“Consolad a mi pueblo, dice el Señor” estas palabras de la profecía de Isaías, se han convertido en el estribillo de uno de los cantos más populares del Adviento en mi región. En su estrofa la canción dice “Sabed que el Señor ha vencido” o más adelante “yo te escogido para amar, te doy mi fuerza y luz para brillar”… cómo me gustaría que las canciones se hicieran realidad, tuve un formador, que allá por los inicios de mi itinerario vocacional me decía, las cancioncitas bien, lo difícil es vivir.

He de reconocer que a mi me gusta la música, porque en ella encontramos una expresividad que a veces nos resulta imposible en el hablar, o incluso en el rezar, me encanta la música porque en ella avivamos el deseo, le decimos sin rubor al Señor, expresiones y profundos anhelos que de otra manera nos daría cierto pudor. Nuestro Padre San Agustín reconocía en el deseo de la oración un tipo de oración, y recomienda en la Regla, que sienta el corazón lo que dicen los labios. Así que siendo buenos seguidores de Agustín, cantar y rezar van de la mano.

Sin embargo,  y como decía mi formador, las canciones aunque muevan el deseo tienen que traspasar la barrera de la realidad. Y hoy que es Señor nos llama a consolar a la humanidad, no nos sirven las canciones para responder a esta llamada, necesitamos las manos, porque la única manera de consolar que yo conozco es la de compadecerse con las manos. Os pondré un ejemplo, visitad un asilo, y probad a besar, abrazar a los residentes, veréis como sus reacciones y sus conversaciones son distintas…

Compadecerse con las manos implica tomarse en serio al otro, implica hacerse partícipe, acompañar en su situación de pobreza, implica verdaderamente consolarle. Fijaos si Dios entendió bien esto que se hizo hombre, para que pudiéramos entenderle, para que pudiéramos abrazarle, para que pudiéramos quererle.

Pero para poder compadecer con las manos hay un paso previo, darse cuenta del sufrimiento de los demás, qué difícil se nos hace esto, cuantas veces nuestros sufrimientos y desvelos, nos impiden ver los llantos de los demás. Pues a esto nos están invitando las lecturas de este día, a salir al encuentro del dolor puesto que sólo una humanidad de cirineos hará posible que quienes sufren lleguen a descubrir que Alguien les ama.