo, al contrario, nos ayuda a reconocer nuestra grandeza y nuestra pequeñez, la humildad de Dios y su poder soberano.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio IX dominical del Tiempo Ordinario


En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque nos concedes en cada momento lo que más conviene
y diriges sabiamente la nave de tu Iglesia,
asistiéndola siempre con la fuerza del Espíritu Santo,
para que, a impulso de su amor confiado,
no abandone la plegaria en la tribulación, ni la acción de gracias en el gozo,
por Cristo, Señor nuestro.
A quien alaban los cielos y la tierra, los ángeles y los arcángeles
proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo…





Para la Semana

Lunes 23:

Romanos 4,20- 25. Está escrito por nosotros, a quienes se nos contará: nosotros, los que creemos en Él.

Salmo: Lc 1,69-75. Bendito sea el Señor, Dios
de Israel, porque ha visitado a su pueblo.

Lucas 12,13-21, ¿De quién será lo que has preparado?
Martes 24:

Romanos 5,12.15b.17-19.20b-21. Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado, con cuánta más razón reinarán en la vida.

Sal 39. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Lucas 12,35-38. Bienaventurados los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela.
Miércoles 25:

Romanos 6,12-18. Ofreceos a Dios como quienes han vuelto a la vida desde la muerte.

Sal 123. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Lucas 12,39- 48. Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará.
Jueves 26:

Romanos 6,19- 23. Ahora estáis liberados del pecado y hechos esclavos de Dios.

Sal 1. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

Lucas 12,49- 53. No he venido a traer paz, sino división
Viernes 27:

Romanos 7,18 -25a. ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?

Sal 118. Instrúyeme, Señor, en tus decretos.

Lucas 12,54- 59. Sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente?

Sábado 28:
Santos Simón y Judas, apóstoles. Fiesta.

Efesios 2,19-22. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles.

Sal 18. A toda la tierra alcanza su pregón.

Lucas 6,12-19. Escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles.


Domingo la 28ª semana de Tiempo Ordinario. – 15/10/2017

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Comentario Pastoral

INVITAR A COMER ES GESTO SIGNIFICATIVO E IMPORTANTE

Todas las culturas religiosas han dado a la comida un sentido comunitario entre los hombres, o de los hombres con la divinidad. En la Biblia el banquete es un gesto de capital importancia. La comida humana significa fiesta, hospitalidad, amistad, paz sagrada. Es signo de reconocimiento, de alegría por el retorno (parábola del hijo pródigo). Los sabios dan reglas de conducta para las comidas. En el banquete cobra especial relieve el rito previo purifícativo, la palabra, la música, la acción de gracias.

El banquete alcanza su mayor expresividad cuando viene Cristo. Se le invita a la mesa de Lázaro,a las bodas de Caná, a casa de Sim6n, come con publicanos, aprueba la hospitalidad, recomienda el último puesto en el banquete y da de comer a la multitud. Al resucitar se hace reconocer con un banquete, la comunidad cristiana revive al resucitado en la fracción del pan, en la alegría y comunión fraterna.

Interesa por tanto comprender y profundizar el significado de la parábola de los convidados a la boda del hijo del rey, que se lee en la Misa de este domingo vigésimo octavo del tiempo ordinario. Destacan dos temas: el rechazo de la invitación y el traje de fiesta.

El rechazo de la invitación que Dios hace, bajo la imagen de rey generoso, es muestra de desprecio, de autosuficiencia y de violencia; es uno de los grandes misterios de la libertad humana. Irse a las tierras propias es preferir las posesiones de aquí abajo. Refugiarse en los negocios indica la absorción total por el trabajo como bien absoluto que proporciona comodidad. Los que no agregan un barrunto de excusa y maltratan injustificadamente a los mensajeros, son quienes radicalmente rechazan cualquier oferta de gracia y de salvación.

Los primeros indignos invitados son sustituidos por los comensales encontrados en los cruces de los caminos de la vida. Uno no estaba vestido con el traje de fiesta. (Según una costumbre antigua los criados cubrían al convidado con una túnica blanca). Si el invitado del último minuto ignora quién es el que convida; si no sabe que para sentarse a la mesa del rey ha de lavarse y cubrirse con el vestido limpio de los festines nupciales, que le es ofrecido gratuitamente, entonces es arrojado a las tinieblas, porque está sucio. Las tinieblas exteriores son lo opuesto a la luz interior, que permite ver la salvación, la alegría y la paz.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Isaías 25, 6-10a Sal 22, 1-6
san Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19 20 san Mateo 22, 1-14

de la Palabra a la Vida

Un verbo marca sin duda la liturgia de la Palabra de este domingo: “preparar”. Lo encontramos en la primera lectura, en el salmo y en el evangelio. Lo que se prepara es algo que se está haciendo, que no ha llegado a su punto final aún, y en estos tres relatos su aparición no es casual. Tampoco lo es que, en todos los casos, el sujeto sea el mismo: Dios es el que prepara.

En los tres casos, lo que prepara es un gran festín, un gran banquete en el que somos invitados a participar todos. Conocidos y desconocidos, de una forma o de otra, antes o después, todos son llamados a participar en ese gran festín. ¿Cuándo sucede? ¿En qué fecha es? “Aquel día” es una referencia al final de los tiempos: en el último día, hasta los trabajadores del último momento serán convocados a participar en ese banquete. Esa misma referencia al final la encontramos en el evangelio: sin duda, sucederá al final de todo y con todos invitados a participar. Por aquella puerta de palacio, de las puertas del cielo, los invitados irán desfilando y, aquellos que deban hacerlo, entrarán al banquete.

Pero el salmo, esa respuesta de la Iglesia a lo que escucha en la primera lectura, hace a la Iglesia cantar: “preparas una mesa ante mí”. Estamos hablando, entonces, de un suceso presente; la Iglesia se reconoce invitada a una fiesta que ya ha empezado. El creyente ya puede ver cómo su copa rebosa, y lo hace sobre el altar, donde el festín es festín eterno, de alimentos que duran desde que son confeccionados aquí y para siempre allí. Es la forma de Dios de hacernos ver que lo que se promete ya se entrega.

Pero para recibir lo que ya se entrega no basta con venir: la segunda parábola del evangelio, la del vestido de bodas, pone en evidencia que la invitación al banquete ha de ser bien acogida, que queda en manos del invitado aceptar la propuesta. El vestido es la conversión necesaria para poder entrar dignamente a quien lo ha dispuesto todo para nosotros. El agradecimiento a la invitación inmerecida se hace visible en cómo nos preparamos para el evento. Esto, como la invitación del salmo, es parte del presente. La participación en el banquete al que aquí somos invitados en la celebración sacramental tiene una preparación, un vestido, también sacramental, en el bautismo y la penitencia.

Así, la entrada en el banquete al final de los tiempos es ya visible: ha empezado a suceder ahora, en nuestros días, en los que elegimos una vida confiada al Señor, en los que somos llamados a la conversión y nos preparamos para entrar en la celebración sacramental. ¿Soy consciente de que he sido invitado a entrar en el banquete del cielo no por ninguna importancia mía, sino por la gracia de Dios? ¿Vivo la santa misa como entrada en ese banquete, que Dios ha preparado para mí? ¿Cómo es mi conversión, en concreto, para entrar en él, en qué se manifiesta?

Las parábolas de Jesús nos van a acompañar en estos últimos domingos del Tiempo Ordinario, y muchas de ellas hacen referencia a lo que sucederá en el final de los tiempos; sin embargo, no nos despistemos: no todo queda para entonces en una misteriosa nebulosa, más bien al contrario, en ellas se nos permite ver ya el futuro que nos espera. Sólo es necesario tomarlas en serio, no como un cuentecillo con mensaje moral, sino como una definición seria del Reino de Dios, y por lo tanto, como un mensaje que afecta directamente a nuestra vida presente.

De momento, hoy queda claro que ya se nos muestra lo que Dios ha preparado para nosotros:¿cómo lo queremos vivir?

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio I de los apóstoles


En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque Tú, Pastor eterno, no abandonas nunca a tu rebaño,
sino que por medio de los santos apóstoles
lo proteges y conservas,
y quieres que tenga siempre por guías
a los mismos pastores
a quienes tu Hijo estableció como enviados suyos.
Por eso
con los ángeles y arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo.



 


Para la Semana

Lunes 16:

Romanos 1,1 7. Por Cristo hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre los gentiles.

Sal 97. El Señor da a conocer su salvación.

Lucas 11,29 32. A esta generación no se le dará más signo que el signo de Jonás.

Martes 17:
San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir. Memoria.

Romanos 1,16 25. Habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como Dios.

Sal 18. El cielo proclama la gloria de Dios.

Lucas 11,37 41. Dad limosna y lo tendréis limpio todo.

Miércoles 18:
San Lucas, evangelista. Fiesta.

2Tim 4,10-17b. Lucas es el único que está conmigo.

Sal 144. Tus santos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado.

Lucas 10,1-9. La mies es abundante y los obreros pocos.

Jueves 19:

Romanos 3,21 30a. El hombre es justificado por la fe, sin obras de la Ley.

Sal 129. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Lucas 11,47 -54. Se pedirá cuenta de la sangre de los profetas, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarias.
Viernes 20:

Romanos 4,1-8. Abrahán creyó a Dios y le fue contado como justicia.

Sal 31. Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.

Lucas 12,1-7. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados.

Sábado 21:

Romanos 4,13.16-18. Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza.

Sal 104. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.

Lucas 12,8-12. El Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que teneís que decir.


Domingo de la 27ª semana de Tiempo Ordinario. – 08/10/2017

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Comentario Pastoral

SIMBOLISMO BíBLICO DE LA VIÑA

La viña para la Biblia es un símbolo transparente de Israel y de su historia con su trama de bien y de mal, de fe e infidelidad, El “canto con la viña” del profeta y poeta Isaías que se lee como primera lectura en este domingo vigésimo séptimo, es una de las piezas líricas antiguas más impresionantes, que conserva hoy toda su belleza y vigor. Este canto otoñal, compuesto probablemente para la fiesta de la vendimia, tiene una fuerza de expresión que hay que entender en clave matrimonial. Junto a expresiones de amor total encontramos lamentos desilusionados.

La viña tiene algo de misterioso y su fruto regocija a dioses y a hombres. La presencia de viñedos es signo de la bendición de Dios, que es presentado en muchos textos bíblicos como esposo y viñador. La viña es imagen de sabiduría, de fecundidad, de riqueza, de esperanza, de sosiego, de alegría. Por eso el israelita devoto siempre le consoló recordar que Noé, el justo, plantó una viña en una tierra que Dios prometió no volver a maldecir ni castigar.

La viña evoca siempre la esperanza. “¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?”. Las uvas que Dios espera de su pueblo, viña escogida, son frutos de justicia y no la agria vendimia de sangre derramada.

Donde se entiende perfectamente el canto de Isaías es en la parábola de Jesús sobre los viñadores homicidas. El propietario es Dios; los labradores que arriendan la viña representan al pueblo hebreo; los criados enviados son los profetas; el hijo del dueño es Cristo. La historia del pueblo elegido es una secuencia de rechazos, de negaciones, de delitos, que revela el misterio del pecado y de la incredulidad humana. Pero el nuevo Israel, que es la comunidad cristiana, se identifica con los fieles hebreos, que escucharon la voz de los profetas y creyeron. Los labradores de la viña que entregan los frutos a su tiempo son los que obran con justicia y defienden el derecho sin asesinatos ni lamentos. La injusticia es la respuesta negativa que el hombre da a la esperanza y confianza que Dios ha depositado en él.

No deja de ser sorprendente que Dios mismo, propietario de la viña, haya plantado la cepa auténtica que es Jesús. Podado en la cruz, ha dado el fruto generoso de la salvación, derramando el vino de su sangre, prueba definitiva de amor. Él es la vid verdadera y sus discípulos los sarmientos fecundos que llevan fruto abundante.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Isaías 5, 1-7 Sal 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20
san Pablo a los Filipenses 4, 6-9 san Mateo 21, 33-43

de la Palabra a la Vida

El relato del evangelio de hoy es una alegoría que cautiva por el procedimiento tan aparentemente natural según el cual se van desarrollando los acontecimientos que Jesús narra en su historia. Cualquier judío que escuchara el comienzo del relato de Jesús llevaría necesariamente su pensamiento al canto de la viña que hemos escuchado en la primera lectura, Is 5. La cerca el lagar, la torre… no hay duda, estamos hablando de aquel relato. Cualquier judío también podía entender lo que nosotros hemos reconocido al escuchar el salmo: “La viña es la casa de Israel”. Es una imagen clásica para hablar del pueblo elegido y del dueño de la viña, aquel que ha cuidado de su pueblo de forma providencial. Sí no se habla de un viñador terreno, sino de Dios y de Israel, por eso se considera un relato de género alegórico.

El envío de los siervos a la viña es realmente dramático: de forma que parece inevitable, los siervos van siendo alternativamente maltratados, sin que su referencia al dueño de la viña les asegure protección y vida, sino que, al contrario, provoca en ellos odio y muerte. No hay duda: son los profetas y el destino que han ido padeciendo. Los del primer envío y los del segundo, es decir, los profetas antiguos pero también los recientes, experimentan ese maltrato de parte de los que tendrían que reaccionar acogiendo con alegría la llegada de los siervos y reaccionan con odio y una actitud cada vez más depravada y ofensiva.

El envío del hijo es, en realidad, el envío del Hijo. Primero expulsado, después muerto fuera de la ciudad, aludiendo así a cómo tenía también que morir Jesús fuera de Jerusalén, le dan ya un matiz claramente cristológico al relato. Por eso, como la piedra rechazada es ahora la piedra angular, Cristo, el Hijo, tendrá que padecer el mismo rechazo para poder ser reconocido como piedra angular. Al final, después de haber experimentado el asombro ante la paciencia del dueño, ante la esperanza sin fundamento de los trabajadores y la trágica muerte del heredero, podemos encontrar una rebeldía que será respondida de forma oportuna y misteriosa por el dueño: ¿qué significa arrendar la viña a otros? Significa que no sólo el pueblo de Israel tiene acceso a la viña, a la salvación de Dios, a ser parte del pueblo de Dios. Ellos no han acogido la palabra que se les ha ofrecido de tantas formas y en tantas personas.

Para nosotros sería torpe quedarnos en la crítica al pueblo de Israel: necesitamos mirar también nuestra actitud ante lo que se nos ha dado, ante los derechos que nos creamos por causa de nuestra fe y ante la capacidad de obediente escucha de la Palabra de Dios que se nos ofrece. Dios cuida de su Iglesia con auténtico amor, con un mimo que se manifiesta en tantos y tantos detalles que reclaman de nosotros un corazón dispuesto a acoger, no tanto a exigir. El que se acostumbra a lo que tiene se vuelve exigente, lleno de derechos, y a la vez ciego para valorar la realidad sobre quiénes somos y todo lo que se nos ha dado. Quizá podría servirnos este evangelio para valorar la salvación y cómo la acogemos. Si la hacemos a nuestra manera o si la acogemos con humildad. Si queremos distribuirla a nuestro gusto (y nuestro gusto puede ser retenerla sin más, conformarme a no comunicarla) o por el contrario hacer partícipes a otros. La Iglesia en sí ya es signo evidente de lo que Dios espera: que acojamos al Hijo para que vivamos juntos en su casa.

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio de la Plegaria Eucarística II por diversas circunstancias

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, creador del mundo y fuente de toda vida:
Porque no abandonas nunca la obra de tu sabiduría
sino que obras con tu providencia en medio de nosotros.
Guiaste a tu pueblo Israel por el desierto
con mano poderosa y brazo extendido;
ahora acompañas a tu Iglesia, peregrina en el mundo,
con la fuerza constante del Espíritu Santo
y la conduces por el camino de la vida temporal
hacia el gozo eterno de tu reino,
por Cristo, Señor nuestro.
Por eso, también nosotros con los ángeles y los santos,
cantamos el himno de tu gloria, diciendo sin cesar:
Santo, Santo, santo…




 

Para la Semana

Lunes 9:

Jonás 1,1 2,1 11. Se levantó Jonás para huir lejos del Señor.

Salmo: Jon 2,3-5.8. Tú, Señor, me sacaste vivo de la fosa.

Lucas 10,25 37. ¿Quién es mi prójimo?

Martes 10:

Jonás 3,1-10. Los ninivitas se convirtieron de su mala vida, y Dios se compadeció.

Sal 129. Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?

Lucas 10,38 -42, Marta la recibió en su casa. María ha escogido la mejor parte.
Miércoles 11:
Santa María Soledad Torres Acosta. Memoria

Jonás 4,1-11. Tú te compadeces del ricino, ¿y no me he de compadecer yo de Nínive, la gran ciudad?

Sal 85 Tú, Señor, eres lento a la cólera y rico en
piedad.

Lc 11,1-4. Señor, enséñanos a orar.

Mateo 7,7 11. Quien pide, recibe.

Jueves 12:
Bienaventurada Virgen María del Pilar. Fiesta.

1Cron 15,3-4. 15-16; 16,1-2. Llevaron el Arca de Dios y la colocaron en el centro de la tienda que David le había preparado.

O bien: Hch 1,12-14. Perseveraban unánimes en la oración, junto con María, la madre de Jesús.

Sal 26. El Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado.

Lucas 11,27-28. Bienaventurado el vientre que te llevó.
Viernes 13:

Joel 11,13-15;2,1-2 El día del Señor, día de oscuridad y tinieblas.

Sal 9. El Señor juzgará el orbe con justicia.

Lucas 11,15-26 Si yo echo los demonios con el dedo de Dios,entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.

Sábado 14:

Joel 4,12 21, Mano a la hoz, madura está la mies.

Sal 96. Alegraos, justos, con el Señor.

Lucas 11,27 28. ¡Dichoso el vientre que te llevó! Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la palabra de Dios!.

 

Domingo de la 26ª semana de Tiempo Ordinario. – 01/10/2017

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Comentario Pastoral

EL COMPROMISO DE DECIR “SÍ”

Las afirmaciones demasiado espontáneas, las respuestas inmediatas, casi sin pensar, deben ser sometidas a una crítica y análisis. Porque muchas veces el “sí” es un “no”, y viceversa. Decir “sí” es cosa muy distinta a hacer. El que da un paso adelante precipitadamente acaba retirándose apenas se encuentra fuera del alcance de la vista del superior. Por eso el que va regalando constantemente respuestas fáciles, la mayoría de las veces claudica ante empeños o situaciones difíciles.

En contraposición existen personas, como el primer hijo de la parábola que se propone en la Misa de este domingo vigésimo sexto, que son inquietas, rebeldes, que de entrada niega, pero que tienen un corazón de oro. Los rebeldes son apasionados porque han padecido algunas desilusiones, porque son fieles a unos valores olvidados. No saben emplear la palabra lisonjera, aparentemente viven en manifiesta desobediencia, se sienten incapaces de reducir la vida a saludos fáciles, son atrevidos porque parece que dicen “no” a todo.

La pregunta de Jesús es vigente y nos interpela a todos: “¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?’. Lo que importa, por consiguiente, es cumplir la voluntad del padre: cultivar la viña. Solamente los obreros de la verdad, y no los especialistas del “sí” fácil y de comprometido, son los verdaderos hijos. Porque el padre solamente reconoce como hijo a aquel que cumple su voluntad, y se esfuerza, y trabaja en la viña de la Iglesia. Sin embargo no llama “hijo” al que se limita a proclamar la simple intención de cumplir. Existen demasiados intencionistas de primera buena voluntad, pero que después hacen lo que les da la gana. Muchos se creen merecedores de un diez en conducta simplemente porque han dicho “voy, Señor”. Dios no se deja engañar por nuestro “sí” repentino, sino que echa una ojeada por la viña para ver si estamos y qué es lo que hacemos de bueno.

Se debe desterrar siempre un concepto de obediencia falsa e hipócrita, que suma inutilidades a la atonía del mundo. La verdadera obediencia, descrita en los textos bíblicos de hoy, significa humildad, cercanía a los otros, eliminación de la vanagloria, superación de los intereses personales, dominio del gusto personal y del fácil deseo de poder. Es donación como la de Cristo, el Hijo de Dios; es servicio a la entera comunidad humana. ¡Cuántos sepulcros blanqueados de aparente obediencia esconden muerte y vacío!

Andrés Pardo

 


Palabra de Dios:

Ezequiel 18, 25-28 Sal 24, 4bc-5. 6-7. 8-9
san Pablo a los Filipenses 2, 1-11 san Mateo 21, 28-32

de la Palabra a la Vida

El verbo “recapacitar” une de forma discreta la primera lectura con el evangelio de hoy. Que el hombre que ha tomado una mala decisión pueda “recapacitar” lo hace posible la misericordia de Dios, una misericordia que crea un espacio en el que lo que se ha dicho, hecho o decidido mal puede ser transformado en algo que se dice, hace o decide bien. La misericordia toma la forma, entonces, de paciencia en las lecturas de hoy. Abre un margen más amplio, que sólo con existir ya permite que donde se había dicho “no” ahora pueda decirse “sí”. Aquí contrasta ese espacio que Dios crea y con el que capacita al hombre para la obediencia con ese “voy” del hombre con el que este se incapacita para la obediencia y el seguimiento.

Lo sabemos bien, que todos hemos sido niños: “voy” es una palabra que manifiesta una derrota, significa que la pereza, la falta de amor, el desinterés, ya se están haciendo fuertes en el corazón. El auténtico amor directamente “va”: no tiene necesidad de anunciarse, de incitar a la espera, sino que obra. Y sin embargo, he aquí un contraste todavía mayor: ni siquiera todas las veces juntas que podamos decir en nuestra vida “voy” son tan persistentes como la misericordia de Dios, que espera para nuestra conversión. Así, en esa espera podemos descubrir algo precioso del ser de Dios: una mirada paciente y esperanzada, una forma de ser que permite que el hombre recapacite.

Cuando uno profundiza en cómo Dios crea ese espacio para nosotros, y a la luz del evangelio del domingo pasado, podemos entender que nuestro corazón esté llamado a mirar a los demás con ese deseo de favorecer ese espacio para otros. No hay signo en nosotros que manifieste mejor la acción de Dios en nuestra vida que el hecho de que esperemos con buen ánimo la conversión del que nos rechaza, niega o desobedece: esperanzador para el prójimo. Es precisamente ese el espacio por el que “los publicanos y las prostitutas” han aceptado entrar para llevar la delantera a quien niega el poder de la conversión. Es llamativo cómo el mismo Juan Bautista ejerce de testigo de quién entrará antes en el Reino de los cielos: Juan ha llamado a la conversión, ha creado ese espacio necesario, pero de los que menos esperaba ha escuchado: “voy”. Tanto es así que los que parecían más lejanos se alegran al encontrar abiertas las puertas del cielo, y aunque al
principio dijeron “no”, ahora vienen.

Por eso, Dios sabe cuándo un “no” es un anuncio de conversión, y nos mira esperanzado. La Iglesia que se reúne para celebrar y recibir la gracia de Cristo encuentra en esta la fuerza para vencer la parálisis de anunciar que va pero no ir. ¿Cuáles son los momentos o las propuestas de conversión en los que experimento mi propia debilidad? ¿Cómo afronto que los demás acepten y acojan el camino de la conversión, de ir cada día en silencio acercándose un poco más a Dios, sin hacer ruido, conmovidos por la misericordia de Dios?

“Mañana le abriremos, respondía, para lo mismo responder mañana” es otra forma de decir ese “voy”. Sólo la misericordia del Padre unida a la gracia de Cristo permiten al hombre romper estas ataduras, esa fuerza que le domina y le impide ir. Pero sabemos que Dios, que mira esperanzado, pondrá a nuestro alcance esa fuerza siempre.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio común IV

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Pues aunque no necesitas nuestra alabanza,
ni nuestras bendiciones te enriquecen,
tú inspiras y haces tuya nuestra acción de gracias,
para que nos sirva de salvación,
por Cristo, Señor nuestro.
Por eso, unidos a los coros angélicos, te alabamos proclamando llenos de alegría:
Santo, Santo, Santo…


Para la Semana

Lunes 11:
Santos ángeles custodios. Memoria.

Zac 8m,1-8. Estoy para salvar a mi pueblo de Oriente a Occidente.

Sal 101. El Señor reconstruyó Sión y apareció en su gloria.

Mt 18,1-5.10. Sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial.
Martes 12:
Zacarias 8,20- 23. Vendrán pueblos numerosos buscando al Señor en Jerusalén.

Sal 86. Dios está con nosotros.

Lucas 9,51- 56. Tomó la decisión de ir a Jerusalén.
Miércoles 13:
San Francisco de Asís. Memoria.

Nehemias 2,1-8. Si le parece bien al rey, permítame ir a la ciudad de mis padres para reconstruirla.

Sal 136. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

Lucas 9.57-62. Te seguiré adonde quiera que vayas.
Jueves 14:
Témporas de acción de gracias y de petición. Feria mayor.

Dt 8,7-18. Dios te da la fuerza para adquirir esa riqueza.

Salmo: 1Cr29,10-12. Tú eres Señor del universo.

2Co 5,17-21. Os pedimos que os reconciliéis con Dios.

Mt 7,7-11. Todo el que pide recibe.

Viernes 15:

Baruc 1,15 22. Hemos pecado contra el Señor desoyendo  sus palabras.

Sal 78. Por el honor de tu nombre, Señor, líbranos.

Lucas 10,13 16. Quien me rechaza a mi, rechaza al que me ha enviado.
Sábado 16:
Bienaventurada Virgen María del Rosario. Memoria.

Barna 4,5 12,27 -29. El mismo que os mandó las desgracias os mandará el gozo.

Sal 68. El Señor escucha a sus pobres.

Lucas 10,17- 24. Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.


Domingo de la 25ª semana de Tiempo Ordinario. – 24/09/2017

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Comentario Pastoral

LOS ÚLTIMOS IGUAL QUE LOS PRIMEROS

“Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”. Esta frase, que se lee en la primera lectura de la Misa de este domingo veinticinco del tiempo ordinario, es síntesis clave perfecta para entender el comportamiento, irracional e injusto según los esquemas económicos en uso, del propietario de la viña.

En la parábola destacan dos extremos: la contratación progresiva, a lo largo del día, de obreros para la viña, los cuales reciben por igual el mismo jornal, y la indignación polémica de los primeros, que pensaban recibir más. En la parábola se ven claramente reflejados los fariseos y justos, “los primeros”, que se escandalizan de que Jesús ofrezca la salvación también a los pecadores, “los últimos”. Esta reacción sigue siendo demasiado frecuente, incluso en la Iglesia de hoy.

De hecho, los jornaleros de la viña más que reclamar un salario mayor, lo que hacen es lamentarse fuertemente porque han sido tratados por igual los contratados al amanecer y los que llegaron a última hora. Esta reacción es similar a la del neofariseismo, que se escandaliza por la apertura y ofrecimiento de la Buena Nueva a los pobres, humildes, desheredados y pecadores.

Junto con la contraposición de “primeros y últimos”, se puede entender también la antítesis “judaísmo -universalismo”. Tratar por igual a los paganos hería ciertos privilegios y cierta lógica humana que consideraba la salvación como un bien y un patrimonio nacional. Jesús trata por igual a todos, a judíos y paganos, a justos y a pecadores. La vieja alianza basada en el derecho y en la justicia es sustituida por la nueva, fundada exclusivamente en la gracia. El Reino es un don de Dios y no un salario por las obras de la ley; la salvación no es una recompensa contractual, sino una iniciativa divina, hecha por amor, a la que el hombre es invitado a participar con alegría y sin limitaciones.

En los planes de Dios no media proporción entre el jornal celeste y la obra humana, que nos lo hace merecer. Las obras terrenas merecen salarios terrenos; el trabajo en la viña del Señor recibe un premio sin proporción con el mérito. Por eso los últimos son tratados como primeros, porque nadie los había contratado, por que permanecieron a la espera durante el día entero, atentos a la llamada. ¿Qué justicia es ésta? Justicia divina.

Andrés Pardo

Palabra de Dios:

Isaías 55, 6-9 Sal 144, 2-3. 8-9. 17-18
san Pablo a los Filipenses 1, 20c-24. 27a san Mateo 20, 1-16

 

de la Palabra a la Vida

Cuando tratamos de encajar en nuestra forma de funcionar y de medir las relaciones la forma de hacer de Dios y de hacer con nosotros nos encontramos con que el sistema falla y hay que tomar una decisión entre dos caminos posibles, a saber: o fiarme de su forma extraña de hacer, como con el hijo pródigo, por ejemplo, o enfadarme y echarle en cara su manía de salirse de lo habitual. El evangelio de hoy presenta en una parábola la crisis de aquellos que se enfadan porque tratan de encajarlo en su visión del trabajo y de la justicia, mientras que Él busca llevarlos a algo más grande.

Dos son los motivos de queja de los labradores que, desde el principio de la jornada han trabajado en la viña del amo: que han hecho más horas de labor que ningún otro, cobrando lo mismo, y el calor que ha endurecido el trabajo en las horas centrales del día, que no han sufrido los que han llegado a la puesta de sol, con un clima más favorable. La duración y la dificultad. Son diferencias tan evidentes que no cabe duda de que se presentan llenos de razones ante el amo, al que tratan con malas maneras. Sin embargo, la respuesta del amo es sorprendente: “¿Tienes envidia de mí porque yo soy bueno?” ¿Qué bondad es esa? ¿Qué tiene ese denario que es insuperable? Dios no quiere ofrecer la salvación sólo a unos pocos, es más, la ofrece a publicanos y pecadores, como si estos fueran los de la última hora… Ciertamente, “el Señor es clemente y misericordioso”, ofrece su denario a todos sin merecimiento, aunque diga el salmo que “el Señor es justo y bueno en todas sus acciones”.

Cuando el amo de la viña se transforma en el Señor, entonces el denario del final de la jornada se convierte en el Reino de Dios al final de la vida. Y entonces la parábola adquiere un sentido nuevo: Algunos privilegiados han tenido en su mano la posesión del Reino desde el principio de su vida. Ciertamente, les ha tocado sudar, afrontar dificultades, en determinados momentos la tarea se les ha hecho larga… pero la han afrontada teniendo el Reino de Dios en su mano, como un seguro y un sentido a todo el trabajo. Algo que no han tenido los trabajadores de última hora, los que sólo al final de la vida han disfrutado de la viña del Reino. Por eso, el trabajo en la viña no puede afrontarse de malas maneras, y ni la dureza ni la duración pueden hacernos rechazarlo, renegar de él, pues ofrece la salvación, ofrece saber que estamos trabajando con un sentido claro. Aquellos trabajadores tenían en su mano la vida eterna, la han tenido toda su vida… y no la han sabido valorar, se han quejado… Hay privilegios que tenemos que prestar atención para saber valorarlos. El Señor, sí, está siendo bueno con los de la última hora, pero no lo ha sido menos con los del principio del día. Verdaderamente, ahora se ve bien que “mis planes no son vuestros planes”.

El Señor sabe lo que se hace, y no se deja vencer por las dificultades, ni siquiera por el hecho de que sus trabajadores se revuelvan: Él nos está dando ya la vida eterna, la posesión del Reino. Quizás convendría valorar así nuestra fe, la eucaristía, la Iglesia, cada tarea o testimonio de fe que se nos pide… como la certeza del don recibido. Partiendo de la certeza del don, o partiendo de la bondad del dador, la conclusión es la misma, el privilegio de trabajar en esta urgente tarea. Nuestra experiencia de creyentes nos sitúa ya trabajando para el Señor, llamados por Él por pura gracia, porque es misericordioso, y no sólo tenemos que alegrarnos por ello a pesar de las dificultades, sino que también tenemos que desear que sean muchos más los que, cada día, quieran venir a trabajar con nosotros de sol a sol.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio de los ángeles

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Y proclamar tus alabanzas en tus ángeles y arcángeles
pues lo que se honra verdaderamente en ellos redunda en tu grandeza y gloria.
Siendo ellos dignísimos de todo honor,
Tú eres inmenso y has de ser reconocido sobre todas las cosas,
por Cristo Señor nuestro.
Por Él, la multitud de los ángeles celebra tu majestad;
a ellos nos unimos en gozosa adoración cantando a una sola voz tu alabanza:
Santo, Santo, Santo…

 

 

Para la Semana

Lunes 25:
Esdras 1,1-6. El que pertenezca al pueblo del Señor que suba a Jerusalén, a reconstruir el templo del Señor.

Sal 125. El Señor ha estado grande con nosotros

Lucas 8,16-18. La lámpara se pone en el candelero para que los que entren vean la luz.
Martes 26:
Esdras 6,7 8.12b,14 -20. Terminaron la el templo y celebraron la Pascua.

Sal 121. Vamos alegres a la casa del Señor.

Lucas 8,19- 21. Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.
Miércoles 27:
San Vicente de Paúl, presbítero. Memoria.

Esd 9,5-9. Dios no nos ha abandonado en nuestra esclavitud.

Salmo: Tob 13,1b-5.10. Bendito sea Dios, que vive eternamente.

Lc 9,1-6. Los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos.
Jueves 28:
Ageo 1,1-8. Construid el templo, y me complaceré con él.

Sal 140. El Señor ama a su pueblo.

Lucas 9,7-9. A Juan le mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?

Viernes 29:
Santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Fiesta.

Dan 7,9-10.13-14. Miles y miles lo servían.

o bien:

Ap 12,7-12a. Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón.

Sal 137. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

Jn 1,47-51. Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.
Sábado 30:
San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia. Memoria.

Zacarías 2,5 9.14-15a. Voy a habitar en medio de ti.

Sal Jer. 31,10-13 El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.

Lucas 9,43h- 45. El Hijo del hombre va a ser entregado. Les daba miedo preguntarte sobre el asunto.


Domingo de la 24ª semana de Tiempo Ordinario. – 17/09/2017

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Comentario Pastoral

PERDONAR SIN LÍMITES

Al hermano se le debe corregir, pero “¿cuántas veces le tengo que perdonar?’. Pregunta importante, que siempre es actual por su difícil aplicación. Algunos textos bíblicos conceden el perdón hasta tres veces; el apóstol Pedro, a fuerza de magnánimo, se atreve a doblar la aplicación hasta siete veces; pero Jesús desconcierta con su respuesta exigiendo un perdón sin límites hasta “setenta veces siete”.

La parábola que se lee en el evangelio de la misa de este domingo es muy clara; está estructurada en tres escenas con dos protagonistas: rey y empleado; empleado y compañero; señor y siervo. Sobresalen los contrastes, la oposición de los comportamientos. Un gesto de buena voluntad alcanza el perdón inmediato de una gran deuda de quien posteriormente es incapaz e implacable para condonar el exiguo crédito de un compañero. Dios tiene infinita misericordia, mientras el hombre perdonado se muestra mezquino, tirano e intolerable para prolongar el perdón recibido.

El perdón siempre debe ser alegre, ilimitado, generoso. La parábola de referencia señala el paso de una concepción cuantitativa a una visión cualitativa del perdón. Perdonar es tener piedad y amor, superar las leyes de una justicia rígida o de un rigor inflexible. No existen límites ni casos cuando se juzga con amor.

Hoy somos invitados a romper la lógica de la venganza, la cadena del odio, la prisión del rencor y de la ira. Hoy se nos convoca al reencuentro del amor y de la magnanimidad. El corazón grande se manifiesta en el perdón, que es victoria sobre la venganza, propia de espíritus pequeños. El que perdona vence dos veces; por eso es laudable cantar la victoria del perdón sin límites frente a las derrotas de los que dicen que perdonan pero no olvidan. Quien no es capaz de perdonar totalmente a otros rompe el puente por donde puede venir el perdón que él necesita.

Es preciso coincidir en que es humano amar, pero que es más humano y cristiano perdonar. En el dilema de opciones por la virtud de la justicia o por la virtud del perdón sin límites, el discípulo de Jesús debe escoger siempre el perdón. Es cristiano aquél que no sabe odiar y manifiesta en toda ocasión el perdón, más fácil a los enemigos y siempre difícil a los amigos. Estamos todos tan necesitados de perdón que debemos reconocer como asignatura pendiente la indulgencia.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Eclesiástico 27, 33-28, 9 Sal 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12
san Pablo a los Romanos 14, 7-9 san Mateo 18, 21-35

 

de la Palabra a la Vida

Durante los próximos domingos la liturgia nos ofrece en el relato evangélico algunas de las parábolas de san Mateo en las cuales se hace referencia a actitudes en el presente que tienen importancia para el futuro, para la vuelta del Señor. En este domingo el tema evidente es la capacidad de perdonar y la consecuencia inmediata; el Sirácida lo expone perfectamente: “Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas”. Hay una relación directa entre lo que perdonamos y lo que se nos perdona, lo sabemos bien los que rezamos a diario la oración del Señor. Por eso continúa su reflexión la primera lectura: “¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor?”.

Por si no se ve la continuidad, el Señor lo expone con una parábola para que se vea claramente. Un criado recibe el perdón de una deuda inmensa y de inmediato es incapaz de perdonar una mínima deuda a un compañero, siendo tratado su compañero como lo merecía por su deuda él mismo. Una actitud tan injusta produce en los compañeros que lo ven una gran sorpresa y una mayor decepción: ¿cómo es posible que tengamos una manga “tan ancha” para nuestros errores y “tan estrecha” para los que otros cometen y que nos afectan? Esa actitud es propia de un corazón duro, un corazón centrado en uno mismo y que, desde luego, no trata a los demás como iguales, sino como alguien menor, que no merece lo que yo mismo sí merezco.

Para los judíos, Dios tiene dos medidas para gobernar el mundo, misericordia y justicia, pero al final de los tiempos sólo quedará la justicia. En cambio, Jesús es novedoso al enseñar que, al final, también la misericordia tendrá su vigencia. Y, ¿cuándo una y cuándo la otra? Según el evangelio no hay duda: Dios está dispuesto al perdón con quien durante su vida se haya mostrado dispuesto al perdón. Por el contrario, cuando en la vida se ha obrado con una exigencia rígida también así hará el Señor. Es, ciertamente, lo que Jesús advierte en otro lugar del evangelio: “La medida que uséis, la usarán con vosotros”. Se pone, entonces, en nuestras manos, el perdón de nuestros pecados. No hay duda de lo que más nos conviene.

Cuando nos acercamos al sacramento de la reconciliación y contemplamos admirados cómo nuestros pecados “blanquean como lana”, la actitud misericordiosa del Padre, como la del amo de la parábola, tienen que quedar impresas en nuestro corazón y conmoverlo, para que el recuerdo de tanta misericordia no se borre y nos haga obrar igual en la relación con nuestros hermanos. Dios es ofendido y perdona, nosotros somos agraviados y… ¿perdonamos? El salmo responsorial quiere dejar esta huella de cómo es Dios en nuestro corazón, para que salga de nosotros el ser como Él es y el actuar como Él actúa: “Dios es compasivo y misericordioso”. Tiene que quedar tatuado en nuestro corazón tanto amor, tan generoso, de tal forma que podamos ponernos en la presencia de Dios con un corazón tranquilo, confiado, no en sus propias fuerzas sino en que la misericordia de Dios se ha encontrado con nuestra actitud capaz de perdonar. ¿Quién no ha recibido de mí aún el perdón que pide, o que, seguro, mi corazón pide? ¿Cómo puedo guardar algo aún en el corazón, como ofensa, maquillado como “justicia” sólo sabiendo que eso me aleja de Dios?

Setenta veces siete es una forma muy gráfica de decir “siempre”. Setenta veces siete. No perdonemos setenta veces siete porque tenemos un gran corazón, sino porque el Señor ha tenido un corazón enorme con nosotros.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio II de los santos mártires

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque Tú eres ensalzado en la alabanza de tus santos,
y, cuanto pertenece a su pasión, es obra admirable de tu poder,
Tú, bondadosamente,
otorgas el ardor de su fe, das firmeza en la perseverancia
y concedes la victoria en el combate, por Cristo, Señor nuestro.
Por eso, Señor,
tus criaturas del cielo y de la tierra te adoran cantando un cántico nuevo,
y también nosotros, con todo el ejército de los ángeles,
te aclamamos por siempre diciendo:
Santo, Santo, Santo…

 

 

Para la Semana

Lunes 18:
1 Timoteo 2,1 8. Que se hagan oraciones por toda la humanidad a Dios, que quiere que todos los hombres se salven.

Sal 27. Bendito el Señor, que escuchó mi voz
suplicante

Lucas 7, 1 10. Ni en Israel he encontrado tanta fe.
Martes 19:
San Alonso de Orozco, presbítero. Memoria.

1 Timoteo 3,1 13. Conviene que el obispo sea irreprochable; asímismo los diáconos, que guarden el misterio de la fe con conciencia pura.

Sal 100. Andaré con rectitud de corazón.

Lucas 7,11 17. ¡Muchacho, a ti te digo, levántate!
Miércoles 20:
Santos Andrés Kim Taegon, presbítero, Pablo Chong Hasang, y compañeros, mártires. Memoria.

1Tim 3,14-16. Es grande el misterio de la piedad.

Sal 110. Grandes son las obras del Señor.

Lc 7,31-35. Hemos tocado y no habéis bailado, hemos entonado lamentaciones y no habéis
llorado.
Jueves 21:
San Mateo, apóstol y evangelista. Fiesta.

Ef 4,1-7.11-13. Él ha constituido a unos apóstoles, a otros, evangelistas.

Sal 18. A toda la tierra alcanza su pregón.

Mt 9,9-13. Sígueme. Él se levantó y lo siguió.
Viernes 22:
1 Timoteo 6,2c 12. Tú, en cambio, hombre de Dios, busca la justicia.

Sal 48. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Lucas 8, 1 -3, Las mujeres iban con ellos y les servían con sus bienes.
Sábado 23:
San Pío de Pietrelcina, presbítero. Memoria.

1 Timoteo 6,13- 16. Guarda el mandamiento sin mancha hasta la manifestación del Señor.

Sal 99. Entrad en la presencia del Señor con vítores.

Lucas 8,4-15. Los de la tierra buena son los que escuchan la palabra, la guardan y dan fruto perseverando.

 

Domingo de la 23ª semana de Tiempo Ordinario. – 10/09/2017

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Comentario Pastoral

LA CORRECCIÓN FRATERNA

E1 tema de la corrección fratema es clásico en la tradición cristiana. Su ejercicio es un arte, que supone humildad recíproca, amor auténtico, delicadeza y sensibilidad interior, En la liturgia de este domingo vigésimo tercero del tiempo ordinario los textos del profeta Ezcquiel y del evangelista Mateo nos lo recuerdan. El cambio de conducta por medio de la represión supone salvar la vida al hermano. Mantener empeño constante por llevar a la práctica el diálogo pastoral en el interior de la comunidad de los fieles es ayudarla a que sea siempre más luminosa.

Muchos piensan que la recíproca corrección es sólo algo personal, olvidándose de su dimensión eclesial, que proviene de la misma autoridad de Dios. Cuántos quieren que la Iglesia calle, que el Papa no hable, que los obispos no se pronuncien. Se supervalora la diplomacia del silencio creyendo que es más eficaz en la sociedad actual, donde abundan en todos los campos los mutismos cómplices. Sin embargo es preciso recordar que “Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva”. Y para ello es preciso que la acción pastoral de la Iglesia sea realizada sin hipocresía, murmuración, orgullo y prevaricación de poder.

Desde la atalaya que permite vislumbrar el horizonte de la verdad, se deben examinar las conductas fruto de la mentira. Porque el mal es una semilla siempre presente en el hombre y en el creyente. La Iglesia lo puede “desatar” con el perdón sacramental, siguiendo el ejemplo del Señor que era “amigo de los publicanos y pecadores”. Convertirse es evitar el fariseísmo estéril. Los cristianos no son los hombres perfectos que dicen que no roban, ni matan, ni hacen mal, sino aquellos que reconociéndose pecadores se convierten e intentan sin desmayo ser mejores todos los días.

La corrección fraterna exige un esfuerzo vario y múltiple de ayuda y de catequesis. De la liturgia de este domingo emerge un gran empeño pastoral y comunitario para los alejados, a la vez que se ejercita la comprensión y delicadeza hacia los errores que acompañan la existencia personal y eclesial. Sobresale la celebración de la misericordia contra todo rigorismo excesivo; el poder de “atar desata? es más bien aceptar perdonar y no un frío denunciar condenar. No en vano el amor es el centro coordinador del culto y de la vida y lo más específico de la existencia cristiana. El amor es la estrella polar que hace caminar a los creyentes por el camino recto de la verdad.

Andrés Pardo

 

Palabra de Dios:

Ezequiel 33, 7-9 Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9
san Pablo a los Romanos 13, 8-10 san Mateo 18, 15-20

 

de la Palabra a la Vida

Las lecturas de hoy nos ponen en una delicada tesitura a los que buscamos cada día seguir al Señor. Son lecturas para las que necesitamos el marco correcto, marco que haga comprensible su sentido e inevitable su cumplimiento. Es el ámbito de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo que ha sido vivificado con el Espíritu Santo, Espíritu de la verdad y del amor. Es por esto que no es en ningún caso indiferente para mí lo que otro miembro del Cuerpo viva o elija. No existe la vida de fe al margen de la comunidad cristiana, pues Cristo ha salvado reuniendo a sus hijos. En un mundo individualista, terriblemente individualista, en el que cada uno va a lo suyo sin mayor problema, la liturgia de la Palabra de hoy nos dice: no, el mundo sí, pero tú no. Porque tú eres un miembro de un cuerpo. Es por esto que el hermano que yerra debe ser corregido, y yo que yerro como todos debo esperar esa corrección también para mí. Cuando, a ese individualismo mundano se une la vanidad, querer corregir, ayudar a otro, a un hermano, es poco menos que deporte de riesgo. Por eso el marco es la Iglesia, para que no caigamos en la tentación de ir por la vida de fe como franco tiradores, a la caza de cualquier fallo o error. Sólo aquel que camina a mi lado está a mi alcance, sólo aquel al que me he acercado, cuyo lugar he ocupado, me es accesible, tiene la cercanía conmigo que hará fructíferas mis palabras. Porque sí, lo que se busca es “salvar al otro del error”. No saber más, no quedar por encima, no erigirse como ejemplo de nada: corregir es un servicio, dejarse corregir es una gran virtud. Y así, el Cuerpo de Cristo aparece más fuerte, más sabio, más santo.

Y es que el salmo responsorial nos ofrece una bonita perspectiva en la cuestión de la corrección: “Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis el corazón”. En la voz del hermano, es la voz del Señor la que escucho. En la voz del que me corrige puedo reconocer la llamada del Señor a mi propia conversión. ¿La acepto? La madurez para acoger una corrección ha de ser tan grande como para hacerla, y han de estar motivadas ambas por la fe y el amor, son una consecuencia de una vida generosa en conversión y en experiencias cercanas a Dios. En un diálogo de fe y de amor, fácilmente experimentamos que recibimos o que damos vida, que encontramos el consuelo de Cristo.

Por eso puede decir san Pablo en la segunda lectura que “amar es cumplir la Ley entera”, porque el que conoce el amor de Dios entra en un camino de seguimiento del Señor, en un camino de conversión, en el que su corazón se va haciendo -a veces por la voz interior de la conciencia, a veces por las voces amigas desde fuera de nosotros – a seguir la Ley del amor de Dios. Así, el poder de “atar y desatar”, ligado tradicionalmente a la penitencia, amplía aquí su alcance a todos los cristianos y a todas las circunstancias en las que la virtud desata del error y conduce por el camino de la salvación, nos libera de vivir “atados” al error y al pecado.

En el ámbito de la Iglesia, en un proceso de comunión con el Señor, ¿experimento que soy dócil para dejarme corregir? ¿acepto entrar en ese misterio de amor en el que Cristo, por medio de la Iglesia, de los hermanos, me va mejorando, o creo que yo no tengo nada que cambiar, nada que purificar? La Iglesia sólo puede ser “hospital de campaña” si comenzamos por reconocer cada uno de nosotros las heridas y engaños que el Tentador y el pecado han producido en nosotros y la curación que Cristo, médico fiel, nos ha procurado. Ahí nos jugamos recibir y ofrecer el amor de Dios.

Diego Figueroa

 

 

al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio de la fiesta de la exaltación de la santa cruz

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque has puesto la salvación del género humano en el árbol de la cruz,
para que donde tuvo origen la muerte, de allí resurgiera la vida,
y el que venció en un árbol, fuera en un árbol vencido, por Cristo, Señor nuestro.
Por Él, los ángeles alaban tu gloria,
te adoran las dominaciones y tiemblan las potestades,
los cielos, sus virtudes y los santos serafines te celebran unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente tu alabanza:
Santo, Santo, Santo…

 


Para la Semana

Lunes 11:
Colosenses 1,24 2,3 Nombrado servidor de la Iglesia para llevar a plenitud el misterio escondido desde siglos.

Sal 61. De Dios viene mi salvación y mi gloria.

Lucas 6,6 11. Estaban al acecho para ver si curaba en sábado
Martes 12:
Colosonses 2,6 15. El Señor os vivificó con él, y nos perdonó todos los pecados.

Sal 144. El Señor es bueno con todos.

Lucas 6,12 19. Pasó la noche orando. Escogió a doce, a los que también nombró apóstoles.
Miércoles 13:
San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia. Memoria.

Colosenses 3,1 11. Habéis muerto con Cristo; en consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros.

Sal 144. El Señor es bueno con todos.

Lucas 6,20 26. Bienaventurados los pobres; Ay de vosotros, los ricos
Jueves 14:
Exaltación de la santa cruz. Fiesta.

Num 21,4b-9. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y
salvaba la vida.
o bien:

Flp 2,6-11. Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo.

Sal 77. No olvidéis las acciones del Señor.

Jn 3,13-17. Tiene que ser elevado el Hijo del hombre.
Viernes 15:
Bienaventurada Virgen María de los Dolores. Memoria.

11Tim 1,1-2.12-14. Antes era un blasfemo, pero Dios tuvo compasión de mí.

Sal 15. Tú eres, Señor, el lote de mi heredad.

Jn 19,25-27. Mujer, ahí tienes a tu hijo.
o bien:

Lc 2,33-35. A ti mismo una espada te traspasará el alma
Sábado 16:
Santos Cornelio, papa y Cipriano, obispo, mártires. Memoria

1 Timoteo 1,15 17. Vino al mundo para salvar a los pecadores.

Sal 112. Bendito sea el nombre del Señor por siempre.

Lucas 6,43 49. ¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?


Domingo de la 22ª semana de Tiempo Ordinario. – 03/09/2017

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Comentario Pastoral

SUBIR A JERUSALÉN

La vida cristiana, inspirada y basada en la fe, es profundamente interior, y no se reduce a objetos, ritos o leyes. Somos santificados por acción del Espíritu Santo de Dios, que actúa directamente en el corazón de los creyentes. A todos los cristianos, como a Jeremías, la Palabra dulce de Dios se puede volver amarga y el amor seducción. A todos los cristianos, como a Jeremías, la Palabra dulce de Dios se puede volver amarga y el amor seducción. Sin embargo, esa misma Palabra, desde su verdad interior más profunda, nos invita a seguir cargando con la cruz.

El camino del profeta y del discípulo es ciertamente el camino de la cruz, que conoce oscuridades, abandono, silencios, sufrimientos. Cargar con la cruz no es otra cosa que negarse a sí mismo, saber renunciar y perder. Cristo sugiere un “perder” especial, para saber encontrar.

El final de la perícopa evangélica de este domingo es una mirada luminosa a la Pascua y al juicio liberador. Y es que la solidaridad con el Cristo sufriente desemboca en solidaridad con el Cristo glorioso. Nunca el dolor cristiano es desesperación, pues el yugo del Señor es siempre llevadero y su carga ligera.

Pero el comienzo de este evangelio dominical presenta la brusca reacción del apóstol Pedro ante el anuncio de la pasión del Señor. “¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte”. Reacción comprensible e impetuosa, cargada de amor hacia el Maestro, pero que no comprende los designios de Dios. “¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!”. Cuántas veces no sabemos aceptar y comprender los caminos de actuación de lo que llamamos “providencia o misterio de Dios”. Es decir, que ordinariamente, junto a la fe proclamada o celebrada, nos movemos entre el desconcierto de las reacciones puramente humanas, los esquemas humanos, los pensamientos humanos.

No es fácil subir a Jerusalén, para padecer allí mucho y consumar la obra redentora. El anuncio de la tragedia del Viernes Santo nunca es oportuno ni agradable. Cargar con la cruz no es eslogan de gran atractivo publicitario, aunque nos hace conocer y experimentar lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

Andrés Pardo

 

Palabra de Dios:

Jeremías 20, 7-9 Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9
san Pablo a los Romanos 21-12, 1-2 san Mateo 16, 21-27

 

de la Palabra a la Vida

El recorrido propio de la naturaleza es que la vida nace de la muerte. Cuando el hombre intenta sacar vida de la vida, de guardarse a sí mismo, de protegerse, no es vida lo que obtiene sino un camino misterioso de egoísmo que no tiene fin. Pero lo propio, y nuestra naturaleza bien lo sabe, es que sea la muerte la que dé origen a la vida. Cuando Pedro le niega al Señor esta dinámica, justo después de haber sido reconocido por el Señor como el que cuidará de su Iglesia, al Maestro no le queda más remedio que revolverse: Él no ha hecho así, Él no va a terminar su vida reservándosela, sino pasando por la muerte. Solamente así se puede engendrar una vida nueva, una vida duradera, eterna.

Por eso, el seguimiento de Cristo solamente puede hacerse con el peso de la cruz, peso que supone morir a uno mismo, supone no querer sino cargar con las cosas del Señor, y dejar que, oportunamente, Dios cargue con las del discípulo. Este es el camino de la vida, y así lo ha revelado de forma plena el Señor. Por eso, sus discípulos no pueden seguirle por otro camino. Ciertamente, la fuerza de atracción del Señor es tan grande que uno puede, en su camino de fe, decir con el profeta que nos sedujo a la vez que nos dejamos seducir, que nos forzó y nos pudo por el amor de Dios, que siendo invisible nos lleva a tomar decisiones visibles y concretas, decisiones en las que el seguimiento del Señor se manifiesta por el camino de la negación. Pero no, no se trata de negarnos a algunas cosas que bien podríamos hacer y aplazamos: el camino del Señor supone una negación de la propia voluntad. Esto es mucho más fuerte: Jesús llama a Pedro Satanás porque Pedro quiere hacer según sus cálculos, según su concepción razonable, según su instinto de protección: Que no te pase nada, porque no queremos que a nosotros tampoco nos pase nada. Y no es así: Jesús les enseña “hágase tu voluntad”, y ese es el camino misterioso. Esto de hacer aparecer el misterio de la cruz en pleno verano… la Iglesia no parece muy oportuna… el misterio de la cruz aparece en nuestros momentos más luminosos, de mayor éxito, de mayor reconocimiento: cuando Pedro más brilla por su reconocimiento del Mesías, el Señor le pide que
acepte la cruz. ¿Es que no podemos disfrutar del éxito, de la luz del que está arriba ni un momento? El Señor nos hará gozar de toda su luz, pero será tras haber recogido el misterio de la cruz. Así ha hecho con su Hijo único, así hace con nosotros. Encajan como un guante hoy, entonces, las palabras de la segunda lectura: “Os exhorto hermanos, por la misericordia de Dios a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y nos os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente”. La ofrenda se realiza por la negación de uno mismo, negación que a veces uno reconoce desde lejos que llama a la puerta, pero que a veces aparece súbitamente. En ese dolor, en ese camino en el que se elige la muerte, se sabe que el paso siguiente es la vida nueva. No hay duda. Y cuesta elegirlo, pero el “ansia de ti” que tiene nuestra alma nos lleva a elegir al Señor sobre todo, como hace todo discípulo que confía en su maestro. El misterio de la cruz no aparece en el momento del éxito y ya se va: presenta el verdadero camino de seguimiento de Cristo, que no es el éxito sino la negación de uno mismo. En fin, tantos ejemplos, tantas circunstancias, tantas ocasiones para ser ofrenda viva… que no parece soportable. Sólo el misterio del amor vence ese dolor y ayuda a aceptar la negación de uno mismo.

El lugar donde el corazón empieza a aprender esto es la liturgia de la Iglesia: allí lo que yo quiero, deseo, me gustaría, reciben un “no” por respuesta y, fiado de la Iglesia, acepto un “nosotros” que cambia la perspectiva de todo. Un “no” que lo cambia todo porque, en el fondo, es un sí al amor de Cristo y de su Iglesia.

Diego Figueroa

 




al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio I de la bienaventurada Virgen María

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la Natividad de santa María,
siempre virgen.
Porque ella concibió a tu único Hijo por obra del Espíritu Santo,
y, sin perder la gloria de su virginidad,
derramó sobre el mundo la luz eterna, Jesucristo, Señor nuestro.
Por Él, los ángeles alaban tu gloria,
te adoran las dominaciones y tiemblan las potestades,
los cielos, sus virtudes y los santos serafines te celebran unidos en común
alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente tu alabanza:
Santo, Santo, Santo…


Para la Semana

Lunes 4:
1Tesalonicenses 4,13-18. Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto.

Sal 95. El Señor llega a regir la tierra.

Lucas 4,16-30. Me ha enviado a evangelizar a los pobres ningún profeta es aceptado en su pueblo.

Martes 5:
1Tesalonicenses 5,1 6.9 11. Murió por nosotros para que vivamos con él.

Sal 26. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.

Lucas 4,3 1 37. Sé quién eres: el Santo de Dios.

Miércoles 6:
Colosenses 1,1 8. La verdad del Evangelio llegó hasta vosotros y se propagó por todo el mundo.

Sal 51. Confío en tu misericordia, Señor, por siempre.

Lucas 4,38 44. Es necesario que evangelice también a las otras ciudades, pues para esto he
sido enviado.
Jueves 7:
Colosenses 9,1 14. Nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor.

Sal 97. El Señor da a conocer su salvación.

Lucas 5,1 11. Dejándolo todo, lo siguieron.
Viernes 8:
Natividad de la Bienaventurada Virgen María. Fiesta.

Miqueas 5,1-4a. Dé a luz la que debe dar a luz.

O bien:
Romanos 8,28-30. A los que Dios había conocido de antemano los predestinó.

Sal 12. Desbordo de gozo con el Señor.

Mateo1,1-16.18-23. La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.
Sábado 9:
San Gregorio Magno (540 604), prefecto de Roma, diácono, nuncio apostólico, teólogo, papa.

Colosenses 1,21 23. Dios os ha reconciliado para haceros santos, sin mancha.

Lucas 6,1 5. ¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?


Domingo de la 21ª semana de Tiempo Ordinario. – 27/08/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

 

Comentario Pastoral

SONDEO DE OPINIÓN

Las encuestas y los sondeos hoy abundan que es una barbaridad. Pero no son cosa de ahora. Aunque ahora se hagan con más técnica y se utilicen medios más sofisticados para tabularlas e interpretarlas, ya Jesús de Nazaret hizo su propio sondeo. La pregunta clave fue: ¿Quién decís vosotros que soy yo?”. Pregunta sin ambajes, directa, comprometedora incluso. Pregunta que hoy reitera Jesús a todos sus seguidores, a todos los que nos llamamos cristianos. Pregunta que está exigiendo una respuesta, por nuestra parte, clara, decidida, rotunda. Como fue la respuesta de Pedro.

Entonces la sola palabra de Pedro le sirvió a Jesús. Pero para el mundo de hoy no valen las solas palabras. Necesita hechos de vida, ejemplos concretos, actitudes convincentes. A Cristo hoy también le vale nuestra confesión sincera al proclamarle Hijo de Dios vivo. Pero al hombre de hoy no le basta esta palabra. Necesita ver nuestro compromiso. Compromiso que puede ser defender al inmigrante que la ley no protege; abogar por el derecho a la vida en toda circunstancia; aceptar a nuestro lado al que no tiene una casa donde vivir; solidarizarse con los necesitados; promover una enseñanza digna y que lleve a una formación integral del hombre; combatir la droga asesina y ayudar a redimirse a los que han caído en ella; dar, en fin, al hombre motivos para vivir y razones para esperar.

En el amplio campo del mundo hoy hay tarea para todos. En la profesión, en el trabajo, en la familia, en la política, en la economía, en el tiempo de vacaciones y en el tiempo del trabajo arduo, el cristiano tiene que decir, con su estilo de vida, con su testimonio concreto, y también ¿por qué no? a veces con su palabra quién es Jesucristo. Hay que dar razón de nuestra esperanza a quien nos la pida. El hombre de hoy necesita esa razón y nos la exige. Nuestra responsabilidad es dársela. Eludirla es cobardía. Asumirla es nuestra grandeza.

Pedro al dar razón de su fe es constituido fundamento de la Iglesia y recibe, bajo el símbolo de las llaves, la nueva autoridad y responsabilidad que se le confía. La fe que confiesa Pedro le transformará también su propio papel en la vida, como lo indica el cambio de nombre.

Basados en el fundamento de la sucesión apostólica celebramos el esplendor de los carismas, la armonía de la unidad y la gozosa posibilidad del perdón.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Isaías 22, 19-23 Sal 137, 1-2a. 2bc-3. 6 y Sbc
san Pablo a los Romanos 11, 33-36 san Mateo 16, 13-20

 

de la Palabra a la Vida

¿A quién dejaríamos nosotros las llaves de nuestra casa? ¿A quién daríamos poder absoluto para decidir sobre unos u otros invitados? El Señor pone en manos del pescador el cuidado de su casa del cielo. Su respuesta creyente hace de él administrador, cuidador sorprendente del lugar más luminoso y feliz que se pueda imaginar. De nuevo nos encontramos, por tercera semana consecutiva, la importancia de una respuesta creyente, como la del mismo Pedro en el lago de Galilea o de la mujer cananea en Tiro y Sidón.

Sin embargo, lo que sostiene la respuesta del pescador, lo que fundamenta el acierto de sus palabras y, sobre todo, la promesa de Cristo, es su fidelidad. Cuando la Iglesia le dice en el salmo: “no abandones la obra de tus manos”, en realidad está reconociendo que no la va a abandonar, que va a perseverar en ella. El Tiempo Ordinario es siempre una invitación a fijarnos en el misterio de la constancia de Dios, que se manifiesta en nuestra vida a través de la debilidad, para que no nos cueste advertir que la vida no es obra nuestra, que el seguimiento de Jesucristo y la construcción de su Reino no son una decisión calculada por nuestra parte, sino una decisión amorosa y firme por la suya.

Por eso, Pedro no será como Sobná, mayordomo de palacio, que perderá las llaves del mismo por su infidelidad: en Pedro la Iglesia ve con asombro cómo la debilidad, el pecado del pescador se verán curados por la inmensa fidelidad del Hijo que persevera en su promesa inicial con una confianza mayor. La confesión de Pedro da pie a las palabras confiadas del Señor: “sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. En la medida en la que Pedro aprenda a vivir en el misterio de Cristo, en la presencia constante y oculta del Señor, se fortalecerá el vínculo entre la Iglesia y Cristo.

El magnífico hogar al que el Señor ha ido a prepararnos sitio y del que ha entregado las llaves a Pedro para que abra y cierre según su criterio tiene una puerta de entrada que no es la fidelidad de Pedro, sino la fidelidad de Cristo. Este escándalo sólo puede ser acogido con humildad, sólo como experiencia de fidelidad del Señor, pues la obra que sale de las manos de Dios se ha construido con una piedra angular que es Cristo, y Él la sostiene, como signo de su fidelidad que nosotros podemos contemplar y en el que podemos alojarnos. Entrar en la Iglesia, en la celebración de la Iglesia, es participar en el misterio de la fidelidad de Dios, requiere una actitud necesaria para que sea fructífero, para que de verdad nos sintamos acogidos en casa: no lo hemos hecho nosotros, no estamos por mérito nuestro en esa casa ni participando de esos misterios porque hagamos las cosas muy bien. Solamente asi Pedro puede tomar en sus manos las llaves que Cristo le entrega, no por sabiduría propia, “de la carne y de la sangre”, sino “del Padre que está en los cielos”. Y celebrar en la Iglesia significa que el Señor no abandona la obra de sus manos, la obra de la liturgia, obra de la Santísima Trinidad. ¿Cómo podría el corazón de Pedro creerse digno del cielo por esas llaves? ¿cómo nos dejaríamos engañar nosotros por nuestra vanidad y creernos dignos del cielo por participar en los misterios? No lo somos, pero estamos unidos al Señor, que sí que lo es, y que nos hace dignos. Vivir en la Iglesia y celebrar en la Iglesia nos han de hacer trabajar entonces lo que Pedro al recibir el encargo del Maestro: acoger lo que se nos da por mérito del Señor, por la santidad de Cristo.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio de san Juan Bautista

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
En san Juan, su precursor,
a quien consagraste como el mayor entre los nacidos de mujer,
proclamamos tu grandeza.
Porque su nacimiento fue motivo de gran alegría,
y ya antes de nacer saltó de gozo por la llegada de la salvación humana,
sólo él, entre todos los profetas, mostró al Cordero de la redención.
Él, bautizó al mismo autor del bautismo, para santificar el agua viva,
y mereció darle el supremo testimonio derramando su sangre.
Por eso, con las virtudes del cielo te aclamamos continuamente en la tierra
alabando tu gloria sin cesar:
Santo, Santo, Santo…

 


Para la Semana

Lunes 28:
San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia. Memoria.

1Tesalonicenses 1-5.8b-10. Os convertisteis a Dios, abandonando los ídolos, aguardando la vuelta de su Hijo, a quien ha resucitado.

Sal 149. El Señor ama a su pueblo.

Mateo 23,13-22. ¡Ay de vosotros guías ciegos!

Martes 29:
Martirio de san Juan Bautista. Memoria

1Tesalonicenses 2,1 8, Queríamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas.

Sal 138. Señor, tú me sondeas y me conoces.

Mateo 6,17-29. Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.
Miércoles 30:
San Bartolomé, apóstol, predicó el Evangelio en la India.

1Tes 2,9-13. Trabajando día y noche proclamamos entre vosotros el Evangelio.

Sal 138. Señor, tú me sondeas y me conoces.

Mt 23,27-32. Sois hijos de los que asesinaron a los profetas.
Jueves 31:
San Luis de Francia (1214 1270), penitente y caritativo, buen gobernante. San José de Calasanz, (1557 1648), se dedicó a instruir a los niños pobres, fundó los Escolapios.

1Tesalonicenses 3,7 13. Que el Señor os colme de amor mutuo y de amor a todos.

Sal 89. Sácianos de tu misericordia, Señor, y estaremos alegres.

Mateo 24,42 51. Estad preparados.
Viernes 1:
1Tesalonicenses 4,1 6. Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación.

Sal 96. Alegraos, justos, con el Señor.

Mateo 25,1-13. ¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!
Sábado 2:
1Tesalonicenses 4,9 11. Dios mismo os ha enseñado a amarnos los unos a los otros.

Sal 97. El Señor llega para regir los pueblos con rectitud.

Mateo 25,14 30. Como has sido fiel en lo poco, entra en el gozo de tu Señor.


Domingo de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. – 20/08/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

 

Comentario Pastoral

FE Y DIÁLOGO

Después de leer el evangelio de la mujer cananea y escuchar la alabanza de Jesús “Mujer ¡qué grande es tu fe!”, todos sentimos una interpelante llamada a examinar el nivel, compromiso y vivencia de nuestra fe cristiana. Porque la mujer cananca, pagana, al pedir la curación de su hija, se convierte en ejemplo y modelo de confianza en el Señor.

A todos conmueve la profundidad y constancia de la cananea, que manifiesta una creciente actitud y testimonio de fe en Jesús; primero le reconoce como Señor e Hijo de David, después le suplica compasión y pide socorro, para finalmente mendigar ser aceptada en “la casa del amo” corno un perrito que come las migajas que caen de la mesa.

Al conceder Jesús la curación de la hija de la mujer pagana, so afirma el gran principio revolucionario de que la salvación va no es resultado de la simple pertenencia a la raza de Abrahán, sino la capacidad ¿e creer en Jesús como el Señor. Viendo este comportamiento de Cristo y apoyados en él, los apóstoles se lanzan a la conquista del mundo pagano, dando la primacía de la salvación a la fe, como adhesión a Cristo, Palabra de salvación que Dios ha dicho en favor de todos los hombres.

Junto al tema de la fe, en este domingo sobresale el tema del diálogo con otras religiones. El mensaje cristiano es amor y respeto a todo hombre, no es elitista ni racista, está abierto a todos los valores de la humanidad, evitando los escollos del rigorismo integrista y del sincretismo indiferente.

El diálogo que provoca el mensaje cristiano supone paciencia y espera, reconociendo que los tiempos y los caminos de Dios a veces no son coincidentes con nosotros y nuestras impaciencias. Y es búsqueda amorosa y constante signo de humildad y de apertura interior, que permite reconocer a los otros como compañeros de viaje, si no es posible que sean compañeros de habitación.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Isaías 56, 1. 6-7 Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8
san Pablo a los Romanos 11, 13-15. 29-32 san Mateo 15, 21-28

 

de la Palabra a la Vida

Al igual que el domingo pasado, en el que Pedro se atrevía a intentar caminar sobre las olas, también un evangelio tan diferente como es el de hoy es una invitación aprender a vivir en el misterio de Dios. Todo sucede a la luz de un diálogo amargo, extraño, entre Jesús y una mujer cananea que aparece a importunarle mientras recorre Tiro y Sidón. En ese diálogo resuenan las palabras de la primera lectura, de la profecía: “A los extranjeros los traeré a mi monte santo…” ahora el monte es el Señor, que atrae a la mujer extranjera sin necesidad de estar en Jerusalén. La encarnación del Verbo conlleva que el Señor a todos los ha hecho algo suyo, y ahora no son sólo los sacrificios y las ofrendas de Israel las que se elevan hasta Dios, sino todas aquellas que son presentadas con verdadera fe en el Hijo de Dios, el Verbo encarnado.

En la mujer extranjera y su diálogo con Jesús se desvela el plan de Dios, plan misterioso; y es que el deseo de Jesús sucede misteriosamente: su deseo de que se realice esa llamada a los de todos los pueblos que está profetizada en la encarnación se va a realizar a través de sus aparentes negativas, de su actitud esquiva. La reacción de Jesús a la petición de la mujer parece contradictoria: ¿no quiere cumplir la profecía? ¿no ha venido a revelar la salvación a todos? ¿a qué espera para aprovechar la situación con esta mujer cananea? En realidad, solamente quien persevera junto a Jesús en actitud de confianza, de reconocimiento de que “realmente es el Hijo de Dios”, que decía Pedro el domingo pasado, puede descubrir la intención profunda de Dios, su misterio de salvación. Jesús no quiere negar la salvación a nadie, pero su ofrenda de salvación sigue caminos misteriosos, incluso de aparente negación de la voluntad de Dios. ¿Cómo hacer cuando a la primera la respuesta es negativa? La mujer permanece en el misterio, reconociendo la divinidad del Señor, madurando en el corazón la acogida del don de salvación. El diálogo con Él va a ratificar su voluntad de que todos los pueblos alaben al Señor. También Tiro y Sidón van a contemplar el poder de Dios, también los cananeos van a beneficiarse del poder de Dios. Si estos pueblos también reciben “de la mesa del Señor”, si las migajas son para todos, no sólo para un pueblo sino para todos, nos encontramos entonces ante las primicias de la salvación para todos. “Algunos” ya han comenzado a recibir salvación: es el principio de “todos”. Por eso, sentarse a la mesa del Señor, recibir de su salvación, es ser “signo” de su voluntad de salvación de todos.

Así pues, cuando el Señor nos da de su alimento, nos convierte en un signo, pues nuestra comunión con Él, nuestra participación en la eucaristía y en los sacramentos, les dice a los otros a lo que están llamados: si yo comulgo, entonces tú estás llamado a comulgar también. Pero ese deseo de Dios se hace misteriosamente, como misterio de negación aparente, como Jesús con la mujer del evangelio de hoy: en la perseverancia se desvela su amor misericordioso, no su amor caprichoso, no su amor voluble, sino un amor fiel, que sabe lo que nos conviene y cómo nos conviene pedirlo y lucharlo. La liturgia de la Iglesia nos hace signo, signo que anima a otros a acercarse al Señor, igual que aquellos discípulos animaron a la mujer cananea a intentar acercarse y obtener la curación de su hija.

¿Me veo signo para los demás? ¿Explico a los que me ven lo que significo, que no es por mérito mío, sino por voluntad de Dios expresada en los profetas? Cuando en mí se cumple la profecía, en otros aparece el signo que yo soy, que es la Iglesia. La perseverancia y la fe son la que abren la puerta a no desanimarnos, sino a vivir en el misterio, donde todo tiene su momento, pero todo nos conduce a salvación.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio de la Virgen María, reina del universo

En verdad es justo darte gracias, y deber nuestro glorificarte,
Padre santo, por Cristo, Señor nuestro.
Porque, con tu misericordia y tu justicia
dispersas a los soberbios y enalteces a los humildes.
A tu Hijo, que voluntariamente se rebajó hasta la muerte de cruz,
lo coronaste de gloria y lo sentaste a tu derecha, como Rey de reyes y Señor de
señores;
y a la Virgen, que quiso llamarse tu esclava
y soportó pacientemente la ignominia de la cruz de tu Hijo,
lo exaltaste sobre los coros de los ángeles, para que reine gloriosamente con él,
intercediendo por todos los hombres como abogada de la gracia y reina del
universo.
Por eso, con todos los ángeles y santos,
te alabamos proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo…

 

 

Para la Semana

Lunes 21:
San Pío X, papa. Memoria.

Jueces 2,11-19. El Señor suscitó jueces, pero tampoco les escucharon.

Sal 105. Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.

Mateo 19,16-22. Si quieres ser perfecto, vende tus bienes, así tendrás un tesoro en el cielo.
Martes 22:
Bienaventurada Virgen María, reina. Memoria.

Jueces 6,11 24a. Gedeón, salva a Israel, yo te envío.

Sal 84. Dios anuncia la paz a su pueblo.

Mateo 19, 23 30. Mas fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.
Miércoles 23:
Jueces 9,6 15. Pedisteis que os gobernara un rey, cuando vuestro rey era el Señor.

Sal 20. Señor, el rey se alegra por tu fuerza.

Mateo 20,1 16a. ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?
Jueves 24:
San Bartolomé, apóstol. Fiesta.

Ap 21,9b-14. Sobre los cimientos están los nombres de los doce apóstoles del Cordero.

Sal 144. Tus santos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado.

Jn 1,45-51. Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.
Viernes 25:

Rut 1, 1.3 6.14b I 6.22. Noemi, con Rut la moabita, volvió a Belén.

Sal 145. Alaba, alma mía, al Señor.

Mateo 22,34 40. Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.
Sábado 26:
Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, virgen. Memoria.

Rut 2,1 18 11; 4,13 17. El Señor no te ha dejado sin protección. Fue Padre de Jesé, el padre de David.

Sal 127. Esta es la bendición del hombre que
teme al Señor.

Mateo 23, 1 -12. Ellos dicen, pero no hacen.

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