“Si comprendierais lo que significa quiero misericordia y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes”. Cómo le gusta al Señor ver tu misericordia. Como un padre se goza de ver que su hijo se parece a él, que tiene sus mismos modos de hacer, sus mismos rasgos. Y Dios “pone en juego una nueva idea de justicia: no la que se limita a castigar a los culpables, como hacen los hombres, sino una justicia distinta, divina, que busca el bien y lo crea a través del perdón que transforma al pecador, lo convierte y lo salva” (Benedicto XVI, Audiencia 18-V-2011). Dios perdona a Ezequías, como nos dice el profeta Isaías en las lecturas de hoy: “He escuchado tu plegaria y visto tus lágrimas”. Así el Señor escucha nuestra plegaria, la petición de perdón. Y así quiere que aprendamos a vivir nosotros. El Papa León XIV nos decía en su visita a España, que “solo quien se deja amar por Dios puede construir las obras del amor (Oración de la Hora media. Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia. 9 de junio de 2026). Y sólo el amor puede construir una civilización del perdón y la misericordia, superando juicios y divisiones. En muchas intervenciones el Papa nos ha animado a superar divisiones y desconfianzas, a no dejarnos llevar por los juicios, tantas veces prematuros y superficiales que sólo siembran rechazo mutuo.
San Pablo nos exhorta a “no devolver a nadie mal por mal; procurando el bien ante todos los hombres; en lo posible, y en cuanto de vosotros dependa, en paz con todos los hombres; no tomando la justicia por cuenta vuestra, queridos míos, dejad lugar a la Cólera, pues dice la Escritura: Mía es la venganza: yo daré el pago merecido, dice el Señor. Antes al contrario, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; haciéndolo así, amontonarás ascuas sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien” (Rm 12, 17-21). Procuremos adquirir las virtudes que vemos que faltan en los demás, y ya no veremos sus defectos, porque ya no los tendrás, y nos “ahorraremos” muchos juicios inútiles.
Estáis llamados a ser testigos creíbles del Evangelio de Cristo, que hace nuevas todas las cosas. Pero ¿por qué se reconocerá que sois verdaderos discípulos de Cristo? Porque ‘os amáis los unos a los otros’ – cf. Jn 13,35 – siguiendo el ejemplo de su amor: un amor gratuito, infinitamente paciente, que no se niega a nadie – cf. 1 Cor 13, 46 -. Será vuestra fidelidad al mandamiento nuevo la que certificará vuestra coherencia respecto al anuncio que proclamáis. Esta es la gran novedad que puede asombrar al mundo. (…) Entre vosotros estáis llamados a vivir la fraternidad no como utopía, sino como posibilidad real.” – Juan pablo II, Mensaje a los jóvenes con ocasión de la XII Jornada Mundial de la Juventud de 1997, 8 –
A María, manantial de misericordia, regazo de perdón, abrazo de la esperanza, puerta de la Gloria» (Oración de san Juan Pablo II a la Almudena, 15 junio) le pedimos aprender la misericordia que prevalece frente al juicio (cf. St 2, 13).