Llegar nuevo a una parroquia necesita un tiempo de adaptación, aunque no creo que haya que llagar a los 100 días. Los feligreses miran al cura nuevo esperando saber cómo es, que le gusta, que le disgusta (en mi caso, evidentemente, el queso), si será como el anterior o llegará cambiando todo. Una norma de prudencia sacerdotal es dejar todo, excepto en caso de herejía, como está, al menos durante un año. Luego pasa el año y como ya te has acostumbrado no cambias casi nada. Los sacerdotes recibimos una herencia y normalmente tus antecesores no han hecho las cosas para impedir que se conozca a Jesucristo en ese lugar concreto (algunos sí, pero son los menos).

“Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.” Aguardar no significa permanecer indiferente a lo que pasa. Significa ir comprendiendo mejor a Jesucristo, mirando más a Jesucristo, amando mas a Jesucristo. Al igual que se mira al párroco nuevo a ver cómo es tenemos que mirar a Cristo para conocerle apenas venga y llame. De esta manera la espera se hace larga y corta. Corta porque te gusta saber mas del amado, que te cuenten, que te hablen, que te digan. Vas imaginando el momento del encuentro y el corazón se llena de esperanza, de ilusión. Y larga porque desearías que llegase ya ese momento, en verle doblar la esquina y te diga que entres a su casa para comer juntos y sentarte a su mesa. Así se entiende la paz del moribundo que sabe que entrega su alma a Dios para encontrarse con Él. Y la sabiduría del anciano que lleva la vida conociendo a Aquel al que espera. Pero también se entiende la santidad del joven que se apasiona con el Señor, del matrimonio que entiende su amor como imagen del amor de Cristo a su Iglesia, del sacerdote que cada día espera con ansia el momento de celebrar la Santa Misa y del monje o la monja que guarda silencio y aguarda paciente.

No temas aguardar al Señor, Él es nuestra paz y pondrá fin a tantos conflictos exteriores e interiores, si sabes aguardarle activamente. María aguardaba la salvación del Señor y sus ojos la contemplaron…, los tuyos y los míos también, simplemente aguarda.