Cuando llevas mucho a tu mejor amigo a tu casa a merendar, a celebrar cumpleaños, a las vacaciones, a mil planes, es lógico que tus padres acaben cogiendo un especial cariño también a tu amigo. Y si ha tenido un problema familiar de naturaleza familiar por ausencia o fallecimiento, pueden llegar a generarse vínculos mucho más allá de lo meramente protocolario. No son pocas las personas que acaban diciendo de los padres de un amigo: «han sido como mis padres». ¿No es maravilloso?

Exactamente eso nos dice hoy Jesús. Tratar al Hijo y quererle, nos trae otro regalo, si cabe, mayor aún: el afecto y cariño de su Padre, quien nos acaba amando como a hijo propio de tanto vernos con su Hijo: «el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios». ¡Qué modo más bonito de describir la filiación divina!