Es propio de la madurez acertar en las decisiones que afectan a lo importante y esencial de la vida. También la capacidad de discernir por qué motivos merece la pena perder los nervios o activar el «keep calm and let it flow». Un chiste buenísimo: «A los cincuenta, empiezo a no ver de cerca, pero a los idiotas los veo desde muy lejos».

A esa cumbre de la madurez no se llega fácilmente: para aprender a montar bicicleta sin ruedines, primero tienes que tenerlos. Y luego, al quitarlos, las caídas son inevitables. Incluso puedes darte de bruces contra alguna pared. La inexperiencia y la inmadurez conllevan lo mismo: tortazos. Y, por lo tanto, sufrimiento y frustración. Pero sólo así se adquiere la experiencia y la sabiduría que permiten llegar a la cima.

El refranero español dice: «Si el mozo supiese, y el viejo pudiese, no habría cosa que no se hiciese». Parecen dos mundos opuestos mocedad y vejez, pero la gracia de Dios puede hacer de un corazón mozo un pozo de sabiduría. Eso son los santos para nosotros: maestros en las decisiones acertadas para adquirir los verdaderos tesoros de la vida.

El mismo refrán, pero en negativo: «Lo que en la mocedad no se aprende, en la vejez mal se entiende». Es durísimo, pero lamentablemente descriptivo: hay personas que no maduran nunca. El nivel de caos y desorden que genera una vida así es indescriptible. No me refiero a personas con capacidades limitadas, que eso va por otro cauce, sino al síndrome de Peter Pan tan presente en cuarentones y cincuentones, y…

Salomón no pide riquezas, ni salud, sino sabiduría en su mocedad. ¿No es esto un gran tortazo a la necedad con que la gente se acerca al Señor pidiendo salud y dinero, como si fuesen los verdaderos tesoros de la vida? ¡Pero si nos espera la tumba! Perdonad el desahogo, pero es que ver cómo muchos cristianos siguen viviendo a lo pagano me llena de asombro… por la superficialidad que implica.

¡Qué pocos corazones descubren el tesoro escondido y la perla preciosa que nos llenas de vida eterna! Pero cuán luminoso es su testimonio de vida. La lectura de la vida de los santos, auténticos maestros de la madurez -al estilo Yoda-, se hace del todo necesaria. Hace incluso que en la adolescencia suponga un chute de energía y de gracia  que permite a mozos adquirir sabiduría de viejo para tomar decisiones de entregar su vida a Dios. Sigue habiendo vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada a edades muy tempranas —un servidor tomó la decisión con 16 años—. Para muchos, «les han comido el coco». Pero en realidad, se cumple el evangelio de hoy a rajatabla.