Según una antiquísima tradición, los restos del Apóstol Santiago descansan donde acababa la tierra, el «finis terrae», que así se llama el cabo que se consideraba antaño más occidental de Europa. La iglesia que se construyó allá por el siglo IX evolucionó con los siglos hasta convertirse en la catedral histórica más relevante de España, donde descansan los restos de su patrón y cuyo camino peregrino se expandió por todo el continente, de tal forma que es considerado un elemento unificador que da origen a Europa.

La fe del Apóstol traspasa las fronteras de España, no solo hacia el oeste, sino también hacia el este: la tarea evangelizadora del nuevo mundo a partir del siglo XV fue el principal empeño de la Corona. El papa León XIV lo explicó de forma concisa pero muy bella en el discurso en el Congreso de los Diputados, un texto que está pensado precisamente para Europa y América.

La fe ilumina no sólo los corazones de los fieles, ofreciendo una salvación eterna, sino que también construye una sociedad por los fundamentos que ofrece el evangelio sobre la dignidad de la persona, cuya máxima expresión en nuestra nación es la escuela de Salamanca, fundamento histórico de lo que hoy denominamos la Declaración Universal de los Derechos humanos.

Santiago es el protomártir de los Apóstoles: fue decapitado por Herodes en el año 44, apenas 11 años después de la muerte y resurrección de Jesús. La tradición cuenta cómo el Apóstol trajo el evangelio a Hispania y, desalentado por sus muchos fracasos, la Virgen María vino a consolarle y darle fuerzas, y en carne mortal, se apareció sobre un pilar en Caesar Augusta (Zaragoza). De este modo, España no sólo cuenta con el patrocinio de Santiago, sino con la visita de la Madre del Señor. La Virgen del Pilar no es la patrona de España, que es la Inmaculada Concepción, sino que es la patrona de la Hispanidad, porque también se la celebra en los pueblos americanos de habla hispana que recibieron hace siglos el anuncio del evangelio.

De este modo, nuestra patria se vertebra históricamente sobre tres cimientos que dan razón de su identidad y queda plasmada a lo largo y ancho del territorio en forma de construcciones arquitectónicas, escultóricas y pictóricas: el amor a Jesús, especialmente en el Santísimo sacramento; en segundo lugar, el amor a la Virgen, que está más presente en catedrales, iglesias y ermitas más que el Señor; y el amor y fidelidad al papa, exponente máximo de la tradición apostólica.

Que el Apóstol Santiago fortalezca nuestra fe, afiance nuestra esperanza y acreciente nuestra caridad. Son las tres cosas que nos dio Jesús, y tenemos no sólo que conservarlas, sino que aumentarlas.

Aquí os dejo el link de la historia de la construcción de la catedral. Hay alguna errata en la explicación, pero visualmente es pedagógico: https://www.youtube.com/watch?v=NLb92rl9AsM