Dice el refranero castellano que “es de bien nacidos el ser agradecidos” y esto es algo que empieza a escasear hoy en día. La dictadura de la autosuficiencia, que encubre el ambiente general de nuestras sociedades modernas, nos impide ser agradecidos. Unas veces es por la soberbia que es vista como fortaleza, como un valor, y no como algo que está mal, como un pecado que es lo que es. Otras veces es por la absurda competitividad fomentada entre las personas que exige no “deberle nada a nadie” y ve la humildad como una debilidad.

La situación de las dos mujeres que aparecen hoy en los pasajes del Libro de Samuel y de San Lucas es el ejemplo de todo lo contrario a lo que nos intentan imponer. Ana y María son dos mujeres tremendamente agradecidas, y grandes creyentes, que nos expresan con el gozo de su corazón y la expresividad de sus palabras y gestos lo agradecidas que están a Dios por las maravillas que han hecho en su vida y en la vida de todos nosotros. El cántico del “Magníficat”, donde María le da gracias, no solo por lo que le ha hecho a ella, sino por lo que nos ha hecho a todos nosotros, haciendo llegar su misericordia “a sus fieles de generación en generación”. Misericordia que llega también a  “Israel, su siervo”. Y nos recuerda su postura ante los soberbios, los ricos, los poderosos, los humildes, los hambrientos…

Ana ofrece el regalo de su hijo al Señor porque para ella Dios era Dios a quién había que rendir todo el corazón, a quién había que adorar, a quien había que amar. Había escuchado sus súplicas y había cumplido su promesa. En este adviento nos encontramos con el testimonio de estas dos mujeres que nos ayudan a crecer de corazón, de mente y de voluntad, para que Dios sea el único Señor de nuestras vidas. Y lo tenemos que vivir desde nuestra sincera acción de gracias cotidiana por todas las promesas que cumple con nosotros, por su misericordia con nosotros y por todo lo que nos da y nos va a dar.

¿Sabes dar las gracias?¿A qué esperas? Hazlo con tus acciones, con tu entrega fiel, con los demás, y estarás diciéndole al Señor: gracias.