Hoy celebramos a los santos Cirilo y Metodio, apóstoles de los pueblos eslavos, que además de una importante labor misionero han tenido una gran relevancia cultural en aquellos países pues, por ejemplo, influyeron en la formación del actual alfabeto cirílico de una manera decisiva, ya que hubieron de idear un sistema de escritura para traducir la Biblia y otros textos a las lenguas de los pueblos que evangelizaron.

En el evangelio de hoy Jesús envía a sus discípulos de dos en dos. Así fueron Cirilo y Metodio quienes, además de ser hermanos de sangre, compartieron el mismo afán por servir a Cristo mediante el anuncio del evangelio.

En las primeras palabras que el Señor dirige a sus discípulos encontramos un doble dinamismo. Jesús dice “rogad”, pues es Dios quien tiene la iniciativa salvadora sobre los hombres y siendo esta gratuita los hombres debemos pedirla. Al mismo tiempo señala: “¡Poneos en camino!”. No hay por tanto contradicción entre la oración y la acción. Por el contrario, van íntimamente unidas. Sólo por la oración alcanzamos a ver esa mies abundante de que habla Cristo y que es la multitud de personas que no conocen a Dios y que, sin embargo, están esperando que alguien se lo anuncie. Y en la oración sentimos el mandato del Señor. De hecho, primero Metodio y después Cirilo que siguió su ejemplo, abrazaron la vida monástica y se dedicaron a la oración. Más tarde fueron enviados a Moravia. El príncipe de aquel país había dicho: “Nuestro pueblo, desde que ha rechazado el paganismo, observa la ley cristiana; pero no tenemos un maestro que sea capaz de explicarnos la verdadera fe en nuestro idioma“. Cirilo y Metodio, que tradujeron la liturgia a la lengua eslava tuvieron en seguida un gran éxito, aunque después no les faltaron persecuciones e incomprensiones (Metodio llegó incluso a ser encarcelado). Sin embargo el trabajo de ambos hermanos fue ampliamente bendecido por Dios. Como escribió san Gregorio:   “el Señor sigue a sus predicadores. La predicación prepara y entonces el Señor viene a vivir en muchas almas”. El Papa Juan Pablo II los nombró patrones de Europa.

Por otra parte, aunque no debe despreciarse la formación de los misioneros (Cirilo y Metodio se prepararon a fondo), Jesús insiste, en las normas que da a los que envían en poner toda su confianza en Él. Así leemos, por ejemplo: “no llevéis bolsa, ni alforja…” y “os envío como corderos en medio de lobos”. Quien da la misión también dispone los medios para que podamos cumplirla. Y nunca debemos olvidar que todo parte de la bondad de su Corazón y es sostenido por su amor.

También vale la pena subrayar que Jesús los envía de dos en dos y que Jesús invita a no andar cambiando de casa en casa cuando son bien recibidos. Se señala así la dimensión comunitaria de la misión y que esta, cuando da fruto, suscita vida que se refleja en comunidades en las que se alaba a Dios.

Que el ejemplo de estos dos santos nos recuerde nuestro deber de dar testimonio y también de rezar para que sigan habiendo personas a dedicar su vida a la propagación de la fe.