El Papa Francisco elevó en 2016 a fiesta la antigua memoria de Santa María Magdalena.
San Juan Pablo II dedicó una gran atención al papel especial de María de Magdala como la primera testigo que vio al Resucitado y la primera mensajera que anunció la resurrección del Señor a los apóstoles. Santa María Magdalena es ejemplo de una verdadera y auténtica portadora de la Buena Noticia, es decir, de una evangelizadora que transmite el mensaje de la Pascua. Así dice el bello prefacio:
El cual (Jesucristo) se apareció visiblemente en el huerto
a María Magdalena,
pues ella lo había amado en vida,
lo había visto morir en la cruz,
lo buscaba yacente en el sepulcro,
y fue la primera en adorarlo
resucitado de entre los muertos;
y él la honró ante los apóstoles
con el oficio del apostolado
para que la buena noticia de la vida nueva
llegase hasta los confines del mundo.
Parte de la tradición occidental identificaba a María de Magdala con la mujer que derramó el perfume en casa de Simón, el fariseo, y también con la hermana de Lázaro y Marta. La liturgia despeja las dudas que cabrían: el 29 de julio celebraremos a María, Marta y Lázaro.
María Magdalena formó parte del grupo de discípulos de Jesús, le acompañó a los pies de la cruz y, en el jardín donde se encontraba el sepulcro, fue la primera testigo de la divina misericordia. En el evangelio de hoy, san Juan relata que María Magdalena lloraba porque no había encontrado el cuerpo del Señor; y Jesús tuvo misericordia de ella, y se dio a conocer como su Maestro, transformando sus lágrimas en gozo pascual.
Es la primera testigo de la resurrección, cuyo encuentro tuvo lugar en el jardín o huerto donde estaba el sepulcro. San Gregorio Magno pone en paralelo a Eva y María Magdalena: ambas se encuentran en el jardín del paraíso la primera, y en el jardín de la resurrección la segunda. La primera, difundió muerte donde había vida; la segunda, anunció la Vida desde un sepulcro, lugar de muerte.
El nuevo prefacio se titula “De apostolorum apostola”, es decir, “apóstol de los apóstoles”. Esta expresión se consolida sobre todo a través de Rábano Mauro y Santo Tomás de Aquino. Se indica con ello que María Magdalena es testigo de Cristo Resucitado y anuncia el mensaje de la resurrección del Señor como el resto de los Apóstoles. Por eso, el Papa Francisco quiso dar a la celebración litúrgica de esta mujer el mismo grado de fiesta que se da a la celebración de los apóstoles: quiere destacar la especial misión de esta mujer, ejemplo y modelo de toda mujer en la Iglesia.
PD: en el relato del evangelio, María Magdalena fue la primera en contemplar al Resucitado. Pero el evangelio no cuenta siempre todo de todo. De hecho, omite que, en realidad, la Magdalena fue la segunda: la primera —primerísima— en ver a Jesús resucitado ¡no podría ser otra que su Madre!