“Y se escandalizaban a causa de él. Mas Jesús les dijo: Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio. Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe”. Todavía hay muchos que se escandalizan de Jesús (Algunos dirán que de Jesús no, sino de la Iglesia). Pero la Iglesia es el cuerpo de Cristo y están inseparablemente unidos. Como leen los niños en catequesis, ya dijo San Cipriano: “Quien no tiene a la Iglesia por Madre, no puede tener a Dios por Padre”. Pero conocemos su línea ideológica, su procedencia, sus manías, sus debilidades, conocemos su pueblo natal y a sus hermanos y su madre se llama fulanita.
Sin embargo otros que van a Misa cada domingo, bautizados desde pequeñitos y profundamente clericalizados (algunos han llegado a llamarse teólogos), se ponen a criticar el catecismo, seguramente ellos hubieran hecho uno mejor. En el fondo se escandalizan de la Iglesia, se escandalizan de Cristo y pocos milagros puede hacer el Espíritu Santo en sus almas.
Podemos mirar a María, siempre habrá un santuario cerca allí donde estemos. Ella es la imagen de la fidelidad, de la que nunca traiciona y jamás abandona.